Inflorescencia

Hace más de un año que anunciaba el punto y final de mi próxima novela, la especial y ansiada secuela de mi opera prima, Marafariña, que fue el inicio de un nuevo camino para mi colmado de dificultades, sí, pero también de alegría, de sueños y de literatura. Han pasado muchas cosas desde aquel 2015 que me lancé a la autopublicación y, como ya he dicho, llegar hasta aquí ha sido una feliz hazaña.

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Este post es la culminación de más de tres años de trabajo diario e incansable.

Por fin os puedo anunciar, con nervios e ilusión, el título de mi próxima novela, la continuación de la historia de Olga y Ruth. El mismo que corona esta entrada.

Inflorescencia

Florece, así, en esta tardía primavera aquel bosque virginal que hemos abandonado hace ya unas cuántas páginas. Florece así, de nuevo, esta Miriam que necesitaba cerrar aquel capítulo de su vida, tan lejano ya, pero tan vivo al mismo tiempo. Y florece, también, mi incansable lucha personal por la libertad, por los sueños, por la unión, por el amor y por la defensa infatigable de las mujeres.

Y florece, así, la contraportada de la novela:

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Y florece, así, la portada definitiva. La imagen, de nuevo, de mi querida y admirada Elena del Palacio:

INFORESCENCIA (1)


SINOPSIS:

Una buena nueva guiará la vida de Ruth de vuelta a una Marafariña que luce sola. Lo que ella no podría imaginarse después de la catástrofe del Prestige, era encontrarse que luciría una espesura blanca.

Han pasado años desde que abandonó la libertad y su ser de esas tierras, pero tal vez nunca son demasiados cuando se acerca al tintineo hipnotizante y fresco del río, cuando se enfrenta ante la Iglesia tapiada de recuerdos o cuando alcanza la inmensidad de la playa.

Nunca es demasiado tarde cuando la tierra todavía es capaz de florecer.

“Las flores mismas han aparecido en la tierra, el mismísimo tiempo de la poda de las vides ha llegado, y la voz de la tórtola misma se ha oído en nuestra tierra” (El Cantar de los Cantares 2:12)

Y con el corazón encogido, mis venas llenas de emociones, nerviosa, feliz, atemorizada pero llena de esperanza, os digo que en julio de 2018 podréis al fin leer esta última historia.

¡Espero vuestros comentarios!

Y gracias, gracias, flores mías.

¿Y qué hay de la novela intimista?

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1. m. Tendencia literaria centrada fundamentalmente en la expresión de los sentimientos y de las emociones más íntimos.

La literatura “comercial” del siglo XXI

Cuando estudié literatura en el instituto (de esa forma tan superficial y tan mediocre que solo consiguió que la mayoría de mis compañeros no volverían a querer leer un libro en sus vidas) al llegar a la escritura del XX y XXI las definiciones empezaban a complicarse. Los movimientos literarios habían desaparecido como tal, se publicaban historias con géneros tan variopintos como difíciles de clasificar. Recuerdo que la profesora hablaba de novela policíaca y novela fantástica, con una breve definición, metiéndolas en el mismo saco, sin tener demasiado cuidado en quemarse. Esa Miriam joven tenía dudas de lo que eso significaba, ¿ese batido indicaba el fin de la buena literatura y de su historia? ¿Nos habíamos perdido completamente? ¿Ya no había un espíritu real? Esa maestra había dicho, con cierto desdén, que hoy en día la única literatura que triunfaba era la comercial y que si queríamos leer de verdad debíamos limitarnos a los clásicos.

Me pareció una afirmación bastante arriesgada, torpe y desconsiderada. Por aquel momento, aunque no había publicado nada, escribía como nunca por las noches. Y me negaba a pensar que lo hacía con un afán comercial sin más. Tal vez, si no hubiera sido tan tímida, habría tenido el valor de replicarle algo. No sé, quizás decirle que eso no era del todo cierto. Que los escritores de hoy en día eran más reales que las clases sociales altas que en los Siglos de Oro eran los privilegiados que publicaban libros, obras de teatro poesía. Que las mujeres recién habían aparecido en las portadas de esos títulos y que su historia no había hecho más que comenzar. Que, ahora, hoy por hoy, incluso los que no teníamos un gran poder económico teníamos la posibilidad de contar lo que quisiéramos contar.

