Crónica de la presentación de Misteria en Madrid

El 16 de marzo Madrid se llenó de sueños jóvenes y de sororidad. Podéis permitirme usar estas dos palabras para hablar de la presentación del I Premio Misteria, que tuvo lugar en el Café Libertad 8, en el corazón del precioso barrio de Chueca.

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CRÓNICA DE LA PRESENTACIÓN DE “MISTERIA”

Ninguna de las ocho autoras nos conocíamos en persona, por lo que en un primer momento los nervios y la rareza estaban asegurados. Sin embargo, y tal vez porque todas teníamos en común el sello de #MujeresEnLaLiteratura, bastaron un par de minutos para rodearnos del calor, del compañerismo y de la ilusión. Además, la presencia del equipo tan cercano y profesional de LES Editorial nos facilitó las cosas.

Noelia Gómez se encargó de colocar la puesta en escena y de que estuviéramos lo más cómodas posible. También la presencia de Thais Duthie, autora de la editorial y organizadora de los eventos, fue de gran ayuda. Y, por supuesto, ahí estaba Bárbara Guirao, la editora a los mandos de este precioso proyecto que enseguida nos infundió ánimos y nos explicó cómo iba a funcionar.

Pero lo esencial era que, sin más, fuésemos nosotras mismas.

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Comenzamos con la lectura de un fragmento del relato ganador Bajo la tierra de Teresa Gispert, a continuación cada una de las autoras presentes tuvimos nuestros minutos de gloria para presentar nuestras historias. Raquel Arbeta nos habló con la frescura que la caracteriza de su texto Crimen carmín; yo misma tuve el gusto de explicar lo que disfruté de ambientar A Raíña en mi Galicia natal; Adriana García Ramos definió de dónde surgió y cómo su historia Solo la muerte puede matarmeTeresa Gispert (la ganadora) explicó que Bajo la tierra nace de uno de esos pueblos donde nunca pasa nada y, además, encomió la gran labor de la editorial (algo que, sin duda, todas secundamos); Alba M. Vila habló de dónde nació esa peculiar y preciosa historia de Ónix y ámbar que se alzó como finalista; a continuación, Haizea M. Zubieta resumió por qué eligió el círculo polar antártico para ambientar su relato CírculoElena Romero Bonillala más jovencita, explicó por qué decidió titular su composición Un buen hombre y romper, así, con la tónica de la temática de manera simbólica; Marina Tena, autora de A, de anónimo, nos confesó si sería capaz de matar.

Toda esta charla estuvo muy bien dirigida por Bárbara que, además, nos hizo una pregunta a cada una y tuvo el detalle de hablar de los relatos de las autoras que no habían podido asistir. También tuvo lugar un breve coloquio sobre la importancia de las mujeres lesbianas en las novelas negras.

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Lo más bonito de todo fue ver que a pesar de ser tan diferentes entre nosotras, y que expresábamos nuestra literatura de manera muy dispar, todas teníamos el foco en un objetivo común que ha convertido este Premio Misteria en una experiencia tan enriquecedora: la necesidad de la visibilidad de mujeres LGBT+ en nuestra literatura.

Cabe decir que aquel emblemático local de Madrid estaba a rebosar. Amigas, familiares, curiosos y lectoras fieles nos arroparon con un respetuoso silencio, acompañándonos en las carcajadas y, además, nos regalaron más de un aplauso que fue muy bien recibido. Aquello fue una muestra crucial de que la decisión de LES Editorial por apostar por una antología de relatos de género negro protagonizados por nosotras fue más que acertada.

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Para finalizar, tocó afilar nuestras plumas y firmar, todas juntas, todos esos Premios Misteria hechos con tanto mimo, ilusión y cariño. Por mi parte, me quiero quedar con ese momento: las ocho, apelotonadas en una mesa, firmando sin parar y compartiendo charlas, risas y emoción. Realmente enriquecedor.

Podéis adquirir vuestro ejemplar de Miseria en la página web de Les Editorial y en los puntos de venta

Presentamos Misteria en Madrid con Les Editorial

Este año ha empezado con fuerza y con ganas. Parece que me he tomado al pie de la letra aquello de Una Mujer Nueva, porque realmente estoy haciendo cosas que hacía muchísimo tiempo que no podía hacer. Y, lo mejor de todo, es que estoy disfrutando con ellas.

