El egoísmo

Me voy a permitir citar de la obra La ridícula idea de no volver a verte de mi admirada Rosa Montero para comenzar esta reflexión:

#HonrarALosPadres, pues: qué tremendo mandato, qué obligación subterránea y a menudo inconsciente, qué trampa del destino. Crecemos con el poderoso mensaje de nuestros progenitores calentándonos la cabeza y a menudo terminamos creyendo que sus deseos son nuestros deseos y que somos responsables de sus carencias.

Y, tras esto, hablemos de los sueños.

Los sueños que parecen pertenecer a los ilusos, aquellos que no se resuelven a dejarse someter por la vida y sus miserias. Aquellos que a pesar de todo lo que pueda ocurrir, siguen empeñándose en sacar fuerzas, sacar energía y alegría de donde sea posible para continuar haciendo aquello que anhelan hacer. ¡Qué ilusos y optimistas! ¡Qué patéticos! ¡Y qué egoístas!

Estas metas ensoñadoras pueden ser de muchos tipos y formas, pero quiero centrarme en el arte y, más concretamente, en la literatura. Al fin y al cabo, es lo que a mí más me atañe, lo que me da la vida y lo que espero que me lo siga dando hasta mi finitud. No quiero dar un mensaje tremendista pero, con honestidad, no perdamos nunca de vista el final del camino, no vaya ser que no tengamos tiempo a ser o hacer lo que pretendíamos.

Todos, en mayor o menor medida, cosechamos y trabajamos por algo. En mi caso particular, mi amor absoluto por las letras lo rodea todo. Cuando estoy en casa, cuando voy a trabajar, cuando hago ejercicio, cuando juego con mis gatos, cuando cocino, cuando estoy con mis amigas. Incluso, cuando estoy con mi familia.

Estos sueños requieren de tiempo y de una dedicación plena.

Cuando algo nos llena, nos hace felices, tenemos la mala costumbre de hablar de ello a todo el mundo, siempre y cuando se nos presenta la ocasión. No es algo aislado el hecho de recibir juicios de valor de aquellos que nos rodean, tal vez no con malicia, pero sí con sinceridad.

He escuchado muchas veces, demasiadas, la palabra hobbie para referirse a lo que yo hago. Un hobbie. El hecho de pasarme horas y horas escribiendo, corrigiendo, leyendo, pensando, volviendo a leer es un hobbie. El hecho de aprender la mejor forma de hacer llegar mis novelas al público en las Redes Sociales es un hobbie. La cantidad de correos electrónicos que hago llegar a Blogs de reseña y a buzones de editoriales mudos son un hobbie. Las horas de sueño sacrificadas son un hobbie.

Independientemente de tan burda definición, quería hacer hincapié en otra cosa. Estos sueños requieren de tiempo y de una dedicación plena. Dicho hobbie no se acalla con echar unas partiditas a un videojuego, jugar al badminton o ir de cañas. Requiere una rutina precisa, un tiempo que en la mayor parte de los casos tenemos que sacar de nuestro ocio, pues tenemos otras obligaciones laborales o familiares.

Es triste decirlo, pero he conocido el bienestar conmigo misma y con mi vida muy recientemente, y eso ha sido a base de ser más egoísta.

Hace muchos años que escribo, pero hace tan solo cinco que me he dedicado a ello de manera más constante y determinada. Esto ha sido fomentado principalmente por el hecho de que me he independizado, he dejado el nido. Y a esto viene la cita inicial, el dichoso #HonrarAlPadre y #HonrarALaMadre. Fue complicado irme de casa, más allá del factor económico, lo fue la culpabilidad que me fusilaba.

Fue un proceso difícil el de despertar el egoísmo y aprender a centrarme en lo que yo deseaba hacer. Es triste decirlo, pero he conocido el bienestar conmigo misma y con mi vida muy recientemente, y eso ha sido a base de ser más egoísta. Por supuesto que tenemos que querer y cuidar a los nuestros, pero lo primordial y lo más importante es aquello por lo que queremos luchar y nos hace felices.