Eso, claro está, lo escribo con esta fuerza que me concede la edad adulta (bueno, más o menos). En esos años adolescentes mi visión era más idealista: poco me faltaba para ser J.K Rowling, conseguir un contrato millonario y pasarme el resto de mis años escribiendo si ningún tipo de preocupación. No me importó desilusionarme después, eso me permitió seguir dedicándome con locura a esto.

Mis primeras novelas “realistas”

Como ya dije en más de una ocasión, yo comencé escribiendo novela fantástica juvenil pura y dura. Tenía muy claro que quería especializarme en ese género y explotar toda esa imaginación que era tan fuerte, tan brillante y nunca se agotaba. No sé en qué momento dejé de sentir interés por seguir contando este tipo de historias y empecé a escribir lo que en aquel momento quise llamar novela realista.

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De real1 e -ismo.

1. m. Forma de ver las cosas sin idealizarlas.

2. m. Modo de expresión artística o literaria que pretende representar fielmente la realidad.

Pero las historias que yo escribí no eran realistas exactamente. El primer libro “adulto” que escribí tenía 400 páginas y se titulaba Una luz en la oscuridad, algo que recordaba a una de esas canciones de Alex Ubago que tanto sonaban por aquel entonces. Por si tenéis curiosidad, la trama trababa de una mujer que había rescatado a un niño en un terremoto en Ecuador y lo había llevado a España de manera ilegal para criarlo junto a su otra hija, después de quedarse viuda. Al poco, la mujer es enviada a prisión y los dos niños deben criarse solos. El núcleo de la historia comenzaba cuando la madre volvía a salir de la cárcel y se encontraba un mundo nuevo y a dos hijos desconocidos para ella.

Realista no es, pero tampoco se trata de una novela fantástica. Creo que podía catalogarse como narrativa de ficción a grandes rasgos. Tampoco llegaba a ser intimista. Pero en el fondo comenzaban a verse esas pinceladas: los sentimientos de la madre (Penélope, como la tía de Olga en Marafariña) y de su hija (Elisa) eran claves para llenar las páginas y páginas de esa historia.

Después escribí una bilogía de novela negra, ambientada en una comisaría de policía de A Coruña. La protagonista se llamaba Olivia (como la anciana que regentaría el Café en Fontiña tanto tiempo después) y era, como no, una heterosexual al uso que se enamoraba de otro policía con el que trabajaba. Pero le había dado una importante vuelta de tuerca y esta joven convivía con Olga, su mejor amiga, la cuál se habría enamorado de ella e introduje así mi primer bollodrama antes de si quiera haber salido del armario. Qué cosas. Otra vez, de nuevo, afloraban los sentimientos.

El género intimista

La novela intimista se fue convirtiendo, poco a poco, en mi tipo de literatura favorita. Casi todo lo que buscaba leer respondía a esa necesidad y fue así como me especialicé en leer a autoras sin darme cuenta de ello. Y es que han sido ellas, estas grandes mujeres, las que han focalizado su escritura a desengranar este género tan humano, tan poco comercial, y tan necesario. La literatura que habla de cómo nos sentimos, de por qué, que tiene un fuerte componente filosófico y que, sin embargo, carece de especialización.

Marafariña Todas las horas mueren son dos novelas claramente intimistas, aunque abarquen muchos más géneros (porque la especialización única, creo, ya no existe). Cuando yo trabajaba en ellas todavía no sabía cómo catalogarlas, eso ocurrió después. Hoy sigue siendo difícil ya que, tristemente, no es un tipo de novela que esté en auge y que despierte interés. En ese sentido me encuentro un poco perdida: no existen revistas online para autoras de este género, tampoco blogs especializados (aunque en A Librería tiene su clara representación semana a semana) ni cuentas de Twitter que compartan este tipo de obras exclusivamente. Se ha quedado ahí, como una minoría dentro de la minoría que es la literatura en sí.

Supongo que esto no es del todo negativo, que las épocas de cada cual fluyen y es un ciclo natural. Sin embargo yo estoy resuelta, desde mi humilde oportunidad, de seguir reivindicando un género tan necesario, tan vital, tan literatura pura y dura. Aquel que no entiende mucho de normas narrativas al uso, que experimenta, que se explaya sin miramientos y que ahonda en el amor, en la amargura, en la amistad, en la familia, en la búsqueda de la felicidad. Que pretende abrirse paso entre el corazón del lector que se decide a abrir sus páginas. Que quiere, sin lugar a dudas, dejar una huella que nunca se podrá borrar.