Sí, hace nada estuve en Barcelona presentando mi relato de Actos de Fe, Dor (cuyo ejemplar podéis adquirir en la página web de la editorial y en los diferentes puntos de venta).

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Presentación en Barcelona con Israel Alonso, Caryanna, Laura S. Maquillón, María Antonia y una servidora

Y este mes de marzo que está a punto de comenzar nos espera Madrid para presentar los relatos ganadores y finalistas del I Premio Misteria conovocado por mi tan querida y admirada Les Editorial. Poco puedo decir de la ilusión tremebunda que me hace poder estar presente junto con ellas, tan arropada y tan acompañada, hablando de la historia tan íntima y personal para mí que conseguí con el relato A Raíña.

Aquí tenéis la invitación oficial… ¿Nos acompañáis?

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De parte de la organización de la editorial, os agradecería que rellenaséis el formulario de asistencia al evento que os dejo inmediatamente abajo:

Formulario de asistencia a los eventos

Además, y como parte de la programación, podéis seguir en hastag #AskMisteria en Twitter para lanzar preguntas que responderemos en la presentación. Y, gracias a la magia de las teconologías, si no podéis asistir, podréis seguir a través de un directo en el Instagram de la editorial.

Si tenéis alguna duda, podéis escribirme sin problemas o enviar un e-mail a  eventos@leseditorial.com que os esclarecerán todo y más.

¿Nos vemos en Madrid, #MujeresEnLaLiteratura?

 

 

¡Y no olvidéis que David Pierre y yo seguimos seleccionando relatos de amor para la antología convocada por Pluma de Cristal! Tenéis hasta el 25/03/2019 para enamorarnos… ¡Esperamos vuestras historias!

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Selecciono relatos de amor con David Pierre para Pluma de Cristal

Las cosas a mi alrededor parecen querer ayudarme y empujarme a convertirme en esta Mujer Nueva. Y es que mi cabeciña de escritora bulle con ideas y proyectos que no paran de aparecer delante. Esto me ayuda a estar activa, a mantenerme en esa faceta de mí que más me gusta y me llena. Y me mantiene viva: la literaria, la del amor por las letras. La que en realidad soy, en definitiva.

Además, he desarrollado la buena costumbre de rodearme de personas de luz, a las que quiero, y me quieren. Y mantienen mi corazoncito rodeado de calor y cariño. Una de estas personas, la más especial, la de siempre, mi gran hermano literario es David Pierre. Como sabéis, con el co-dirijo el portal web A Librería y la mayor parte de mis sueños. Es él el que me ha arrastrado hasta aquí.

Y es que, junto con él, formamos parte del jurado de recepción de los relatos de la antología El Primer Amor convocada por la editorial Pluma de Cristal:

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¿Qué clase de relatos buscamos?

Buscamos relatos que reivindiquen la importancia del género romántico y que, al mismo tiempo, sean capaces de adaptarlo a los nuevos tiempos. Que viajen más allá de géneros, de singularidades y de tópicos. Buscamos amor libre, con visibilización LGTBQ+ y con absoluto respeto. Y, por supuesto, queremos relatos románticos con un claro enfoque feminista. El contenido erótico también se admite, pero no como género principal.

Podéis consultar las bases al completo en la web de Pluma de Cristal y contactar conmigo o con David si tenéis alguna duda. Solo me queda que afiléis vuestras plumas, entreguéis vuestros corazones y escribáis como tan bien sabéis hacerlo… ¡A enamorarnos!

 

¡Y voy a estar en Barcelona!

Si sois de esa ciudad y queréis verme, el sábado 23 a las 18.30h voy a estar presentando junto con mis compañeras y la editorial la antología de relatos Actos de Fe (que incluye mi relato DOR) en la Tienda japonesa de Eikyō. ¿Nos vemos?

 

 

 

Sobrevivir en estos libros

«¿Cuándo?» decía yo, queriendo decir: ¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo nos sostendrán los libros, el amor? ¿Hasta cuándo serán los libros y el amor más fuertes que esta frase: Un día acabaré por matarme?

Caroline Lamarche, La memoria del aire.

Me he tomado a rajatabla eso de tener tiempo para mí. No sabéis todo lo que estoy leyendo y escribiendo. Y también haciendo mucho ejercicio. Dedicando mi vida y mis energías a mí, a la terapia activa que estoy siguiendo, a volver a ser otra yo. Es un camino difícil pero, tengo que decirlo, es hermoso. El autodescubrimiento siempre me ha parecido algo fascinante.