TENEMOS DERECHO a dedicarnos y a cuidarnos a nosotros mismos, y también a ESCRIBIR si eso nos llena y nos hace felices. Nadie tiene el derecho de juzgar si es una pérdida de tiempo, un burdo hobbie, si no sirve para nada. #HónrateATiMismo antes que al resto del mundo. Homenajéate, sé libre.

Las opiniones y críticas: ¿Cómo conseguir que los lectores valoren nuestro trabajo?

Escribamos algo de categoría, con clase, con talento. Una historia nueva, o renovada, que no solo invite a su lectura, sino que invite a seguir hablando de ella una vez que el e-reader se ha apagado.

¡Dos meses desde que comenzó el Concurso de Amazon 2016 que ya está tocando a su fin! Al menos en lo que el período de promoción se refiere, ya que tendremos que esperar hasta finales de septiembre para conocer a los cinco finalistas de tal batalla.

Aunque en las condiciones oficiales se precisa únicamente que, además de la viabilidad comercial, se tendrán en cuenta otro factores como la originalidad del argumento o la calidad literaria, son muchas las especulaciones con respeto al gran misterio de los criterios de Amazon para dicha selección. De hecho, los rankings que han podido seguirse para aventurar algunos títulos que, tal vez, pueden tener la oportunidad de llegar a lo más alto, son bastante inestables y diferentes entre sí.

Las opiniones y valoraciones que cada novela luce en su ficha por parte de los diferentes lectores puede ser un punto a favor para la visibilidad y para impulsar nuevas compras. Estamos hablando de un punto clave para los escritores porque, además, les permite saber qué sensaciones está causando su nueva obra. Es una especie de foro de intercambios donde el autor puede responder a dichos comentarios y crear un debate sano desde el respeto (es la imagen que interesa y debemos dar, como profesionales).

Muchos me habéis preguntado cómo obtener estas valoraciones, algo que es una hazaña titánica. No solo queremos que una persona descargue nuestra novela y la lea, queremos que deje constancia de qué es lo que le ha gustado, qué es lo que no y si recomendaría el libro a otras personas. No soy, ni de lejos, la autora independiente más valorada, pero sí que en la publicación de mis dos primeras obras he conseguido un número nada desdeñable de estrellitas acompañadas de valoraciones bastante extensas y honestas, lo que siempre es un criterio muy valioso a la hora de elegir algo nuevo que leer (en Agosto 2016, Marafariña tiene 57 comentarios, y Todas las horas mueren 22).

Hay muchos de los lectores que, por inercia y criterio propio, dejarán una opinión al terminar de leer y, con suerte, ésta será contundente y sincera. Pretenden informar aconsejar a futuros compradores sobre el producto (lo sé, es una forma fría de referirse a la literatura, pero para ser leído, es necesario vender nuestras letras). Sin embargo, habrá muchos otros, la gran mayoría, que se evaporarán como fantasmas y nunca sabremos qué le ha hecho pensar nuestro libro.

Una manera de invitar a que dediquen unos minutos de su tiempo a escribir en nuestro escaparate novelesco es dejar una educada (y decorada) petición al finalizar la novela. Con suerte, los que han alcanzando el final han encontrado algo interesante y entretenido y en la misma, no está de más que los animemos a contarlo al resto. Otros, tal vez, opten por dejarnos un mensaje en las Redes o escribirnos un e-mail.

Otra forma es pedirlo de forma insistente, sin excedernos. O recompensarlos de algún modo (sorteos, por ejemplo). Es de vital importancia, eso sí, ser muy agradecidos y educados, aunque en ocasiones lo que han escrito sobre nuestra obra no nos guste, o nos decepcione. Están en su derecho, no lo olvides.

Pero lo primordial, la base de conseguir las ansiadas estrellas no es otra que el alma que logremos desprender con nuestro escrito. Ofrecer al lector algo intenso, profundo, algo que agudice sus sentimientos para bien (o incluso, para mal). Escribamos algo de categoría, con clase, con talento. Una historia nueva, o renovada, que no solo invite a su lectura, sino que invite a seguir hablando de ella una vez que el e-reader se haya apagado. Cuidemos nuestros libros, cuidemos a nuestros lectores y brillemos con luz propia en nuestra narrativa y personajes. Entonces, nacerán. 