 

Foto de Morgan Basham en Unsplash

Hace tiempo…

He cometido más errores en mi vida de los que podría detallar. Y, con ellos, puedo hacer dos cosas: aprender o escribir historias que me ayuden a superarlos.

Así comienza el prólogo de la segunda y última parte de Marafariña. Mi tercera novela, que siempre será la primera, y que he terminado de escribir esta semana. Ahora me siento cómo si me hubiera quitado una pesada piedra de encima, como si acabara de salir del agua después de estar siglos sumergida. Me siento libre, un pelín poderosa, enérgica y cohibida.

Y perdida, también.

Es extraño. Tener a mi lado esa historia inconclusa era cálido pero me torturaba. Quería librarme de ella, pero hacerlo bien. Dejarme la poca vida que le quedaba a mis musas entre sus páginas y que brillara con el esplendor que soñé desde niña. Sí, desde niña soñaba con este proyecto literario a todas horas. Hoy ya he puesto el punto y final. Es un día grande, pero también un día frío.

No pretendo ponerme excusas ni sentirme derrotada; nada más lejos. Soy obcecada y seguiré caminando hacia adelante, o hacia la derecha. O hacia arriba. Hace tiempo que he dejado de tener miedo, solo un poco de resquemor porque las cosas bonitas no sucedan con más facilidad que las cosas difíciles. Pero sé que de nada vale sentarse a esperar, ni lamentarse, ni retorcerse en las complicaciones de la senda. No sé en qué maldita hora empecé a obsesionarme con escribir, pero fue lo mejor que pudo pasarme en la vida.

Marafariña. Marafariña. Para mí ya se queda atrás, pronto, muy pronto, será vuestro turno de leerla y darle la despedida que merece. Y, con ella, se irá una Miriam que ya tenía ganas de dejar marchar. Una Miriam que tenía muchos fantasmas, demasiados, y que se sentía un tanto encadenada a la responsabilidad de hacerse justicia a sí misma.

Creo que con esta bilogía he alcanzado cierto culmen personal y literario. También he subido varios escalones en mi crecimiento personal. Y aunque ha sido una senda difícil, impropia, torpe, solitaria, también ha sido lo más hermoso que viviré jamás.

Nunca volveré a abrazar un proyecto cómo éste. Eso me atemoriza pero, a la vez, no sabéis lo feliz que me hace.

La hiedra contagiosa

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Estoy escribiendo una novela.

            Dejo constancia de esto el día 13 de junio del año 2016, en esta nota escrita que estará expuesta en el escritorio de mi habitación hasta la finitud de la misma, o de mí misma. Está redactada a mano, con un bolígrafo verde, asunto que tengo que lamentar. Al contrario de lo que cabría esperar de una escritora como yo, carezco de máquina de escribir. Tampoco tengo impresora, aunque sí un ordenador blanco, enorme y con poca poesía.

            Me gustaría explicar el motivo de dejar este folio pintarrajeado como testimonio del inicio de mi ópera  prima.

            Hay algo muy fuerte que ha brotado dentro de mí, como una flor inmediata en un anodino campo de césped seco. Más que brotar, ha aparecido, como si siempre hubiera estado bajo las raíces de la tierra pero que, por alguna razón, los rayos del sol y el agua de la lluvia no han sido suficientes para desenterrarlo durante todos estos años. Lo he sentido cómo una rotura en el pecho seguida de un fuerte dolor en un lugar indeterminado de mi cuerpo. He supuesto, creo que con acierto, que esa dolencia aguda procedía de la mismísima alma o conciencia, aquella que nadie sabe dónde está… tan solo donde perdura.

            Ese presentimiento se ha expandido desde mi boca, mis orejas, mis pechos, mis caderas, mi vagina, mis rodillas y mis tobillos. Luego, como una hiedra contagiosa, ha invadido el suelo de mi habitación, ha trepado por las paredes y se ha enroscado en la lámpara. Acto seguido se apagó la luz y yo fui prisionera de un pánico tan fuerte que apenas pude reprimir las ganas de orinarme encima como cuando era una niña. Durante unos instantes, unas horas, unos días, no pude ver nada. Mi mundo era blanco. Mi mundo era esa hiedra que quería matarme y el blanco. Recuerdo que intenté chillar, pero no pude. Moverme, pero no pude. Quise ser consciente de lo que me acontecía, teniendo la poderosa certeza de que había llegado mi finitud.