Lo primero que he intentando hacer es dejar de sufrir mientras escribo. No quiero que duela. Aconsejaba en una presentación mi admirada Rosa Montero que, con los años, hay que aprender a tomar distancia de lo escrito y de nuestras propias novelas. En un primer momento, yo no fui quien de entenderlo. Hoy por hoy, creo que sí, que sé lo que quería decir. Por eso yo también os digo (y me digo): separaos de ellas, que no os toquen demasiado, que no sean vuestro motivo primero para sobrevivir. Encaramarse a algo tan frágil como la literatura es muy peligroso.

Lo segundo es buscar silencio de manera desesperada. Hacía tanto tiempo que no me escuchaba, que no acercaba mi oído a mi propio dolor emocional e intentaba saber qué quería decirme. Ha sido curioso. Me sentía siempre sola y lo único que había ocurrido es que me había dejado sola a mí misma, totalmente abandonada de mis intereses. ¿Cuánto hacía que no escribís por mero placer? ¿Cuándo fue la última vez que me senté a releer mi propio libro, como tanto me gustaba hacer?

¿Por qué, Miriam, has dejado de dedicarte tiempo a ti misma?

Lo tercero ha sido leer. Leer. Leer. Leer libros de mujeres que, como yo, buscan desesperadamente sobrevivir y sobrevivir(se). Esto (y no se bien a qué me refiero con esto) me acompaña desde que soy una niña y sigue ahí, encaramado. Es un poco duro de admitir que siempre va a doler, pero me hace estar altera, no perder nunca la perspectiva. Esta tristeza que me acompaña me hace anhelar la felicidad. Por eso me esfuerzo tanto por reír, por hablar con mis amigas, por conocer escritoras y amantes de los libros con las que charlar durante horas de cosas que solo nosotras entendemos. Leer, leer. Incluso había dejado de disfrutarlo.

«M» me dice que lo más difícil ahora es mantenerme. Pero dice que ella tiene fe en mí. Dice que mi predisposición por quedarme aquí, en este filo, es admirable. Así que ahí me mantengo, me sujeto a las páginas en las que voy escribiendo mi presente y aquí me mantengo.

¿Sabéis? He terminado de escribir un libro esta semana. Otro libro más. Quiero gritar y contaros muchas cosas de esta historia y de las mujeres que aparecen en ella. Pero todavía es pronto.


 

2¡Y hablando de nuevas publicaciones! Ya ha salido a la venta la antología Actos de F.E.: El Hambre, editada por Cerbero donde podéis leer mi relato DOR. Podéis adquirirla en su página web y en los diferentes eventos que habrá en Madrid y en Barcelona.

Por cierto, si vivís en Barcelona, ¿hacéis algo el 23.02.2019?

 

 

Una Mujer Nueva

No tenía muy claro cómo ir retomando mi actividad después de la desconexión. Entonces tomé la decisión de no planearlo, de no pensar cuándo, ni cómo ni por qué. Que lo hiciera cuándo me apeteciera, cuando sintiera que tenía ganas de volver a hacerlo sin presión. Disfrutando de ello. Si yo disfruto, sé que vosotras también.

Me he tomado mi tiempo para reflexionar y, me temo, me lo seguiré tomando. Es más, me lo tomaré durante toda mi vida si me lo permitís. ¿Os suena diferente esta Miriam? Sí, me siento como una mujer nueva. No sé cómo ha ocurrido, no sé de dónde ha salido exactamente el impulso, pero estoy aquí y mi voz es diferente.

Todavía no sé qué me deparará este nuevo 2019. Bien, siendo honesta, algunas cosas sí que las sé… pero vosotras las conoceréis a su debido tiempo.

Sea como fuere he estado, estoy y estaré trabajando mucho en proyectos literarios. Algunos a corto plazo, otros a largo y otros sin fecha definida. Es curioso como al tomar perspectiva y dejarme respirar he conseguido encontrar el impulso necesario para continuar.

Tal vez no esta tan perdida como creía, tal vez solo un poco abrumada por un cúmulo de circunstancias. ¿Vosotras qué créeis? 

Libros Prohibidos publica mi relato de metaficción El tiempo de las cerezas

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Mis compañeras de Libros Prohibidos han publicado mi primer relato de este 2019. Una historia muy breve de fantasía y metaficción. La protagonista es una niña sin nombre y su amiga Septiembre. Yo que vosotras estaría muy atenta a estas dos mujeres, porque es probable que en un futuro sepáis algo más de ellas…

Podéis leerlo gratuitamente aquí.