Cinco frases que demuestran que “Todas las horas mueren” es una novela optimista

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Si bien es cierto que tanto Marafariña como Todas las horas mueren pueden encuadrarse en novelas existencialistas con tintes de drama literario, tal y como sucede con la mayoría de las obras del género más intimismta, quiero defender fielmente que no pretendo caer en el desencanto. Han sido varios los lectores que consideran que Todas las horas mueren es una novela amarga, triste y con un final un tanto desalentador.

Yo les he invitado a leer más allá de lo simple, a reflexionar, a hacerse preguntas. ¿Es realmente una novela pesimista? Os muestro cinco extractos de la obra que demuestran todo lo contrario: 

 

1ª) 

¿Que qué es para mí la felicidad? Creo que carezco de conocimiento, sentimientos y argumentos para dar una respuesta a tal pregunta. Pero diría, con cierta valentía, que la felicidad es el imposible más posible que existe para el ser humano.

2ª)

—¿Dónde se encuentra realmente la felicidad?
Dorotea saboreó el delicioso café. Estaba tibio.
—En lo que hacemos. En lo que hicimos. En lo que haremos. O, mejor dicho, en lo que amamos o amaremos.

3ª)

—¿Sabes por qué me dedico a las flores? Porque son opacas. Son tan hermosas que ocultan todo lo demás.

4ª)

No es cierto que todas las horas mueren. En realidad, las horas permanecen ahí, lo que muere es el tiempo, pero las horas son eternas e infinitas. Seguirán transcurriendo a nuestro alrededor sin que nos demos cuenta.

5ª)

No pienses ni te tortures, como yo, por la mortalidad de las horas. Olvida, mi querida Dorotea, que todas las horas mueren.

Podéis adquirir aquí Todas las horas mueren

mochaloca

 

Descarga GRATIS “Todas las horas mueren”

Copia de -Un modo mágico de describir el día a día, que de un modo parcial me ha recordado al gran maestro Cortázar en alguno de los capítulos de su obra Ceremonias-(David Pierre, escritor) (1).jpg

El Concurso Indie de 2016 da sus últimos coletazos al acercarse el final de agosto y, con él, los últimos momentos de un verano que, en Galicia, ha sido cálido e insólitamente soledado.

No podía estar más feliz y satisfecha con el tiempo de vida de Todas las horas mueren como obra autopublicada. El miedo, la cierta reticencia que sentía a que esta obra viera la luz, se ha esfumado. En su lugar queda el agradecimiento absoluto a los lectores de siempre y a los que han ido llegando, a esas maravillosas opiniones que me enviáis a diario o publicáis en las Redes.  Entre todos, poco a poco, hemos olvidado la mortalidad de las horas.

Por motivo de esto, del día 19 al 21 de agosto, podréis descargar mi última novela TOTALMENTE GRATIS en Amazon. Espero que sea una buena oportunidad para llegar a aquellos que, todavía, no os habéis decido a aceptar una taza caliente en el Café de Fontiña.

Recordad que entre todas las opiniones de Amazon se sorteará un ejemplar en formato físico… ¡Así que espero vuestros comentarios, marafariñescos lectores!

 

DESCARGA GRATIS TODAS LAS HORAS MUEREN AQUÍ

(solo hasta el domingo 21 de agosto)

 

Letras, gatos y café: Las Redes Sociales de los escritores

Garantizar un mínimo de calidad, hacerles ver que valoramos su criterio y tememos defraudarles. Y, de no obtener los resultados deseados, que al menos brille el sudor y esfuerzo que hemos depositado en [nuestra obra].