            En mi cuerpo y mente adulta se despertó mi niñez, y la heroína que me acompañó en mis sueños. La vi aparecer, como una bruma, en medio de ese océano blanco de ceguera. De lejos, muy de lejos. Casi no se acercó. Entonces mi corazón empezó a bombear muy deprisa, con tanta fuerza que creí que explotaría. No sé si lo hizo. Porque después me perdí.

            Desde esto han pasado tres días en los que apenas me he movido de mi habitación, que mantengo a oscuras y con las persianas a medio bajar. Tampoco tengo demasiado apetito, tan solo estoy poseída por un cansancio atroz, como si estuviera encubando algún tipo de enfermedad extraña. Tal vez es el pánico, que me está destruyendo por dentro.

            Pero no he comenzado a escribir una novela por motivo de tal cosa. Algo tan vulgar, tan triste y terrible como la hiedra que me ahogó en mi habitación no puede motivar el inicio de algo tan hermoso y vivo como lo es una historia que surge de la nada, como una melodía del viento con las hojas del bosque. Como el caprichoso baile de olas del mar con las gaviotas que las sobrevuelan. Y el atardecer que nunca se demora, ni nunca se anticipa. He empezado a empuñar el bolígrafo porque temo morir, morir de repente, y no haber escrito todo lo que tengo dentro. Y es tanto que, tengo la sutil certeza, de que es precisamente eso lo que me está haciendo perecer más rápidamente.

            Así que aquí permaneceré hasta que logre determinar qué voy a escribir y cómo lo voy a escribir. Lo único que sé es sobre quién voy a escribir. Sobre eso tengo la más absoluta certeza.

 

M.B.V.

A propósito de Marafariña…

Era una certeza. La certeza de lo que ocurría. Era el presente. El aquí y ahora. El momento, la posibilidad. Lo que era imparable. La llegada de una primavera en pleno invierno que nada, ni siquiera un Dios Todopoderoso, podía detener. Nuestra tierra. Esa era Marafariña, lo sabía. Tenía la certeza. Y la llamaba nuestra. Nuestra.

 

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Penélope

Y tal vez justo por eso Penélope es uno de mis personajes favoritos: porque, en realidad, nunca he llegado a tenerla.

Al etiquetar mi primera novela, Marafariña, como una obra de ficción autobiográfica en más de una ocasión me habéis preguntado a quién corresponde cada uno de los personajes que la conforman. Los más interesados, por supuesto, mis allegados y amigos que se han buscado con afán entre sus páginas. Pero, os diré, nada es tan sencillo. Y mucho menos la literatura.

A lo largo de diversas entradas en este espacio me gustaría acercaros un poco más las razones y motivos que han movido a cada uno de mis personajes, mis hijos, trocitos de mi alma. Que han sido (y son) mi más absoluto y cálido refugio.

Y hoy quiero hablaros de Penélope.

Penélope es una de mis creaciones más auténticas y entrañables. Es la tía de Olga, sobre la que recaerá el peso de cuidar de su sobrina y su cuñado una vez que Estefanía fallece tras una larga enfermedad. Sobra decir que se trata de una mujer fuerte, altruista, sufridora, empática y que derrocha amor. No existe el egoísmo en su personalidad, vive y se desvive por el bienestar de su familia. Y sí, puedo decir que Penélope es un personaje real.

—¿Y tú cuándo te irás de vuelta a Barcelona?

Lanzó la pregunta sin pensar, sin darse cuenta de que estaba exponiéndose a su tía, exponiéndole su miedo y desazón al pensar en qué harían ella y su padre solos en aquel lugar. Penélope los mantenía unidos y equilibrados, cuidaba de ambos como si fueran dos niños pequeños que necesitaran constante atención.

—Le juré a Estefanía que no os dejaría solos. Y pienso cumplirlo. Ahora velar por tu bienestar y por el de tu padre es mi prioridad. Quiero que estéis bien y pienso quedarme todo el tiempo necesario. No te preocupes por eso.