A Librería da un paso adelante.

Mi habitación propia, mi otra casa. Nuestro proyecto web de divulgación literaria, que ya va camino de los tres años de vida, no para de crecer y expandirse. Hace poco anunciábamos que dábamos un paso adelante, un lavado de cara, que íbamos ofrecer cosas nuevas. Allí me podéis leer hablando de:

  • Mujeres en la literatura
  • Entrevistas
  • Editoriales emergentes
  • Clásicos necesarios
  • Artículos de divulgación

Aquí podéis echar un vistazo a mis primeras entradas del año:

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Seguimos dando voz a las autoras en nuestro podcast #CaféLibrería.

Inauguramos el año en nuestro podcast #CaféLibrería con un programa hecho a mí medida. Hablamos de Una Amiga Estupenda, tuve el gran honor de hablar de escritoras mujeres y lesbianas con Pilar Bellver, y analizar con ella su última novela  V y V Violación y Venganza en una charla enriquecedora.

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Leyendo novela lésbica para HULEMS.

Sí, el año pasado ya me pudistéis leer por el portal de referencia lésbica más reconocido de nuestro país. Y es que HULEMS (Hay Una Lesbiana En Mi Sopa) se dedica a otorgarnos la visibilidad que merecemos. He comenzado este año reseñando novelas croquetas para ellas. Espero que os guste esta nueva faceta y descubráis muchas autoras nuevas y diferentes.

Mis últimas entradas han sido:


Y esto es todo por el momento.

Yo ya estoy disfrutando de esta nueva Miriam, ansiosa por descubrir libros nuevas e historias propias. Y vosotras, ¿os quedáis por aquí?

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Photo by freestocks.org on Unsplash

Réquiem. [2018]

Me he puesto a releer todas las entradas de este año poco a poco. Para recordarme a mí misma sobre qué podía escribir este post. Algo que fuera más allá de un dolor personal íntimo y un desencanto poderoso. Tengo un sabor agridulce en el alma (¿a caso puede tenerse otro sabor para hablar del fin de algo?).

Tiré con ansias de esta mochila llena de sueños al arrancar este 2018 que se me venía encima y ha superado incluso a las dificultades del año anterior. Son como rocas que van cayendo encima. ¿Los años? ¿La realidad cada vez más apremiante? ¿Que llueve mucho más a menudo? ¿Que la soledad no es un sentimiento fácil de mitigar? No lo sé. Aun con todo lo que he vivido, me siento una poderosa ignorante. Una inexperta.

Recuerdo que empecé enero con muchas ganas de leer y escribir sobre Mujeres en la literatura. En ellas (gracias, gracias, gracias por acompañarme) encontré la mayor parte de mis motivos y encontré esa fe que sentía haber perdido. Pero recuperar la fe no es una tarea fácil. Yo diría que es imposible.

Supongo que me voy a pasar toda la vida intentando encontrarle el sentido a un mundo que no para de renacer.

He vuelto a escribir mucho sobre mí, exponiéndome en cierto modo. Nunca me había pasado, pero por primera vez, desnudarme de esta manera me hizo sentirme vulnerable y sentí miedo. Desde esta perspectiva, me he arrepentido de abrir mi alma de tal manera. Siento que he dejado salir mis debilidades; y hacerlas conocer puede resultar peligroso. Pero ser escritora es esto, ¿cómo puedo negarlo? ¿Acaso no estoy preparada todavía para la valentía que implica todo esto?

Aún así, quise sacar algo de coraje y seguí hablando de mí, de vosotras y de otras mujeres a las que conozco y que no están libres de estigmas. Hablé de cómo pueden influir nuestras mentes y sus dolencias en la forma de entender nuestra literatura.

¿Por qué me está costando tanto rememorar? Antes de traspasar esta palabras a este blog estuve escribiéndolas en mis cuadernos. Últimamente tiemblo al empuñar la pluma. Que alguien me la quite del pecho, por favor. Lo hice con tanto ahínco que mis dedos se mancharon de tinta. Incluso las palmas de mis manos. Las escondía para que nadie las viera, aunque era ridículo. Aunque pudieran ver los rastros de mis letras, jamás adivinarían qué contenían. Mi auténtica verdad aparece velada a los ojos ajenos.

