Una escritora intensa en Youtube

Os prometía una sorpresita por mis Redes Sociales y aquí esta.

El blog de esta semana viene en un formato diferente, digamos, más audiovisual. A partir de ahora, no solo podréis leerme sino, también, verme… ¡En Youtube!

Así que sin más dilación, os invito a suscribiros a ese medio y a que sigamos juntas hablando de #MujeresEnLaLiteratura.

¡Muchas gracias por verme y leerme!

 

 

 

Escribir para mí

Hace unos días estaba tomándome algo con un buen amigo. Como casi siempre que quedo con alguien que me conoce bien, lo primero que ha hecho ha sido preguntarme por la escritura. El tema de conversación empezó a evolucionar por otros derroteros hasta terminar en una frase muy esclarecedora: «Es bueno leer aquello que tú disfrutas escribiendo. O, tal vez, debería decir lo que sufres escribiendo».

Es un secreto a voces el sufrimiento de cualquier artista, sobre todo el que se implica emocionalmente en esta tarea. Hace ya mucho tiempo que me di cuenta de que el gusto por escribir y la pasión por hacerlo está ligada de forma íntima a lo que nos cuesta y nos desgasta. Como cualquier otro compromiso, obligación o trabajo es, al fin y al cabo, una carga. Una carga que nos reporta maravillosos beneficios pero siempre tendremos la sensación de que estos llegan tarde y rara vez compensan el alma que nos dejamos en ella.

Es mi alma la que lo necesita antes que nada, me lo pide a gritos, es muy insistente y caprichosa.

No, realmente, no podríamos escribir solo para ellos. Para vosotros.

Por favor, no me entendáis mal. Una novela no sería absolutamente sin aquellos que la tomáis entre vuestras manos y la leéis con cariño y honestidad. No tendría sentido ninguna de mis páginas escritas si nadie dedicara su tiempo a leerlas. Lo sabéis, lo he dicho muchas veces, mis historias os pertenecen y tienen su razón de ser en los que las revivís en vuestras casas cuando yo ya me he despedido de ellas. Este es el ciclo y el acuerdo al que hemos llegado y lo valoro como el tesoro más preciado. Pero os puedo asegurar que, egoístamente, cuando me siento a escribir lo hago para mí.

De lo contrario, no podría hacerlo. Es mi alma la que lo necesita antes que nada, me lo pide a gritos, es muy insistente y caprichosa. En la literatura reside (y ha residido siempre) mi motivo de vida desde que soy una niña, aunque no siempre he sabido verlo. La necesito. Si no estuviera ahí no tendría sentido nada para mí. Y no es una frase poética ni un alarde, es una realidad. Las veces que he intentado apartarme durante un tiempo de la literatura el resultado ha sido desastroso.

He discutido mucho este tema con otros compañeros de profesión y me he dado cuenta de que hay tantos tipos de escritores como novelas. No es algo que me extrañe, aunque a veces es complicado que nos lleguemos a entender unos con otros. Envidio a aquellos que son capaces de darle a la tecla y que admiten divertirse y evadirse con facilidad, un ejercicio que les permite relajarse (yo escribí así durante muchos años). También a los que no soportan dentro de sí la presión interna por escribir, los que no se torturan por tener que hacerlo, los que lo hacen sin más porque fluye. Y a los que dicen que nunca han sufrido el bloqueo del escritor… ¡Dichosos sean!

Las veces que he intentado apartarme durante un tiempo de la literatura el resultado ha sido desastroso.

Hay una espinita que ronda por ahí a veces. No sé explicarlo del todo bien, pero es una sensación que soy capaz de notar que me produce un placer y una paz. Es la escena de verme a mí misma escribiendo una parte de la que he disfrutado especialmente y, como una adicta, me siento frente al texto en blanco para volver a sentirla. Eso me lleva a frustrarme en ocasiones, porque cuando quiero escribir siento miedo y me angustio. Y no puedo. A veces tardo demasiado en recuperar dicha sensación (¿cómo podemos llamarla? ¿felicidad?). Casi podría recordar esas partes escritas en mis novelas en las que he sentido esa sensación.

Cuando Ruth conoce a Olga en aquella cena familiar.

Cuando Olga se baña en el río y se ríe a carcajadas.

Cuando Dorotea llega a Fontiña por primera vez.

