¡Nuevo logo y nuevo diseño web!

Lo sé, lo sé. Este blog se actualiza los miércoles y también sé que desde que tengo la costumbre de contaros mis novedades también por aquí, además de en mis Redes Sociales (donde os invito a seguirme, en FacebookTwitter e Instagram) estoy abriendo mi casa más de la cuenta… ¡Pero os prometo que no es a propósito! (aunque sé que os gusta tanto como a mí vernos más a menudo).

El motivo de esta actualización es que, como podéis percibir, he modificado el diseño de mi página web para hacerla más visual y resumir un poco mi contenido añadiéndole una portadaPelearme con wordpress ha merecido la pena, ya que hace mucho tiempo que tenía ganas de darle un lavado de cara a mi casa, para que estuviera más vistosa para vosotros. Además, hay que empezar a prepararse para lo que se avecina, ¿no?

Pero no solo eso (por favor, no os vayáis todavía). Y es que de manera tan altruista y desinteresada como siempre, Gemma Martínez ha diseñado un logo. ¡Sí, tengo un logo por fin! (otro pasito más hacia mi marca personal).

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La imagen que ha diseñado para representar este espacio es, en realidad, un escaparate poético de las historias que han formado parte de mi literatura durante estos años: una hoja (Marafariña), un reloj (Todas las horas mueren) y una flor violeta… Espera, espera, ¿una flor violeta? ¿Y eso?

Tal vez se avecinan esos cambios de os que tanto os he hablado. Tal vez están cerca, muy cerca.

¿Qué os parece? ¿Os gusta este nuevo enfoque? ¿Hay ganas de saber qué se esconde tras esa flor violeta?

¡Ah! Y no quiero irme sin antes deciros que, además, mis queridos Gemma y David ha iniciado una locura fantástica. Se trata de un juego de cartas llamado Indie Wars que os explican estupendamente en este post en su sitio web. Y no puedo dejar de mostraros mi avatar (que es, por cierto, ideal para este Halloween):

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Miriam Potter y Letra convertida en lechuza

¡Gracias por leerme de nuevo! ¡Que tengáis un fantástico inicio de semana!

 

 

 

Letras Gallegas 2017

Esto es debido a que se trata de un idioma plagado de matices de los que he bebido desde niña: existen expresiones, palabras, sensaciones y sentimientos que no sabría expresar de otro modo

Tenéis que perdonarme. Esta semana no os traigo una entrada al uso de las que son habituales en este espacio pero, creo, sabréis entenderlo. Existen momentos puntuales en los que es necesario cambiar en tono y me parece que el Día de las Letras Gallegas es una buena excusa para ello.

Sé que muchos de los que os pasáis por aquí, mi casa, vuestra casa, no sois de Galicia. Incluso, otros tantos, ni siquiera sois de España… ¡Ni de Europa! Tal vez no entendáis muy bien qué significa esto de las Letras Gallegas.

En el Portal de Críticas A Librería que dirijo, en el que cuento con la colaboración y ayuda inestimable de David Pierre y  Silvia Paz, hemos dedicado toda esta semana a celebrar la fiesta de la literatura en gallego. Así que os invito a que los paséis por allí para conocer los pormenores de esta peculiar y especial conmemoración de las letras (creo que nos ha quedado una programación de publicaciones muy enriquecedora): El lunes hoy hablé sobre Rosalía de Castro. Y hoy de la figura homenajeada este año, Carlos Casares.

Como escritora y gallega (etiqueta con la que, como sabéis, me gusta autoreferirme) siento un fuerte compromiso con dicha causa. Si bien es cierto que por diversos motivos no he llegado a cultivar mis letras en mi primera lengua materna, en mi vida diaria, en mi trabajo, con mis amigos… me expreso principalmente en gallego. Esto es debido a que se trata de un idioma plagado de matices de los que he bebido desde niña: existen expresiones, palabras, sensaciones y sentimientos que no sabría expresar de otro modo. Fruto de hecho, muchos han señalado diferentes galeguismos a lo largo de mis novelas, sobre todo en MarafariñaY hablando de novelas, ambas transcurren en esta tierra. Sus personajes gozan del carácter cálido e introvertido del gallego más autóctonos. Lamento no haber reflejado más costumbrismo en su lenguaje, para que los lectores hispanohablantes pudieses llegar a conocer la hermosura de sus palabras propias.

Mi gran reto personal es poder volver a escribir en gallego con la tibieza que lo hacía de niña, aportar mi granito de arena a una cultura literaria con una gran historia, una gran pelea por renacer. Ojalá, pronto, pueda llegar a hacerlo.

P.D. ¡Ah! Y aprovecho la ocasión para anunciaros que desde hace unos días, y por tiempo indefinido, podréis disfrutar de Marafariña y Todas las horas mueren en Kindle por solo 0,99€.

Cinco citas para celebrar el #DíaDelLibro

El Día Internacional del Libro es una celebración a nivel mundial para fomentar el placer por la lectura y el reconocimiento de la literatura, en definitiva. El 23 de abril, como ya es harto conocido se celebra el día de Sant Jordi en Cataluña, fecha en la que es costumbre regalar una rosa y un libro. Y, aunque como se suele decir en estos casos, el #DíaDelLibro tendrían que ser todos los días, lo cierto es que me hace muy feliz que exista una fecha señalada para tal motivo.

Yo, como otros muchos, amo la escritura y, cuánto más, la lectura. Y es algo de lo que he querido dejar constancia en las historias que he escrito. Así, para dejar mi granito de arena en un día tan especial (mi fiesta, nuestra fiesta) os dejo cinco citas que podéis encontrar en Marafariña Todas las horas mueren que reflejan el amor por los libros.

Porque sí. Las horas morían. Las vidas morían. Pero los libros, los libros gozaban de la eternidad absoluta. Los libros volvían a nacer cada vez que alguien volvía a leerlos. Volvían a nacer cada vez que se recordaban. Que se sentían. Volvían a nacer infinidad de veces, en diferentes épocas, en diferentes sociedades, en diferentes partes del mundo. Algunas obras habían sobrevivido, incluso, al transcurso de los siglos, desafiando, así, a la mismísima fugacidad de la que apenas nada podía escapar.

—Me encantaría que las leyeses todas —le dijo, una vez hubo cerrado entre las manos ‘Cien años de soledad’ y contemplando la contraportada con ternura—. Todas y cada una de estas obras tienen un pedazo ínfimo de miles de personas. Uno de esos pedazos seré yo ,y cuando tú las leas, las vivas, también serás tú.

—¿Y a ti qué te gustaría estudiar? —le había preguntado Ruth a Olga, cuando ya casi estaban finalizando el segundo plato.
Olga se acomodó en la silla, mostrando seguridad.
—Literatura. Quiero escribir.
—Es la maldición de las mujeres de esta familia —terció Penélope, sonriendo—. Estefanía y yo nacimos con una pluma debajo del brazo. Olga de momento no se ha dignado a escribir, pero devora libros a un ritmo vertiginoso. Hemos nacido únicamente para tal fin… No me imagino hacer otra cosa que no sea dedicarme a esto.

Olivia golpeaba con insistencia las teclas duras de su máquina. Llevaba varias horas envuelta en la droga que suponía para ella escribir, alejada de todo excepto de sus personajes, de su historia que, si bien no era más que pequeños trocitos de ella misma, hacía que se olvidara por momentos de su realidad.

Después, mucho tiempo después, cuando se serenó y logró sobreponerse, volvió a escribir. Y escribió la novela más hermosa y real de toda su vida.
Una novela que nunca llegó a leer nadie, excepto ella misma. Guardada primorosamente bajo llave.