Pero a mí no me dais miedo vosotras. Vosotras me hacéis quereros. Me hacéis quererme. Vosotras, las que sois pocas pero tan grandes. Las que habéis creído y apoyado esta pequeña literatura. Que habéis llenado de sororidad este espacio

A vosotras que os he leído durante todo el año, pero con especial cariño durante el mes de octubre. A vosotras que tuve el gusto de conoceros y abrazaros en el Celsius de este año, mi primera vez y no será la última. Vosotras que me enseñáis el significado del amor real y del que no lo es. Vosotras que me llevasteis a conseguir todo lo que he conseguido este año:

La inauguración de mi canal de Youtube.

La publicación de mi relato El tren en Lektu (finalista del XI Premio de Cuentos de Melilla).

El inicio del precioso podcast Café Librería dónde hablamos de literatura y de autoras.

El ser finalista en el Premio Misteria de Les Editorial

El ser seleccionada para la Antología Actos de Fe de Editorial Cerbero.

 

La publicación mi tercera novela, Inflorescencia. La conclusión de una vida anterior.

 

Y, ¿después?

Después mi habitación propia se queda vacía.

Después, a pesar de todo, mi habitación propia está vacía.

Y esta escritora se siente cada vez más y más transparente.

Porque así me he venido sintiendo. Así me siento. Y no sé durante cuánto tiempo así me sentiré. Los círculos que van creando en el río las piedras que tiro, esas que llevo en mis bolsillos, son todavía pequeños, difusos. Supongo que tienen un mensaje, pero yo no lo sé interpretar. Lo dicho, tenéis que perdonarme. Soy torpe e ignorante todavía. Llevo años tropezándome con mis propias piedras.

Releyendo mis entradas, como os decía, he leído a una mujer cansada. Una mujer rodeada de un aura de soledad muy profunda, que está alrededor pero que nace dentro de sí también. Nace y brota de una eterna fuente que quiero cerrar, pero lo único que puedo hacer es bebérmela día tras día.

También he encontrado ganas de renacer, de florecer, de recuperar la frescura.

Pero, ¿eso cómo se hace? ¿Cómo se deja de ser lo que se es y se es algo nuevo? ¿Algo mejor? ¿Cómo se limpia la negrura de entre los pliegues de los sentimientos?

¿Vosotras sabéis cómo se hace?

No es nada sencillo el camino hacia el autoconocimiento. Nada. Por eso, muchas veces, nos olvidamos de nosotras mismas y de saber quiénes somos. A mí también me ha pasado.

No solo me he sentido transparente para el resto, sino también a mis propios ojos. Mis manos. Mi alma. Mis motivos.

Pensaba que todo estaba bien pero era más sencillo que eso.

Simplemente, me limité a no estar.

Y ahora, tan solo supongo, que tengo que llenarme. Descansar.

Encontrar lo que he perdido. O tirado.

Ahora tengo que recuperar el aliento.

M.B.V

Diciembre, 2018


 

Las pesadillas y mis miedos

Le tengo miedo a la oscuridad desde que soy una niña.

Creí que esto se iría cuando fuera haciéndome mayor. Pero al crecer y convertirme en el intento de mujer madura que soy ahora, ese miedo se ha convertido en terror. Entre las sábanas (tan frías, qué frías están) de la cama me siento vulnerable ante un todo que me abruma.

Aunque puedo decir que los fantasmas que me asustaba cuando era pequeña han ido cambiando. A veces me asusta más lo que hay afuera de mi habitación que lo que hay en ella. Ya no son las sombras lo que me atemoriza, ya no es un monstruo bajo el colchón. Ya no se trata de criaturas mitológicas que ideaba mi infantil imaginación. Tampoco es el miedo a la llegada del armagedón que me pillara llena de pecados y de lastres, el no superar la prueba final de un dios del que me sentía atemorizada.

Y no, ya no me aterra sentir lo que siento, ser cómo soy y aceptarme. Ese letargo ha sido terrible pero ya lo he dejado atrás. A veces si pienso en la cantidad de noches asediadas de pesadillas por odiarme siento un dolor intenso y me gustaría poder haberme ahorrado ese sufrimiento tan vacío.

Pero el terror sigue ahí. Es el terror a la ansiedad. El terror a no comprenderme.  El terror a mí misma y el miedo a mis propios pensamientos. ¿De dónde salen y quién les ha dado permiso a entrar aquí, en mi paz que ya no existe? Es el terror a que suene el teléfono móvil de madrugada. La angustia de tener que decir adiós. De tener que despedirte. De tener que despedirme.

