Las amadas y odiadas críticas negativas

—Mamá, dijiste que recibir críticas me sería de ayuda, pero ¿cómo es posible, cuando los comentarios son tan contradictorios que no sé si he escrito un libro prometedor o desobedecido los diez mandamientos?

La cita que precede a esta entrada está sacada de la célebre novela Mujercitas de Louisa May Alcott (que reseñé hace algunas semanas en A Librería). En ella, Josephine, la segunda de las cuatro hermanas, reacciona a la cantidad de opiniones variopintas que ha despertado la publicación de su primer libro. A lo largo de los capítulos, podemos ver como la joven escritora se ensalza y se derrumba con facilidad dependiendo de los diferentes artículos que los críticos del momento publiquen en referencia a su trabajo.

Además, y ya que estamos de citas, en la maravillosa novela de Elena Ferrante Las deudas del cuerpo, nuestra Lenù sufre en sus propias carnes el peso de la opinión profesional y personal que adora y desangra su ópera prima:

Me eché a llorar. Era lo más duro que había leído desde la publicación del libro, y no en un periódico de escasa tirada, sino en el diario de mayor difusión de Italia. Lo que me pareció más intolerable era la imagen de mi cara sonriente en medio de un texto tan ofensivo. Regresé a casa andando, no sin antes haberme desprendido del Corriere. Temía que mi madre leyera la reseña y la utilizara en mi contra. Imaginé que querría incluirla también en su álbum para echármela en cara cada vez que le diera disgustos.

Esto me lleva a recordar un Tweet de Lucas Albor, autor de Golondrinas Muertas Bajo la Almohada. Era en el contexto de las críticas que los miembros del Jurado de los Premios Guillermo de Baskerville de Libros Prohibidos. Según el escritor, que despertó críticas positivas como la de dicho portal, o algo menos simpáticas como la de Rafael de la Rosa, hacía tiempo que había dejado de preocuparse en exceso por las opiniones y reseñas que suscitaba su novela.

Como no podía ser de otro modo, yo también experimenté esta montaña rusa en mi resentido ego de escritora novel. Porque, no lo podemos negar, lo que los demás digan de nuestro trabajo nos importa y mucho. De mi primera novela he cultivado opiniones tan diferentes cómo éstas:

Ruth y Olga. Estos dos personajes no funcionan, ni juntos ni por separado. Ruth es la que mayor atención recibe desde el inicio, y sin embargo, con 200 páginas a mis espaldas, sigo teniendo la sensación de no conocerla bien. No queda clara su verdadera opinión sobre lo que ocurre en su vida, haciendo complicado empatizar con ella (lo que va en contra de las intenciones de la autora). Olga es, sencillamente, indescifrable. Vale que lo esté pasando mal, pero entre tanto cambio de humor es muy difícil saber quién es ella en realidad. La explicación de que Marafariña la ha cambiado tampoco suena nada creíble, pues la aldea es bonita y mágica, sí, pero tanto como podría ser otra cualquiera de Galicia (no llega al lector qué la hace tan especial).

y

“Marafariña” es algo importante: una novela diferente a lo que estamos acostumbradas. Cuenta algo distinto, con peso, con profundidad y con un argumento que se sale de los esquemas.

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Creo que esto es culpa del primer error que señalé del libro: deja muy poco a la imaginación y te lo pinta exactamente quiere la autora. Que no me gusta. Quiero yo crear a mi propia Olga. Haré una pataleta mental al respecto.

o bien…

La literatura de esta joven autora gallega me ha conquistado realmente, sobre todo por las descripciones de un lugar tan vivo, natural y vital, en el que se introduce la oposición entre la libertad y la falta de ella. Unas vivencias que se refrendan en las propias de la autora, quien se refugió desde bien pequeña en la literatura como un método en el que verter todas sus frustraciones.

¿Podéis ver los dientes de sierra de mi estado anímico en esos instantes? Si. Es brutal, lo sé. Dan ganas de abandonar las letras o, por el contrario, de sentir que serás capaz de ganar del Premio Nadal algún día. Crees que lo que haces no tiene valor alguno o que eres una pluma de oro destinada a hacer grandes cosas.

Según estas críticas podemos sacar algunas deducciones. Por un lado, que la novela deja mucho que desear y, por otro, que merece la pena leerla. Por la parte que me toca, apoyaré siempre la segunda opción y os invito a todos a leer y disfrutar de Marafariña. Pero, al margen de esto, ¿cómo es posible que un mismo libro cree opiniones tan dispares?

La respuesta es simple: porque TODAS las obras tienen algo que podemos alabar y algo que podemos pisotear.