Ella es alguien a quien quiero con todo mi corazón, pues representa la figura de algo de lo que carezco en mi propia vida. El pilar, el clavo al que aferrarse. La tía, la hermana de una madre que te quiere, que te cuida sin medida. Que lo haría todo, todo y más por ti. Esa que te otorga la más absoluta y tibia certeza de que nunca jamás estarás sola, nunca jamás ocurrirá algo tan devastador como para apartarla de tu lado.

Como he dicho, yo sí que tengo a una Penélope. O la tenía. Porque me entristece enormemente que ella ya no esté, que se haya ido, que haya abandonado eso que teníamos, que nos unía. Sentir que ya no le importa nada y que ha querido cegarse a una realidad que nos es inexcusable.

El proceso creativo de la tía de Olga fue sencillo, porque está plagado de anhelos e inquietudes. Y tal vez justo por eso Penélope es uno de mis personajes favoritos: porque, en realidad, nunca he llegado a tenerla.

 

5 obras autopublicadas imprescindibles del 2016

Este año 2016 ha estado colmado de lecturas (a finales de noviembre puedo presumir de poco más de 60 libros concluidos este año). Mis elecciones literarias han bailado en un equilibrio entre obras editoriales y libros independientes. Dejando a un lado los prejuicios que hay sobre estas últimas, me gustaría recomendaros 5 de las novelas autopublicadas que están a la altura de los grandes gigantes que plagan las estanterías de las librerías más importantes:

Azul Capitana

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Descubrir a María Fornet, de causalidad, fue muy enriquecedor. Y no solo por la novela que os recomiendo encarecidamente, sino por el interesantísimo contenido de su web como psicóloga y escritora.

Estricnina

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Peculiar, original y talentosa. Es la manera más acertada de definir esta obra de Mercedes Sáenz que regala un toque diferente al género negro de suspense en la España más castiza.

 

El grito de los murciélagos

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La mejor novela del veterano escritor autopublicado Jesús Carnerero, con un importante contenido autobiográfico que trata, por cierto, de la aventura de ser un autor indie.

 

Cosas que escribí mientras se me enfriaba el café

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Una urbana y actual colección de relatos firmada por Isaac Pachón que, desde luego, ha sabido sobresalir (y mucho) en el panorama independiente.

 

Nunca dejes de mirarme

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Soy fan de Carol Munt desde que leí En el punto medio del corazón. He tenido el gusto de ser lectora cero de su última novela y, tan solo añadiré, que a cada paso que avanza, más me entusiasma.


Creo que estas cinco novelas, entre otra que he leído a lo largo de este 2016 y que son una honra de la autopublicación deben ser el sello de identidad que defina a esta nueva vertiente literaria.

Escritores y escritoras, novelas y relatos, que nada tienen que ver con la lectura ligera y sin calidad. Todo lo contrario. Es literatura diferente, fresca, cuidada y con años de trabajo detrás de cada historia. Creo que los que queremos seguir trabajando en este complicado y difícil camino tenemos que saber defender con dignidad nuestras letras y aprender a diferenciar la autopublicación de verdad del fenómeno “explosivo” en el que algunos han convertido el escribir

 

 

 

Escribir tiene que doler

Mientras Marafariña se unía a esa locura de los sueños convirtiéndose en lo real.

Nunca puedo sentirme libre del todo porque el vínculo con las letras siempre tiene un remanso en mi mente en cualquier momento, en cualquier circunstancia, en cualquier lugar. Digamos que la musa, o las musas, no se muestran demasiado respetuosas. No las culpo. Si yo tuviera dentro algo como Marafariña estaría berreando por dejarlo salir a cada momento.

Y yo, sin escogerlo, sin sentirlo, por lo caprichoso de la vida, todavía la llevo dentro.

Ya son dos años sumergida en la secuela de mi ópera prima de la que no he logrado desprenderme. Cuando finalicé, todavía sin ser consciente de ello, mi primera novela creí, ilusa de mí, que lo peor había pasado. Porque las lágrimas que derramé y, sobre todo, el miedo que sentí en mi viaje a Marafariña eran tan reales como el mismo suelo que piso, o como las secas teclas de este ordenador que golpeo a diario buscando la mejor forma de matar fantasmas inmortales.