La desesperanza de que me tiemble la mano al acariciar el otro lado de la cama y que ella no esté allí esa noche. Ni la siguiente. El temor a mirar el calendario y leer en él tan solo ausencias, tan solo el no estar. El temor a mirar el calendario y no encontrar fuerzas de afrontar ese día.

Esa semana.

El horrible pozo del fin de semana.

Ahora apunto las pesadillas al despertarme. La primera libreta se ha llenado y hoy he empezado otra. Subrayo las palabras que se repiten.

El miedo a la soledad, el miedo a quedarme sola.

El miedo al silencio.

La enfermedad. La enfermedad. La enfermedad.

La enfermedad y su soledad. El perderme. El ciclo. Que se vuelva a repetir. El ver las sombras en la pared y no reconocer mi propia silueta. El ver mi rostro y que no me guste.

No, que no me guste no. Mejor: el ver mi rostro y que esté lleno de lágrimas y de mocos. Y de ojeras de no dormir. U ojera de dormir demasiado pero soñando cosas que me dan miedo, como una tortura extraña.

Dejo dos lucecitas encendidas. Una en el pasillo y otra dentro de mi cuarto. Cuando me despierto sobresaltada ellas, tan generosas, crean iluminación para que mis sentidos físicos sepan ubicarse. Me aferro a la cama.

El gato está encima de mí. La gata ronronea a mi lado.

Parecen decirme que está todo bien.


 

¿Quieres ver también mi último vídeo del año?

 

Photo by Mink Mingle on Unsplash

[SORTEO Y RETO] Os regalo Marafariña, Inflorescencia y Todas las horas mueren para despedir 2018

Hace ya unas semanas que no escribo por aquí. No voy a poneros excusas porque me prometí no hacerlo, pero solo os diré (porque os lo merecéis) que estoy curándome por dentro y por fuera. Aunque sigo escribiendo y ya falta menos para que os puedo contar más sobre de qué se trata.

Pero ahora 2018 nos va diciendo adiós. El año en el que cerré un triángulo de novelas importante para mí, que me define y me va a definir siempre. Sé que las conocéis de sobra, las hayáis leído o no. Pero me apetece hacerlas vuestras, regalároslas. Para que las queráis, para que me tengáis en vuestra casa. ¿Y cómo? Pues muy fácil, con un sorteo especial de #Navidad.

Podréis conseguir un ejemplar físico y firmado de cada una de ellas siguiendo estas sencillas instrucciones y… ¡PROPONIÉNDOME UN RETO!

¿Y CUÁL ES EL RETO?

¡Voy a escribir un relato que se publicará en pago social en Lektu!

¿Y cómo? Con las ideas que me dejéis en los comentarios de mis diferentes Redes Sociales.

La idea es que desafiéis a esta escritora intimista e #intensa a salir de su zona de confort.

Mediante un sorteo, se seleccionarán ALEATORIAMENTE vuestras ideas y escribiré un relato que mezcle una de cada Red Social. Vamos, una absoluta y maravillosa locura.

Y lo más importante, las ideas seleccionadas ganarán  un ejemplar de mi particular trilogía:

 

Marafariña EN FÍSICO Y FIRMADA

SORTEO en mi PÁGINA DE FACEBOOK

Ruth siente un vínculo especial, esotérico, con Marafariña. Su propio corazón, su latido, es inherente al propio pulso de una Marafariña que la ha acompañado siempre, en cualquier faceta de su vida. Apenas ha necesitado nada más para sobreponerse a su compleja situación personal: toda su existencia está sometida a unas poderosas y restrictivas creencias impuestas por sus padres, a raíz del fallecimiento de su hermano mayor. Enfrascada en una vorágine de obligaciones, siguiendo el camino estipulado sin replantearse ninguna de sus pautas, sobrevive enfriando sus sentimientos y anulado sus deseos o su curiosidad.