Lo primero que podemos sentir y pensar cuándo recibimos una crítica negativa es un odio visceral a aquel que ha osado a menospreciar, criticar, pisotear y echar por tierra nuestro trabajo. Al fin y al cabo, llevamos años dedicándonos a escribir y a dejar trocitos de nuestra alma en esas páginas que con tanta ilusión hemos publicado… ¿Cómo puede sentarnos bien el hecho de que alguien diga lo contrario?

Esta reflexión es errónea, escritores y amigos. Ese crítico que ha hablado mal de nuestro trabajo no se está dedicando a menospreciarnos y a infravalorarnos. No nos está diciendo que seamos escoria, que lo abandonemos para siempre. Nos está diciendo todo lo contrario y, por eso, debemos de quererlos. Sí en efecto. Porque si no le importara ni lo más mínimo lo que hemos hecho no le dedicaría un espacio en su blog o web, tampoco perdería el tiempo en dedicarnos unos párrafos y, mucho menos, en leernos.

Creedme. Es tan difícil encajar las opiniones menos amables cómo ser el culpable de escribirlas.

Y puedo hablar de este tema como escritora y como crítica. Porque, como muchos sabéis, llevo un tiempo dedicándome a dar mi opinión sobre mis lecturas. Y aunque resulte muy complicado ser honesta porque yo también estoy al otro lado (en el que espera que alguien le de una palabra de aliento, en el que necesita escuchar algo positivo de lo que ha hecho) creo que es necesario, casi una obligación, no mentir jamás. Porque al hacerlo, no solo estamos siendo fieles a nosotros mismos, sino que brindamos nuestro apoyo más sincero y desinteresando al autor o editorial que nos pide que los leamos.

Cuando recibo una crítica negativa de un conocido o de un desconocido puedo sentirme halagada. Primeramente, porque esa persona o espacio que se ha atrevido a publicar su opinión sincera sobre mi trabajo sabe que tengo la capacidad suficiente para encajarla y que no me derrumbaré ante ella. Segundo, porque está hablando de mi obra y eso es algo que siempre necesitamos. Tercero, porque, para bien o para mal, tanto ese lector como todo su público ya me conocen.

Y cuarto, porque sabe que intentaré, con todas mis fuerzas, limar esas flaquezas señaladas y ensalzar las virtudes. Porque tiene esa fe en que todavía queda mucho dentro que puede salir.

Por eso, todo aquel que escriba, debe abrazar con fuerza las críticas positivas. Pero también debe agarrarse más fuerte aún a las negativas porque en ellas está en aprendizaje necesario para seguir creciendo a pasos agigantados.

Las opiniones y críticas: ¿Cómo conseguir que los lectores valoren nuestro trabajo?

Escribamos algo de categoría, con clase, con talento. Una historia nueva, o renovada, que no solo invite a su lectura, sino que invite a seguir hablando de ella una vez que el e-reader se ha apagado.

¡Dos meses desde que comenzó el Concurso de Amazon 2016 que ya está tocando a su fin! Al menos en lo que el período de promoción se refiere, ya que tendremos que esperar hasta finales de septiembre para conocer a los cinco finalistas de tal batalla.

Aunque en las condiciones oficiales se precisa únicamente que, además de la viabilidad comercial, se tendrán en cuenta otro factores como la originalidad del argumento o la calidad literaria, son muchas las especulaciones con respeto al gran misterio de los criterios de Amazon para dicha selección. De hecho, los rankings que han podido seguirse para aventurar algunos títulos que, tal vez, pueden tener la oportunidad de llegar a lo más alto, son bastante inestables y diferentes entre sí.

Las opiniones y valoraciones que cada novela luce en su ficha por parte de los diferentes lectores puede ser un punto a favor para la visibilidad y para impulsar nuevas compras. Estamos hablando de un punto clave para los escritores porque, además, les permite saber qué sensaciones está causando su nueva obra. Es una especie de foro de intercambios donde el autor puede responder a dichos comentarios y crear un debate sano desde el respeto (es la imagen que interesa y debemos dar, como profesionales).

Muchos me habéis preguntado cómo obtener estas valoraciones, algo que es una hazaña titánica. No solo queremos que una persona descargue nuestra novela y la lea, queremos que deje constancia de qué es lo que le ha gustado, qué es lo que no y si recomendaría el libro a otras personas. No soy, ni de lejos, la autora independiente más valorada, pero sí que en la publicación de mis dos primeras obras he conseguido un número nada desdeñable de estrellitas acompañadas de valoraciones bastante extensas y honestas, lo que siempre es un criterio muy valioso a la hora de elegir algo nuevo que leer (en Agosto 2016, Marafariña tiene 57 comentarios, y Todas las horas mueren 22).