Cuando Olivia y Laura viajan a Argentina.

Cuando esa flor violeta… ¡Ups!

Hay muchas más.

A veces le digo a mi mujer que sufro mucho escribiendo y que antes eso no me ocurría. Entonces ella me dice que siempre he sentido lo mismo pero, una vez transcurrid el tiempo, me agarro a lo positivo que sentía y me olvido de lo que me ha costado. Y yo le agradezco esa honestidad, porque es increíble la facultad de mi mente de intentar colmar mi pasado de optimismo (gracias, mente) y de hacerme creer que ahora todo es más difícil. No, Miriam, esto siempre ha sido igual de duro.

Pero cómo disfruta, en realidad, esta gallega cuando escribe. De verdad. Y ahora pensaréis que soy una contradicción. Pero escribir me permite entenderme y encontrarme a mí misma. Perdonarme. Me permite dejar de estar sola y comprender las razones de ciertas vivencias y las mentiras de otras tantas. Me ayuda a aprender a despedirme, a mitigar la angustia. Escribir me mantuvo a flote siempre, fue mi motivo para respirar. Mi mundo no se puede terminar porque todavía tengo que escribir esta novela.

Cada vez que escribo entradas así me acuerdo de La mujer loca de Millás.

—¿Tú escribes porque sí o porque no?
—La verdad, no me lo había planteado.
—¿Pero eres escritor o tienes escritura?

Así que espero que no os enfadéis conmigo por mi egoísta dedicación a la escritura, por reconocer que, en primera instancia, lo hago todo por mí. Sé que lo entenderéis. Porque sabéis que los que estáis ahí, al otro lado, sois los que me ayudáis a afrontar los bloqueos, a mitigar el cansancio, los que me dais alas, los que le dais poder a mis letras. Si yo me rindo cien veces, vosotros me animáis un millón más.

Pero cómo disfruta, en realidad, esta gallega cuando escribe.

¡Nuevo logo y nuevo diseño web!

Lo sé, lo sé. Este blog se actualiza los miércoles y también sé que desde que tengo la costumbre de contaros mis novedades también por aquí, además de en mis Redes Sociales (donde os invito a seguirme, en FacebookTwitter e Instagram) estoy abriendo mi casa más de la cuenta… ¡Pero os prometo que no es a propósito! (aunque sé que os gusta tanto como a mí vernos más a menudo).

El motivo de esta actualización es que, como podéis percibir, he modificado el diseño de mi página web para hacerla más visual y resumir un poco mi contenido añadiéndole una portadaPelearme con wordpress ha merecido la pena, ya que hace mucho tiempo que tenía ganas de darle un lavado de cara a mi casa, para que estuviera más vistosa para vosotros. Además, hay que empezar a prepararse para lo que se avecina, ¿no?

Pero no solo eso (por favor, no os vayáis todavía). Y es que de manera tan altruista y desinteresada como siempre, Gemma Martínez ha diseñado un logo. ¡Sí, tengo un logo por fin! (otro pasito más hacia mi marca personal).

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La imagen que ha diseñado para representar este espacio es, en realidad, un escaparate poético de las historias que han formado parte de mi literatura durante estos años: una hoja (Marafariña), un reloj (Todas las horas mueren) y una flor violeta… Espera, espera, ¿una flor violeta? ¿Y eso?

Tal vez se avecinan esos cambios de os que tanto os he hablado. Tal vez están cerca, muy cerca.

¿Qué os parece? ¿Os gusta este nuevo enfoque? ¿Hay ganas de saber qué se esconde tras esa flor violeta?

¡Ah! Y no quiero irme sin antes deciros que, además, mis queridos Gemma y David ha iniciado una locura fantástica. Se trata de un juego de cartas llamado Indie Wars que os explican estupendamente en este post en su sitio web. Y no puedo dejar de mostraros mi avatar (que es, por cierto, ideal para este Halloween):

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Miriam Potter y Letra convertida en lechuza

¡Gracias por leerme de nuevo! ¡Que tengáis un fantástico inicio de semana!

 

 

 

¿Por qué no me presento al Concurso Indie 2017?

En ocasiones, he tenido la impresión de haber comenzando la casa por el tejado, de haberme lanzado a la piscina sin saber nadar.