No, desde luego. Lo peor no había pasado. Creo que lo peor no termina nunca, en realidad. Vuelve siempre, como las noches o como el invierno. Creer y abrazarse a lo contrario es una insensatez, es mentirse. Y yo no tengo ganas de mentirme.

Pero no quiero desviarme, ni quiero regodearme en lo que me apena. Quiero hablar de lo que es escribir para mí, para hacer comprender a quiénes no lo entienden por qué es lo que más amo en mi vida, por qué es lo que tantas veces me ha salvado del pozo. Por qué corro a refugiarme en mi literatura siempre que las cosas se tuercen demasiado, como una posesa, como una enferma de tinta.

Los últimos dos o tres meses estaba enfrascada en un capítulo crucial. El más crucial desde que esta aventura de Marafariña empezó a ser real y comencé a regalarle un trocito de mi alma a cada página. Desde ese año 2013 que este mundo de abrió, este dichoso capítulo ya rondaba en mi cabeza. Y ahora, llegado el momento, me temblaba el pulso y el alma, tenía miedo de enfrentarme a él. Tenía miedo de ahondar en el pasado, que es tan pasado que parece otra vida, para hacerlo resucitar en la novela, en la ficción. Pensaba que podría después de todo este tiempo, que mis heridas ya estaban más que cicatrizadas y que mi fuerza era infinita… pero es curioso cómo lo que ya no existe puede dañarnos tanto todavía. Porque hay sucesos vividos que siempre formará parte de una misma, aunque pretendamos esconderlos.

Anoche terminé ese capítulo, fue cómo sentir que un jarrón se rompía o una puerta se cerraba. Anoche terminé ese capítulo y yo temblaba como una hoja resquebrajada colgada de un árbol descrito en el papel. Anoche terminé, al fin, por fin. Y me sentí tan vacía, y me sentí tan llena. Y me sentí tan sola embriagada por una felicidad que no sabía con quien compartir, embriagada por una tristeza tan profunda que no encontraba la manera de llorar.

Creo que después de este momento no volveré a echar la vista atrás, porque lo que hay hacia adelante es más verde, más libre, más brillante. Dejaré que esa puerta cerrada se quede así y se pierda en las tinieblas del glorioso paso del tiempo que, de alguna forma, siempre es benevolente.


Para saber más…
Podéis adquirir Marafariña Libro Primero en formato digital y físico aquí

Portadas de novelas independientes

Seamos un poco superficiales hoy, juzguemos el libro por la portada y no por el argumento ni el autor. Frivolicemos la literatura…¡Pero solo con ánimo de divertirnos! Es cierto que el dejarnos guiar por el sentido más visual de nuestra intuición, en ocasiones, nos hace disfrutar de agradables sorpresas.

Voy a dejaros una pequeña lista personal de portadas de novelas indies que creo merecen la pena por diferentes razones.

PORTADAS LLAMATIVAS

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El juego de colores, lo abstracto y lo onírico son una mezcla sensacional y muy llamativa para la última novela de Jesús Carnerero. La cual le tenemos que agradecer a Coral Pámpano.

 

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Fue la portada tan poderosa de la primera novela de Ana Medrano lo que me llevó a conocerla. Fabulosa, desde luego.

El mérito pertenece a Alexia Jorques.

PORTADAS ORIGINALES

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Muy original, eso es innegable. Disfrutad de la portada de esta distopía firmada por Javier Miró y publicada con la editorial sevillana Triskel. Es única.

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Otra de ciencia ficción distópica. Este conjunto de ojos que pertenecen a miradas reales del círculo social de la autora es obra misma de la escritora. Curiosa, ¿eh?

PORTADAS ENGAÑOSAS

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Un monaguillo frente a la sombra de un cura. Y de título un veneno mortal.

Es tramposa (en el buen sentido) la portada de una de las mejores novelas independientes que he tenido el gusto de leer.

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Es tan acertada y buena la portada de esta novela de Rafa Moya como tramposa. Colores, luz y hormigas para representar una historia urbana, de sombras y ahogante psicología.

PORTADAS EVOCADORAS

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Evocadora porque recuerda a la portada de un clásico. Es pura poesía y belleza la imagen que María Laso ha elegido para la portada de su novela.

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Permitidme, en un alarde de vanidad, señalar la portada de mi Marafariña.

