Portadas de novelas independientes

Seamos un poco superficiales hoy, juzguemos el libro por la portada y no por el argumento ni el autor. Frivolicemos la literatura…¡Pero solo con ánimo de divertirnos! Es cierto que el dejarnos guiar por el sentido más visual de nuestra intuición, en ocasiones, nos hace disfrutar de agradables sorpresas.

Voy a dejaros una pequeña lista personal de portadas de novelas indies que creo merecen la pena por diferentes razones.

PORTADAS LLAMATIVAS

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El juego de colores, lo abstracto y lo onírico son una mezcla sensacional y muy llamativa para la última novela de Jesús Carnerero. La cual le tenemos que agradecer a Coral Pámpano.

 

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Fue la portada tan poderosa de la primera novela de Ana Medrano lo que me llevó a conocerla. Fabulosa, desde luego.

El mérito pertenece a Alexia Jorques.

PORTADAS ORIGINALES

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Muy original, eso es innegable. Disfrutad de la portada de esta distopía firmada por Javier Miró y publicada con la editorial sevillana Triskel. Es única.

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Otra de ciencia ficción distópica. Este conjunto de ojos que pertenecen a miradas reales del círculo social de la autora es obra misma de la escritora. Curiosa, ¿eh?

PORTADAS ENGAÑOSAS

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Un monaguillo frente a la sombra de un cura. Y de título un veneno mortal.

Es tramposa (en el buen sentido) la portada de una de las mejores novelas independientes que he tenido el gusto de leer.

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Es tan acertada y buena la portada de esta novela de Rafa Moya como tramposa. Colores, luz y hormigas para representar una historia urbana, de sombras y ahogante psicología.

PORTADAS EVOCADORAS

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Evocadora porque recuerda a la portada de un clásico. Es pura poesía y belleza la imagen que María Laso ha elegido para la portada de su novela.

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Permitidme, en un alarde de vanidad, señalar la portada de mi Marafariña.

Esta imagen de Elena del Palacio condensa en su ser la esencia de la novela a la perfección.

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Evoca, sí, como sus letras. Las portadas de Carol Munt despiertan en el lector los mismos sentimientos que, después, removerán sus páginas.

PORTADAS INMEJORABLES

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Fue amor a primera vista lo mío con María Fornet. Pero esta portada tan maravillosa, tan azul, tan viva, fue el primer paso.

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¿Es o no es maravillosa esta imagen de la propia escritora para dar cara a su novela? Increíble.

Espero que os haya resultado divertido y curioso este pequeño y personal análisis de estas portadas independientes que, como podéis comprobar, no desmerecen nada a otras del mundo editorial.

Por supuesto, muchas otras se han quedado fuera, pero he intentado centrarme en novelas más recientes.

¿Qué os parecen?

¡Felices letras!

Los “Café” en la literatura

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El amor por las cafeterías (o “Café”) comenzó en mí hace algunos años. Creo que la magia que radica en estos lugares es como un punto de encuentro anónimo donde, en ciertos momentos, podemos mitigar la soledad. No me refiero exactamente al hecho de ser un local para hacer vida social en el sentido estricto de tal hecho. Me refiero a acudir allí, sin compañía, sin pretensión de encontrarse con ningún rostro conocido ni entablar conversación necesariamente con nadie.

No somos pocos, en realidad, aquellos que disfrutamos de la exploración de la vida de los Café en solitario. Sentarse en la barra o en una mesa, con un libro o sin él, y degustar un café en sus diferente formatos y maneras mientras observamos y dejamos atrás el silencio que nos ahogaba.

Comencé a hacerlo hace algunos años y aquí es donde toca vaciar un poco el alma y sincerarme. Cuando las terribles y oxidadas cadenas de una depresión aguda se impusieron en mis extremidades, cualquier actividad cotidiana podría suponer un reto insalvable. Durante un tiempo, tan solo salía de mi habitación para acudir al trabajo o a las clases. Llegó un punto que, incluso, realizar mis obligaciones me resultaba algo demasiado forzoso. Empezaba a desarrollar un patológico miedo a salir a vivir en el mundo, motivado principalmente por no contar con nadie que me pudiera acompañar.

No somos pocos, en realidad, aquellos que disfrutamos de la exploración de la vida de los Café en solitario.

Una de las terapia de choque que me auto impuse para empezar a curarme y quererme un poco fue el salir a tomarme un café sola y, de vez en cuando, incluso ir al cine. Recuerdo que las primeras veces que acudí a un bar y me pedí un café, junto a una silla vacía, me sentía ridícula y ahogada por el desencanto. Pero, poco a poco, imponiéndome tal rutina, empecé a disfrutarlo realmente. Ir a un Café a matar un rato de la tarde, a escribir, a leer o a observar, se convirtió en un placer.

Durante este proceso, tuve la suerte de descubrir cafeterías realmente bonitas, con alma y esencia propias. Degusté mil y un cafés y, con el tiempo, conocí muchísimas historias. Rodeada por ese aroma, y esa vida peculiar, mi amor por los “Café” fue convirtiéndose en una auténtica necesidad.

Por supuesto, no soy un caso especial. De hecho, si somos más o menos buenos lectores, descubriremos que la literatura está plagada de estos lugares, de estos segundos hogares, que suponen el núcleo centrar de la vida de la novela. Un ejemplo clarísimo es The Whistle Stop Cafe de la novela Tomates verdes fritos, que creo que todos conocemos a la perefección; también el Café de Doña Rosa en La Colmena supone un punto clave del argumento; o el Bar de Oli de la novela Lágrimas en la lluvia de mi adorada Rosa Montero; además de Las Tres Escobas de la saga Harry Potter; y el Café Rosalía de Castro en Marafariña… o el Café de Olivia Ochoa en Todas las horas mueren…

¡Maravillosos Café, donde llenar nuestras horas y olvidarnos que éstas mueren!

¿Y vosotros, que cafeterías literarias conocéis?