Hace exactamente un año preparaba el lanzamiento de Todas las horas mueren. Había dejado la novela guardada en el cajón durante meses para presentarla al Concurso Indie de Amazon. Al final, el galardón se lo llevó Ningún escocés verdadero (en mi opinión, un trofeo muy merecido, como os conté en su momento en A Librería) y mi obra tuvo que conformarse con los resultados obtenidos que, también publiqué hace algún tiempo en esta web. Creo que el Concurso Indie de Amazon es un buen escaparate para que los autores noveles se hagan ver en medio de la gran cantidad de obras que se suben a diario a esa plataforma mundial. Además, diré, que también es una ocasión idónea para que algunos escritores estrechen lazos y se relacionen entre sí. En mí caso, lo viví con mucho compañerismo (yo tuve la suerte de encontrarme con Lorena Franco, Marta Sebastián o mi querida almeriense Fani Álvarez). , buen ambiente y nada de competencia desleal. No tengo ninguna queja al respecto.

Muchos sois los que me habéis estado preguntando en las últimas semanas si, acaso, la publicación de mi próxima novela será para el Concurso de Amazon de este año. Para confirmaros a todos os diré que no, no tengo intenciones de participar en el Torneo literario este año y, en añadidura, tampoco cuento con ningún proyecto concretado de publicar una nueva obra a lo largo de este 2017.

Vamos a hablar con calma, ¿de acuerdo?

Algunos me leéis desde que empecé, desde que firmé mi primera novela con M.B.Vigo, cuando no conocía muy bien el funcionamiento de las RRSS y, en general, del mundo literario y de la autopublicación. En ocasiones, he tenido la impresión de haber comenzando la casa por el tejado, de haberme lanzado a la piscina sin saber nadar. No me refiero exactamente al contenido de Marafariña ni Todas las horas mueren (en realidad, sigo amando y respetando esas dos obras), pero sí a mi forma de hacérosla llegar y a mi forma de presentarme.

He cometido muchos errores que, durante un tiempo, me han carcomido. He pagado algunas consecuencias que son, en definitiva, solo culpa mía. Y he hecho cambios en el camino. El primero de ellos fue respirar hondo, serenarme y tomarme las letras con mucha calma, porque tenía la impresión de ser víctima de una maratón que yo misma había organizado. En él, había tanto ruido que terminé exhausta sin conseguir apenas resultados.

Creo que el Concurso Indie de Amazon es un buen escaparate para que los autores noveles se hagan ver en medio de la gran cantidad de obras que se suben a diario a esa plataforma mundial.

Así pues, habréis notado que en los últimos meses ha habido cambios sustanciales en mi manera de comunicarme y de transmitir mi trabajo. Me he visto obligada a romper algunos lazos que me resultaba perjudiciales, pero he tenido la oportunidad de afianzar muchos otros. Esta fue una de las principales razones por las que cerré aquel blog, Las mentiras que escribí, por el que muchos llegasteis a conocerme: sí, muchos contactabais conmigo como la escritora de reseñas, las que os podía ayudar con vuestros libros, las que os podía dar algo de publicidad (aunque fuera pequeña). Tuve la incómoda impresión de que había muchos amigos ahí a los que solo le interesaba lo que yo pudiera ofrecer.

Sin querer seguir mi entrada por este camino, os diré que esta gran metamorfosis ha sido motivada por el trabajo en mi nueva marca personal. Me he decidido a tomar un camino más lento pero seguro, más pausado pero firme. Más como soy yo. Un camino que me permita seguir escribiendo, seguir cerca de vosotros, pero poder valorar mi trabajo por mí misma, sin necesidad de halagar a otros para conseguirlo.

¿Es probable, de todos modos, que autopublique la secuela de Marafariña? Es probable. No quiero fallaros en eso. Estoy trabajando todo lo posible porque en 2018 vea la luz el final de la historia de Ruth y Olga. Y, esta promesa para conmigo, para con vosotros, es la principal respuesta a la pregunta que da título a este post.

¿Quedamos?

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Lo he dicho (y escrito) en más de una ocasión. Una de las mejores cosas de autopublicar son los lazos que consigues crear con otros autores y con tus lectores. Es difícil de explicar lo intenso y satisfactorio que es para mí tener la oportunidad de charlar y de conocer de manera cercana a aquellos que se esconden tras los comentarios y las compras de mis libros. Fruto de esto, he tenido el gusto de conoceros a muchos de vosotros cara a cara. Con otros, he trabado una sincera amistad en la distancia. Y, con la inmensa mayoría, disfruto de una interacción recíproca en nuestras Redes Sociales que hacen que me sienta cómo en casa, rodeada de amigos, cada vez que me conecto al Facebook o al Twitter.