Esta imagen de Elena del Palacio condensa en su ser la esencia de la novela a la perfección.

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Evoca, sí, como sus letras. Las portadas de Carol Munt despiertan en el lector los mismos sentimientos que, después, removerán sus páginas.

PORTADAS INMEJORABLES

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Fue amor a primera vista lo mío con María Fornet. Pero esta portada tan maravillosa, tan azul, tan viva, fue el primer paso.

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¿Es o no es maravillosa esta imagen de la propia escritora para dar cara a su novela? Increíble.

Espero que os haya resultado divertido y curioso este pequeño y personal análisis de estas portadas independientes que, como podéis comprobar, no desmerecen nada a otras del mundo editorial.

Por supuesto, muchas otras se han quedado fuera, pero he intentado centrarme en novelas más recientes.

¿Qué os parecen?

¡Felices letras!

Cifras y resultados de “Todas las horas mueren” en el Concurso Indie 2016

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Después de dos años trabajando en Todas las horas mueren y tras tres largos meses de promoción incansable y de vida activa en las Redes Sociales… El Concurso Indie 2016 toca a su fin, al menos para la gran parte de los autores participantes.

Creo que no soy la única que llega agotada a este final de septiembre, donde la lucha que se libró ha sido titánica y muy enriquecedora. No me puedo quejar. He disfrutado en realidad de estas semanas de trabajo intenso y, sobre todo, de conocer a gente nueva, a otros autores y a nuevos lectores. A pesar de no lograr ser finalista, no deja de ser una gran oportunidad para ganar visibilidad que, al fin y al cabo, es lo importante.

Como muchos sabéis, se trata de mi segunda obra autopublicada y, de primeras, sabía que sería más sencillo venderla de lo que fue Marafariña. En primer lugar, porque gran parte del camino ya lo tenía andado. Además, se trata de una novela con mayor facilidad comercial: más breve, más ligera de leer, aunque no por ello menos profunda.

Vamos a hablar de números, (¡Qué feos son, como si la literatura se pudiera medir!)

Ventas de Marafariña en sus tres primeros meses (formato digital)

Mayo Junio Julio
18 21 27

Ventas de Todas las horas mueren en sus tres primeros meses (formato digital)

Julio Agosto Septiembre
41 30 19

En Kindle Unlimted:

2726 4235 2854

Y ahí os muestro mis vergüenzas de autora independiente que sigue creyendo que estas cifras tan pequeñas son una infinidad. Porque nacer de la nada y conseguir que ese número de personas descargue tu libro por 2,99€ ya es mucho más de lo que podía soñar. De estas cifras, conseguí sumar 28 opiniones positivas en Amazon, en su mayoría de 5* y con figuras del panorama indie tan sobresalientes como María Fornet, Merche Sáenz, Jesús Carnerero, Joana Arteaga, Gemma Jordán María Laso.

No fue mal, considero. Aunque el esfuerzo fue mucho mayor para los resultados obtenidos. Pero esto funciona así, trabajar muchísimo para obtener un mínimo. Hay otros compañeros que se dejaron el alma y la piel, como es el caso de Lorena Franco que se encuentra entre las flamantes novelas finalistas.

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Aquí las tenemos. Su Viajera del tiempo con 24 opiniones y en los primeros puestos del TOP100 de Sci-Fi durante casi todo el período. A su lado Patas Arriba de Rosario Vila que gozó de cierta popularidad en el concurso y cuyo género es la comedia romántica. En el ecuador, Ningún Escocés Verdadero que desde el primer día batió todos los récords, con 45 opiniones y en el TOP100 de más vendidos de Amazon.

Las otras dos novelas, Hechizo de Luna Lenguaje de mi piel son las que más sorpresa han podido generar. No han tenido mucha visibilidad durante el torneo y sus opiniones son, más bien, escasas: 2 y 5 respectivamente.

Sigue siendo un misterio cuál ha sido la política que el gran gigante de la autopublicación ha tomado para determinar estos finalistas. Sea como fuere, la suerte esta echada. Dentro de un mes sabremos cuál de los cinco títulos se alza con la corona ganadora…¡Mucha suerte!

Y al resto nos toca seguir soñando, pero de otra manera. Y no desistir en este camino tan complicado. Porque las letras deben ser entusiastas y felices…¡A ello vamos!