Sin embargo, la llegada de Olga a la solitaria aldea parece desbarajustar el equilibro y la paz de Marafariña y de la propia Ruth, como si repentinamente, la inmutabilidad de la Naturaleza del lugar y de la muchacha se resquebrajasen como las otoñales hojas secas. A partir de entonces, el virginal bosque de emociones en el que vivía Ruth, se ve surcado por millones de nuevos caminos, nuevas posibilidades y nuevos sentimientos, que le provocan un doloroso, a la par que hermoso, despertar personal.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Es muy sencillo:

  1. Dad me gusta a la Página de Facebook y al post
  2. Compartid el post públicamente en vuestros muros
  3. Dejad en los comentarios vuestra idea (o ideas, cuántas más, más posibilidades de ganar) para un relato breve.

 

Todas las horas mueren EN FÍSICO Y FIRMADA

SORTEO en mi PERFIL de INSTRAGRAM. 

El Café de Fontiña se ha convertido en el alma de una villa. Allí, las horas parecen eternizarse. Las tazas están siempre a rebosar, las estanterías plagadas de libros y en la barra lucen siempre unas flores vivas y frescas.

Tras dos décadas, la anciana dueña, Olivia Ochoa, no encuentra motivos suficientes para levantarse y seguir manteniendo la esencia de su Café. Las horas pasadas, como almas perdidas, regresan a su presente y le anuncian que su final no tardará demasiado.

Pero todavía no.

Porque Dorotea llamará a su puerta, como lo hizo Laura, como lo hacen los fantasmas. Y el tic-tac de la escritora deberá seguir sonando, porque sus horas no están resueltas a terminarse.

Más sencillo todavía:

  1. Seguidme en Instagram.
  2. Dadle like a la imagen.
  3. Dejad en los comentarios vuestra idea (o ideas, cuántas más, más posibilidades de ganar) para un relato breve.

 

Inflorescencia EN FÍSICO Y FIRMADA

SORTEO en mi PERFIL de TWITTER. 

Una buena nueva guiará la vida de Ruth de vuelta a una Marafariña que luce sola. Lo que ella no podría imaginarse después de la catástrofe del Prestige, era encontrarse que luciría una espesura blanca.

Han pasado años desde que abandonó la libertad y su ser de esas tierras, pero tal vez nunca son demasiados cuando se acerca al tintineo hipnotizante y fresco del río, cuando se enfrenta ante la iglesia tapiada de recuerdos o cuando alcanza la inmensidad de la playa.

Nunca es demasiado tarde cuando la tierra todavía es capaz de florecer.

“Las flores mismas han aparecido en la tierra, el mismísimo tiempo de la poda de las vides ha llegado, y la voz de la tórtola misma se ha oído en nuestra tierra” (El Cantar de los Cantares 2:12)

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Y por último en Twitter:

  1. Seguidme en Twitter.
  2. Dad RT al Tweet del sorteo fijado en mi perfil. 
  3. Dejad en las respuestas (en forma de hilo) vuestra idea (o ideas, cuántas más, más posibilidades de ganar) para un relato breve.

El sorteo comienza hoy, lunes 26 de noviembre y termina el 28 de noviembre a las 23:59h. Lamentándolo mucho, solo podré realizar los envíos dentro del territorio nacional.

¡Mucha suerte a todas y Felices Letras!

Sigue leyendo “[SORTEO Y RETO] Os regalo Marafariña, Inflorescencia y Todas las horas mueren para despedir 2018”

Leerla es sagrado

Leer a alguien es una muestra importante de fe y dedicación.

Leer a alguien puede ser algo parecido a hacerle el amor. Pero entended aquí, queridas mías, esto de hacer el amor cómo algo que no tiene nada que ver con el acto sexual. No al menos en este caso.

Y haciendo un poco de análisis morfológico, ese «la» de leerla es referido a alguien en concreto. Tal vez a una amiga. A un amigo. A alguien a quién admiro mucho. O tal vez solo estoy hablando de mi misma, en este duro egocentrismo que a veces arrastro y no puedo desprenderme de él. Perdonadme, perdonadme como yo tengo que hacerlo todos los días.

Solo quiero decir que cuando me siento en mi cafetería favorita (se llama Chicori@, trabajan mujeres maravillosas, se ve el bosque y el río desde la terraza) y abrazo su libro en mi regazo siento que la amo. Pero la amo de verdad. Y mientras acaricio el leve relieve de la tina impresa en las páginas, siento que estoy acariciando también las horas de soledad, las lágrimas de frustración, el esfuerzo titánico de abrir el alma y el silencio. Ese silencio extraño, denso como lo que es real, que acompaña a todas esas máquinas de escribir. Como su maldición.