Hay muchos de los lectores que, por inercia y criterio propio, dejarán una opinión al terminar de leer y, con suerte, ésta será contundente y sincera. Pretenden informar aconsejar a futuros compradores sobre el producto (lo sé, es una forma fría de referirse a la literatura, pero para ser leído, es necesario vender nuestras letras). Sin embargo, habrá muchos otros, la gran mayoría, que se evaporarán como fantasmas y nunca sabremos qué le ha hecho pensar nuestro libro.

Una manera de invitar a que dediquen unos minutos de su tiempo a escribir en nuestro escaparate novelesco es dejar una educada (y decorada) petición al finalizar la novela. Con suerte, los que han alcanzando el final han encontrado algo interesante y entretenido y en la misma, no está de más que los animemos a contarlo al resto. Otros, tal vez, opten por dejarnos un mensaje en las Redes o escribirnos un e-mail.

Otra forma es pedirlo de forma insistente, sin excedernos. O recompensarlos de algún modo (sorteos, por ejemplo). Es de vital importancia, eso sí, ser muy agradecidos y educados, aunque en ocasiones lo que han escrito sobre nuestra obra no nos guste, o nos decepcione. Están en su derecho, no lo olvides.

Pero lo primordial, la base de conseguir las ansiadas estrellas no es otra que el alma que logremos desprender con nuestro escrito. Ofrecer al lector algo intenso, profundo, algo que agudice sus sentimientos para bien (o incluso, para mal). Escribamos algo de categoría, con clase, con talento. Una historia nueva, o renovada, que no solo invite a su lectura, sino que invite a seguir hablando de ella una vez que el e-reader se haya apagado. Cuidemos nuestros libros, cuidemos a nuestros lectores y brillemos con luz propia en nuestra narrativa y personajes. Entonces, nacerán. 

Sobre escritores que escriben críticas de otros escritores

Captura

No podría contestar qué fui antes: lectora o escritora. Por lo tanto, tampoco podría contestar si, en los inicios remotos de mi afán por las letras, comencé siendo una inofensiva lectora o una crítica de todo lo que caía en mis manos.

Cuando eres muy joven, no te llegas a plantear del todo el cómo tus decisiones te pueden influir en un futuro. Así que cuando quise dedicarme con determinación a escribir reseñas y críticas sobre los libros que leía, no calculé sobre lo que ocurriría cuando mi creación secreta fuera libre de ser devorada por los críticos literarios, algunos despiadados y tremendamente honestos.

Lo ideal, sería siempre, poder separar un rol del otro. La Miriam escritora que autopublicó con esfuerzo y pasión su primera novela, Marafariña; la Miriam crítica que no teme a decir lo que piensa. Pero, esto no es así. Ni yo puedo separarlo ni, desde luego, los lectores lo pueden hacer del todo.

¿Qué ocurre, entonces? Que puede pasar que, al escribir una crítica media o negativa a un compañero escritor, esta opinión te sea devuelta y, además, con más saña de la necesaria. Del mismo modo, puedes despertar antipatía general en el entorno, mostrando un papel destructor que, no nos engañemos, a nadie le entusiasma. En este punto, el tema de seguir con las reseñas que tanto disfrutaba haciendo se estaba volviendo insostenible.

Sentía una desazón bastante intensa, y estaba perdida. El Blog que había mantenido vivo dos años, “Las mentiras que escribí”, se había convertido en un lastre del que ya no podía disfrutar. Sentía una mordaza, una obligación. Y ni siquiera podía disfrutar con sinceridad de los libros que llegaban a mis manos. Por supuesto, esto terminó repercuiendo en mi faceta de escritura. Y cuando la escritura falla, todo se vuelve negro.

Durante semanas estuve reflexionando, falta del apetito de la inspiración y temiéndome que lo único que podía hacer era aparcar, abandonar, “Las mentiras…”.

Y de esta historia nace A Librería.

Junto con mi compañero y amigo David Pierre y mi hermana gemela y poetisa Tabita Beizana, hemos comenzado este proyecto literario que apoya la honestidad, la crítica constructiva y elaborada. De esta forma, se deja atrás una etapa que, sin bien es cierto me reportó muchas satisfacciones, ya me había regalado todo lo necesario.

Desde A Librería, mi intención y la del resto de miembros, es analizar y vivir la literatura como se merece: sin tapujos. Desnuda y a nuestra merced para, de esta forma, poder regalar a los lectores una visión real y sincera de lo que se esconde detrás de títulos que abarcan desde clásicos, hasta novela actual y llegando a la novela independientes.

Espero, con sinceridad, que me sigáis y me apoyéis en esta nueva aventura. Estoy segura de que sí.

Gracias, siempre gracias.

Y Felices Letras.

Miriam Beizana Vigo