Las Redes Sociales han curado, en parte, la dolorosa enfermedad que supone la soledad del escritor, si bien no queremos considerar el hecho de ser escritor con tal término (aunque, de querer, casi podríamos considerarlo como una especie de trastorno difícil de asumir). Y no tan solo los autores que autopublicamos nos hemos subido al barco de Facebook, Twitter, Instagram o Goodreads. Cada vez más autores consagrados pueden presumir de ser bastante activos en el mundo de la interacción online: Rosa Montero, Alejandro Palomas, Víctor del Árbol, César Pérez Gedilla, Juan Gómez Jurado… La perspectiva entre lector y escritor ha cambiado radicalmente, de un bando y de otro. Es una realidad innegable y oponerse a una interacción más o menos habitual entre ambos es como nadar contra una corriente que, sin más, terminará por arrastrarnos.

Encontrar el equilibro es complicado y dudo que exista un método correcto para utilizar estas herramientas de vital importancia si queremos, ya no solo vender libros, sino ganarnos la simpatía de los lectores, o aquellos potenciales a serlo. No soy, ni de lejos, una experta en marketing de redes, pero durante más de un año he aprendido los entresijos más básicos de este mundo muy alejado de lo real.

Lo más importante es ser fieles a nuestro espíritu, dentro de unas pautas. Fieles tanto a nuestra personalidad real (porque de esta manera, nos será muchísimo más sencillo llevar a cabo nuestra actualización diaria de perfiles) como a la imagen que, como escritores, queremos proyectar. Y, diría, que lo más importante de todo es mostrar amor y auténtico cariño por cada uno de nuestros trabajos, literarios o no, que ofrecemos a lectores y usuarios. Garantizar un mínimo de calidad, hacerles ver que valoramos su criterio y tememos defraudarles. Y, de no obtener los resultados deseados, que al menos brille el sudor y esfuerzo que hemos depositado en él. No hay que olvidar que no escribimos por una meta económica (no, al menos, esencialmente), sino porque amamos la literatura y queremos hacernos un hueco en ella.

Desde mi caso personal, diré que las Redes y el calor de aquellos que han mostrado aprecio por mis historias, son de vital importancia para continuar. Si cayese en el desencanto y en la empachante sinceridad, la mayor parte de mis estados podrían ser algo asi: “Necesito que me digáis que todo esto que hago sirve para algo, ¿de verdad lo estoy haciendo bien?”; “¿Alguien que quiera leer mi último párrafo? ¡No estoy segura de la calidad!”; “¡La maldita hoja en blanco otra vez!”; “Hoy, abandono”; “Todo esto es muy duro… no sé si merece la pena”; “¿Merece la pena?”.

Sí, escribir es duro. Pero no solo eso, porque también es maravilloso. Es reconfortante crear, abrazar a los personajes y dejarlos ir. Por eso queremos ser complacientes, hacer ver lo felices que somos de tener la ocasión de dedicarnos a ello (aunque no exclusivamente, en la mayoría de los casos). Entonces llenamos nuestro facebook de fotos con una taza de café con una frase animosa, cuando en realidad el cansancio hace mella… ¡Pero necesitamos continuar! En nuestro Instagram abusamos de la imágenes de nuestro gato, que no deja de reclamar atención cuando nos abstraemos de la realidad. ¡Y Twitter! No dejamos de pelearnos con #Hastags que, pretendemos, sean optimistas y útiles a la par.

 Pequeños secretos del uso que doy a mis propios perfiles, ¿cuáles son vuestros trucos o estrategias?

Los “Café” en la literatura

mochaloca

El amor por las cafeterías (o “Café”) comenzó en mí hace algunos años. Creo que la magia que radica en estos lugares es como un punto de encuentro anónimo donde, en ciertos momentos, podemos mitigar la soledad. No me refiero exactamente al hecho de ser un local para hacer vida social en el sentido estricto de tal hecho. Me refiero a acudir allí, sin compañía, sin pretensión de encontrarse con ningún rostro conocido ni entablar conversación necesariamente con nadie.

No somos pocos, en realidad, aquellos que disfrutamos de la exploración de la vida de los Café en solitario. Sentarse en la barra o en una mesa, con un libro o sin él, y degustar un café en sus diferente formatos y maneras mientras observamos y dejamos atrás el silencio que nos ahogaba.