Desde la cafetería también se ve la iglesia. A veces escucho sus campanadas. Ya sabéis mi opinión al respecto de la religión, pero gracias a esa enorme cruz de hierro me he acordado de la palabra que concluye el título de este post. Hablo de fe, hablo de liturgia, hablo de creer y hablo de lo sagrado. ¿Sabéis que para los Testigos de Jehová el bautismo significa dedicación? Algo he aprendido de todo esto. Muchas cosas, en realidad.

Soy la mujer que lee en esa cafetería y estoy con ella. Con esa otra mujer que ha escrito esta historia. Suya, que ahora tomo para mí, porque leer es un acto tan precioso cómo egoísta. El avance de las páginas me retuerce las tripas, porque llegar al final de algo siempre duele y es dulce a la par.

¿Sigo leyendo?

Cierro el libro y me lo llevo al pecho. Lo huelo. Huele a deseos y a angustia por partes iguales. A ilusión y a crecimiento. A ambición y a victoria.

También es sagrado el olor de los libros.

Photo by Larm Rmah on Unsplash


¿Te has quedado con ganas de más? Puedes leer mi último [HILO] en Twitter sobre la ansiedad y el perdón.

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La escritora transparente

Si miro mi mano a contraluz (pero no sé de dónde viene la luz) veo letras a través de la piel. Por mi sangre corren palabras disueltas, algunas no significan nada y otras lo significan todo. La claridad atraviesa, entonces, mi cuerpo entero como si fuera un algo sin materia, difuso, sin forma. Como una nube que se puede tocar pero se desparrama y huye. Huye sin huir. Entonces se forma un humo rosado que lo envuelve todo, impide que se pueda ver.

Ser escritora es un poco esto.

No sé por qué escribo esta entrada y pienso en mi compañera Ana Castro. Encima de la mesa tengo su fanzine 2º Izquierda. El librito se ha vuelto semi invisible cuando mi mano traslúcida lo ha tocado. Al recordar a Ana pienso en la literatura que nos une y pienso, también, en el dolor que ella conoce tan bien y que todas conocemos en realidad. Acaricio su pequeña obra y espero que, a pesar de los kilómetros que nos separan, sienta esa caricia. Sé que a ella, como a otras muchas locas que escriben, me he unido porque no soporta a veces esta sensación de soledad y no existir. Soy tan transparente que me tropiezo con el suelo que no soy capaz de mantenerme en pie.

Pero siempre estoy de pie. O flotando. Y me elevo. Con las plumas saliendo de mis uñas y la tinta, que es mi sangre, dejándose caer por los folios en blanco. Es como un hechizo maldito al que soy adicta y del que rehuyo constantemente. ¿Sabéis? De algún modo crezco y me pertenezco, pero cuanto más me acerco a mí más lejos me encuentro. Soy literatura, pero también soy una mujer que duda y tiene miedo. Miedo de lo que hace, miedo de por qué lo hace y miedo de a dónde la llevará este camino.

Cuando me siento a escribir aquí quiero decir tantas cosas que al final siento que no digo todo lo que quería decir. Me doy cuenta de que soy incluso transparente para mi propia voluntad, que mis palabras son anárquicas y vuelan a dónde se les antoja. Pobriñas, ellas no quiere tener dueña, no quieren pertenecerme. Pero yo sé de dónde surje este concepto y a dónde pretende ir, lo que es más difícil hacerme comprender a mí misma. Cuando intento encontrarme, vuelvo a perderme.

Creo que la vida no es más que un intento de encontrarnos a nosotras mismas, a nuestra propia voz. Esto lo leí en Feminismo terapéutico de María Fornet. A veces siento que mi voz es tangible, fuerte y sonora. Otras es frágil, no puedo ni escucharla, mucho menos transmitirla. Vuelvo a ser inexistente frente al mundo, y cómo me cuesta. La imposición a no existir pesa en mi corazón, que pasa de ser violeta a ser negro en un pequeño segundo profundo.

Últimamente me preguntáis si estoy bien. Yo también me lo pregunto a menudo, no os creáis. ¿No os parece una pregunta muy difícil de contestar? Creo que lo que necesito es dejar de ser una escritora tan transparente. De algún modo, necesito regresar aquí, pisar el suelo otra vez, agarrar la pluma y arrancar eso que no quiero arrancar porque tengo miedo de irme otra vez.

De agotarme.

Y miedo, también, a llegar a dónde quiero llegar y ser feliz. 

Photo by Audrey Fretz on Unsplash


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