¿Sabéis? Me encantaría poder conoceros a todos juntos. Hacer una gran quedada de autores y lectores para charlar, durante horas incansables, de libros, de inquietudes, de la vida. Sería fantástico poder poneros cara, voz y verdad. Es algo que, espero, poder culminar algún día.  Sin embargo, la maravilla de Internet nos regala la posibilidad de sentirnos más cerca a pesar de los kilómetros que nos separan.

¿Y si quedamos?

Me encantará estar más cerca de vosotros. Por eso, voy a comenzar una nueva aventura: los vídeos en directo.

¿Y si tenéis la oportunidad de conocerme/nos a través del inmenso abanico de posibilidades que nos regalan los medio audiovisuales? ¿Y si nos sentamos a hablar un ratito sobre literatura e inspiración? ¿Y si yo puedo hablaros, de cerca, de mi trabajo, y de mis letras? ¿Y si puedo conocer vuestra opinión de primera mano?

Me encantará estar más cerca de vosotros. Por eso, voy a comenzar una nueva aventura: los los vídeos en directo. Creo que son una muy buena ocasión de ganar calidad en esta relación social, de que podáis saber todavía más de mí (y yo de vosotros).

Por eso, os invito a seguirme en mi Página de Facebook y añadirla a favoritos para no perderos el Directo que tendrá lugar muy pronto. Además, me gustaría que me ayudaséis comentando este mismo post diciéndome en qué día y hora os vendría mejor quedar.

¿Tal vez un tranquilo domingo? #FelicesLetras

Acerca de escribir, cambiar, crecer…

Ante de comenzar, cito textualmente de unas palabras que la escritora María Oruña ha publicado en sus Redes esta semana:

¿Qué construye a un buen escritor?
¿El talento? ¿La técnica? ¿La ineludible suma de ambas?
Yo creo en el talento como herramienta fundamental. Y en la técnica como pulidor imprescindible para, a la larga, no quedarse en el camino.
Pero también creo que el buen escritor es, fundamentalmente, quien tiene algo que contar. Y no considero que tenga que haber ido a uno, ninguno, ni a docenas de talleres de escritura creativa. Puede serle útil, desde luego, pero el mejor maestro, en mi opinión, es leer. Y leer de todo, de la forma más heterogénea posible.

Y, como ella misma cita del novelista y poeta Jonh Gardner:

…Pero sólo sobrevivirá el escritor realmente grande, el que entienda plenamente cuál es su oficio, el que esté dispuesto a dedicarle el tiempo necesario y a asumir los riesgos también necesarios, dando por hecho, claro está, que el escritor sea profundamente honesto y, al menos, en su escritura, cuerdo.
En un escritor, la cordura no pasa de ser esto: por idiota que pueda ser en su vida privada, jamás hará trampas cuando escriba.

¿Pueden tratarse de reflexiones más acertadas y más sinceras que estas?

Me parecen brillantes, en su conjunto. Definen la literatura y el escribir con honestidad, con verdad, lejos de los tópicos, lejos de los tediosos discursos de marketing que no tienen alma ni intención artística. Hay esperanza, todavía, cuando figuras de la literatura contemporánea como esta autora gallega nos regalan reflexiones tan verdaderas y valientes como tal.

Llevo más de un año en el mercado literario nacional e internacional, publicando esencialmente en formato digital, aunque he tenido el gusto de realizar varias ediciones de mis novelas en papel. El caso es que, bajo un nombre desconocido y una etiqueta de género intimista que a muchos les resulta soporífera resulta complicado mantenerse fiel a una misma e intentar llegar a lo más alto de los rankings de ventas.

Entonces llegó un punto que asumí mi verdad. Y a partir de entonces estoy más tranquila, y saboreo el llamado éxito a diario, sin necesidad de ser la que más vende, sin necesidad de que mis regalías me permitan dejar mi otro trabajo, sin necesidad de ser aplaudida por una gran masa de lectores. Y esta verdad es la que nace de cada latido, el motivo primero por el cuál la Miriam niña comenzó a escribir en una libreta porque le gustaba imaginar, sin pretensiones, sin ser ambiciosa, sin querer ni tan siquiera ser recordada. Esa Miriam inocente que escribía, solo escribía, para ella.

