¿Quedamos?

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Lo he dicho (y escrito) en más de una ocasión. Una de las mejores cosas de autopublicar son los lazos que consigues crear con otros autores y con tus lectores. Es difícil de explicar lo intenso y satisfactorio que es para mí tener la oportunidad de charlar y de conocer de manera cercana a aquellos que se esconden tras los comentarios y las compras de mis libros. Fruto de esto, he tenido el gusto de conoceros a muchos de vosotros cara a cara. Con otros, he trabado una sincera amistad en la distancia. Y, con la inmensa mayoría, disfruto de una interacción recíproca en nuestras Redes Sociales que hacen que me sienta cómo en casa, rodeada de amigos, cada vez que me conecto al Facebook o al Twitter.

¿Sabéis? Me encantaría poder conoceros a todos juntos. Hacer una gran quedada de autores y lectores para charlar, durante horas incansables, de libros, de inquietudes, de la vida. Sería fantástico poder poneros cara, voz y verdad. Es algo que, espero, poder culminar algún día.  Sin embargo, la maravilla de Internet nos regala la posibilidad de sentirnos más cerca a pesar de los kilómetros que nos separan.

¿Y si quedamos?

Me encantará estar más cerca de vosotros. Por eso, voy a comenzar una nueva aventura: los vídeos en directo.

¿Y si tenéis la oportunidad de conocerme/nos a través del inmenso abanico de posibilidades que nos regalan los medio audiovisuales? ¿Y si nos sentamos a hablar un ratito sobre literatura e inspiración? ¿Y si yo puedo hablaros, de cerca, de mi trabajo, y de mis letras? ¿Y si puedo conocer vuestra opinión de primera mano?

Me encantará estar más cerca de vosotros. Por eso, voy a comenzar una nueva aventura: los los vídeos en directo. Creo que son una muy buena ocasión de ganar calidad en esta relación social, de que podáis saber todavía más de mí (y yo de vosotros).

Por eso, os invito a seguirme en mi Página de Facebook y añadirla a favoritos para no perderos el Directo que tendrá lugar muy pronto. Además, me gustaría que me ayudaséis comentando este mismo post diciéndome en qué día y hora os vendría mejor quedar.

¿Tal vez un tranquilo domingo? #FelicesLetras

El coraje

301h

Hubo un tiempo en el que creía que en la amargura, en la tristeza, se encontraban las auténticas personas valientes. Hubo un tiempo en el que pensaba que en las miradas abrumadas por las lágrimas podíamos encontrar el verdadero espíritu de superación.

He ahondado bastante en la infelicidad, porque tiene algo de poético. La literatura está atiborrada de ella, porque explota los sentimientos humanos. Además, a nadie, ni siquiera al hombre o mujer más feliz del mundo le resulta desconocida. Hablamos de sufrir y todos levantamos la mano. En cambio, atisbar la alegría, la paz, la sonrisa sincera y el afán de sonreír a diario es más complejo. A lo mejor es que, tal vez, entre tanta negrura, la alegría nos incomoda. Parece haberse convertido en algo insólito, aislado, inaudito, puntual.

Hace un par de días estuve charlando con una compañera de letras sobre el tono que utilizo al escribir. Sin pudor, me confesó que mi literatura era muy desasosegante. Que estaba impregnada de dolor. Yo no pude rebatir su argumento, tan solo aclarar que necesitaba sacar muchas cosas de dentro cuándo escribía. Tampoco creo que yo haya sufrido más que nadie, simplemente que es mi forma de superarlo y de llorar. Hay algo dulce en dejar ir los fantasmas en las letras, algo que hace que después te sientas más ligera.

Pero hablábamos del coraje.

A lo mejor es que, tal vez, entre tanta negrura, la alegría nos incomoda. Parece haberse convertido en algo insólito, aislado, inaudito, puntual.

Creo que he estado equivocada, entonces. En realidad, es en la felicidad y en el optimismo dónde se crea la auténtica valentía. No se trata de falsedad, no se trata de la coraza. Se trata de agarrarse bien fuerte a la esperanza, aun a riesgo de hacernos daño en las manos. Apretamos los dientes. Y también lloramos. Abrimos los brazos porque no le tenemos miedo al dolor, porque sabemos que después nos levantaremos. Somos valientes si vivimos para encontrar la dichosa dicha, ni siquiera es necesario llegar a alcanzarla. Tal vez nunca lo hagamos. Pero no, por favor, no perdamos la fe en

He conocido tantas historias de superación en todo este tiempo que ni una vida entera me llegaría para relatarlas. Y, ¿sabéis? He encontrado en aquellos que más han sufrido la energía de querer saborear la paz y la sonrisa permanente. Despiertan mi más profunda admiración los que son capaces de deleitarse tras haber sufrido las injusticias que este camino nos regala. Ese sí que es el auténtico coraje, el real, el devastador. Aquel que nos demuestra lo intensamente desgarrador que puede ser el ser humano.