Y yo he decidido proteger mis novelas y protegerme a mí.

¿Hay sacrificio? Sí.

Porque nada te garantiza que seas buena en tus letras. Hay personas que te dirán que sí, otras que te fusilarán. Y la mayor parte que ni siquiera te dedicarán un minuto de su tiempo.

Con esto quiero decir que he crecido mucho en los últimos meses, sobre todo a raíz del Concurso Indie 2016 donde he estado rodeada durante un tiempo por otros autores con las mismas inquietudes que yo y con otros guiados por diferentes intereses diferentes. Y, la verdad, resulta complicado encajar en ocasiones.

Porque, sí, el escribir es algo a lo que te tienes que enfrentar solo en realidad.

Y yo he decidido proteger mis novelas y protegerme a mí.

Esto es arriesgado, porque hay personas en este cambio de actitud que han creído que yo me olvidaba de los míos, de todos esos autores que he leído y reseñado (y no son pocos), a los que guardo en mí y a los que he dedicado parte de mi tiempo. Sin embargo, ese tiempo es en esencia mío, cada uno decide a quién y a qué dedicárselo. Es cierto que he sufrido una metamorfosis importante, que he dejado mi Blog personal para centrarme en la crítica literaria en A Librería, que ya no puedo leer a tantos compañeros como antes, que mis metas son otras y que mi actitud también.

Pero escribir es un ejercicio duro. Después de terminar Marafariña Todas las horas mueren estoy exhausta y necesito calma. Ahora estoy escribiendo en el regocijo del silencio y eso exige mucho de mí.

Estoy en el momento de escuchar a los que quieran hablarme, de asumir las críticas y de abrazar los elogios.

Estoy creciendo y aprendiendo, estoy buscando mi lugar, mi propio lugar. Estoy defendiendo mi tierra imaginaria conquistada, mi Marafariña y mi Fontiña. 

Portadas de novelas independientes

Seamos un poco superficiales hoy, juzguemos el libro por la portada y no por el argumento ni el autor. Frivolicemos la literatura…¡Pero solo con ánimo de divertirnos! Es cierto que el dejarnos guiar por el sentido más visual de nuestra intuición, en ocasiones, nos hace disfrutar de agradables sorpresas.

Voy a dejaros una pequeña lista personal de portadas de novelas indies que creo merecen la pena por diferentes razones.

PORTADAS LLAMATIVAS

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El juego de colores, lo abstracto y lo onírico son una mezcla sensacional y muy llamativa para la última novela de Jesús Carnerero. La cual le tenemos que agradecer a Coral Pámpano.

 

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Fue la portada tan poderosa de la primera novela de Ana Medrano lo que me llevó a conocerla. Fabulosa, desde luego.

El mérito pertenece a Alexia Jorques.

PORTADAS ORIGINALES

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Muy original, eso es innegable. Disfrutad de la portada de esta distopía firmada por Javier Miró y publicada con la editorial sevillana Triskel. Es única.

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Otra de ciencia ficción distópica. Este conjunto de ojos que pertenecen a miradas reales del círculo social de la autora es obra misma de la escritora. Curiosa, ¿eh?

PORTADAS ENGAÑOSAS

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Un monaguillo frente a la sombra de un cura. Y de título un veneno mortal.

Es tramposa (en el buen sentido) la portada de una de las mejores novelas independientes que he tenido el gusto de leer.

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Es tan acertada y buena la portada de esta novela de Rafa Moya como tramposa. Colores, luz y hormigas para representar una historia urbana, de sombras y ahogante psicología.

PORTADAS EVOCADORAS

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Evocadora porque recuerda a la portada de un clásico. Es pura poesía y belleza la imagen que María Laso ha elegido para la portada de su novela.

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Permitidme, en un alarde de vanidad, señalar la portada de mi Marafariña.

Esta imagen de Elena del Palacio condensa en su ser la esencia de la novela a la perfección.

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Evoca, sí, como sus letras. Las portadas de Carol Munt despiertan en el lector los mismos sentimientos que, después, removerán sus páginas.

PORTADAS INMEJORABLES

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Fue amor a primera vista lo mío con María Fornet. Pero esta portada tan maravillosa, tan azul, tan viva, fue el primer paso.

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¿Es o no es maravillosa esta imagen de la propia escritora para dar cara a su novela? Increíble.

Espero que os haya resultado divertido y curioso este pequeño y personal análisis de estas portadas independientes que, como podéis comprobar, no desmerecen nada a otras del mundo editorial.

Por supuesto, muchas otras se han quedado fuera, pero he intentado centrarme en novelas más recientes.

¿Qué os parecen?

¡Felices letras!

Letras, gatos y café: Las Redes Sociales de los escritores

Garantizar un mínimo de calidad, hacerles ver que valoramos su criterio y tememos defraudarles. Y, de no obtener los resultados deseados, que al menos brille el sudor y esfuerzo que hemos depositado en [nuestra obra].

Las Redes Sociales han curado, en parte, la dolorosa enfermedad que supone la soledad del escritor, si bien no queremos considerar el hecho de ser escritor con tal término (aunque, de querer, casi podríamos considerarlo como una especie de trastorno difícil de asumir). Y no tan solo los autores que autopublicamos nos hemos subido al barco de Facebook, Twitter, Instagram o Goodreads. Cada vez más autores consagrados pueden presumir de ser bastante activos en el mundo de la interacción online: Rosa Montero, Alejandro Palomas, Víctor del Árbol, César Pérez Gedilla, Juan Gómez Jurado… La perspectiva entre lector y escritor ha cambiado radicalmente, de un bando y de otro. Es una realidad innegable y oponerse a una interacción más o menos habitual entre ambos es como nadar contra una corriente que, sin más, terminará por arrastrarnos.

Encontrar el equilibro es complicado y dudo que exista un método correcto para utilizar estas herramientas de vital importancia si queremos, ya no solo vender libros, sino ganarnos la simpatía de los lectores, o aquellos potenciales a serlo. No soy, ni de lejos, una experta en marketing de redes, pero durante más de un año he aprendido los entresijos más básicos de este mundo muy alejado de lo real.

Lo más importante es ser fieles a nuestro espíritu, dentro de unas pautas. Fieles tanto a nuestra personalidad real (porque de esta manera, nos será muchísimo más sencillo llevar a cabo nuestra actualización diaria de perfiles) como a la imagen que, como escritores, queremos proyectar. Y, diría, que lo más importante de todo es mostrar amor y auténtico cariño por cada uno de nuestros trabajos, literarios o no, que ofrecemos a lectores y usuarios. Garantizar un mínimo de calidad, hacerles ver que valoramos su criterio y tememos defraudarles. Y, de no obtener los resultados deseados, que al menos brille el sudor y esfuerzo que hemos depositado en él. No hay que olvidar que no escribimos por una meta económica (no, al menos, esencialmente), sino porque amamos la literatura y queremos hacernos un hueco en ella.

Desde mi caso personal, diré que las Redes y el calor de aquellos que han mostrado aprecio por mis historias, son de vital importancia para continuar. Si cayese en el desencanto y en la empachante sinceridad, la mayor parte de mis estados podrían ser algo asi: “Necesito que me digáis que todo esto que hago sirve para algo, ¿de verdad lo estoy haciendo bien?”; “¿Alguien que quiera leer mi último párrafo? ¡No estoy segura de la calidad!”; “¡La maldita hoja en blanco otra vez!”; “Hoy, abandono”; “Todo esto es muy duro… no sé si merece la pena”; “¿Merece la pena?”.

Sí, escribir es duro. Pero no solo eso, porque también es maravilloso. Es reconfortante crear, abrazar a los personajes y dejarlos ir. Por eso queremos ser complacientes, hacer ver lo felices que somos de tener la ocasión de dedicarnos a ello (aunque no exclusivamente, en la mayoría de los casos). Entonces llenamos nuestro facebook de fotos con una taza de café con una frase animosa, cuando en realidad el cansancio hace mella… ¡Pero necesitamos continuar! En nuestro Instagram abusamos de la imágenes de nuestro gato, que no deja de reclamar atención cuando nos abstraemos de la realidad. ¡Y Twitter! No dejamos de pelearnos con #Hastags que, pretendemos, sean optimistas y útiles a la par.

 Pequeños secretos del uso que doy a mis propios perfiles, ¿cuáles son vuestros trucos o estrategias?