Comencé a hacerlo hace algunos años y aquí es donde toca vaciar un poco el alma y sincerarme. Cuando las terribles y oxidadas cadenas de una depresión aguda se impusieron en mis extremidades, cualquier actividad cotidiana podría suponer un reto insalvable. Durante un tiempo, tan solo salía de mi habitación para acudir al trabajo o a las clases. Llegó un punto que, incluso, realizar mis obligaciones me resultaba algo demasiado forzoso. Empezaba a desarrollar un patológico miedo a salir a vivir en el mundo, motivado principalmente por no contar con nadie que me pudiera acompañar.

No somos pocos, en realidad, aquellos que disfrutamos de la exploración de la vida de los Café en solitario.

Una de las terapia de choque que me auto impuse para empezar a curarme y quererme un poco fue el salir a tomarme un café sola y, de vez en cuando, incluso ir al cine. Recuerdo que las primeras veces que acudí a un bar y me pedí un café, junto a una silla vacía, me sentía ridícula y ahogada por el desencanto. Pero, poco a poco, imponiéndome tal rutina, empecé a disfrutarlo realmente. Ir a un Café a matar un rato de la tarde, a escribir, a leer o a observar, se convirtió en un placer.

Durante este proceso, tuve la suerte de descubrir cafeterías realmente bonitas, con alma y esencia propias. Degusté mil y un cafés y, con el tiempo, conocí muchísimas historias. Rodeada por ese aroma, y esa vida peculiar, mi amor por los “Café” fue convirtiéndose en una auténtica necesidad.

Por supuesto, no soy un caso especial. De hecho, si somos más o menos buenos lectores, descubriremos que la literatura está plagada de estos lugares, de estos segundos hogares, que suponen el núcleo centrar de la vida de la novela. Un ejemplo clarísimo es The Whistle Stop Cafe de la novela Tomates verdes fritos, que creo que todos conocemos a la perefección; también el Café de Doña Rosa en La Colmena supone un punto clave del argumento; o el Bar de Oli de la novela Lágrimas en la lluvia de mi adorada Rosa Montero; además de Las Tres Escobas de la saga Harry Potter; y el Café Rosalía de Castro en Marafariña… o el Café de Olivia Ochoa en Todas las horas mueren…

¡Maravillosos Café, donde llenar nuestras horas y olvidarnos que éstas mueren!

¿Y vosotros, que cafeterías literarias conocéis?

10 Curiosidades sobre “Todas las horas mueren”

#ConcursoIndie2016

10 Curiosidades sobre “Todas las horas mueren”

Comparto con vosotros 10 curiosidades sobre mi última novela que he presentado al Concurso de Amazon de este año. Espero que os resulte interesante y que os permita conocer más detalles sobre esta historia.

1- Fontiña es una ubicación geográfica ficticia. Está a 35 kilómetros de Marafariña.

2- Olivia Ochoa era el nombre que iba a llevar Ruth Serra, protagonista de Marafariña.

3- El personaje de Liz pertenece a un relato corto titulado “Las flores opacas”.

4- Dorotea roba el coche de su padre, pero no tiene carné de conducir.

5- El primer subcapítulo de la novela lo escribí en un impulso. Luego la historia evolucionó de manera diferente.

6- El personaje de Laura no iba a formar parte de estas páginas.

7- Existe un capítulo inédito de 20 páginas sin publicar, enfocado a la vida en Argentina.

8- Con Clarisa siento una unión especial.

9- A Dorotea no le entusiasma el sabor del café.

10- Suelo tomarme el café espumoso, con mucha leche y un toque de canela.

Entrevista a Miriam Beizana Vigo, autora de “Todas las horas mueren”

No obstante, no he pretendido dar ese regusto de pesimismo vital en ningún caso. Más bien es un nuevo enfoque, una análisis, de uno de esos temas que, como a tantos, me atormenta. Esto es, el paso del tiempo, la caducidad de las horas.

Todas las horas mueren” es la segunda novela autopublicada de la escritora gallega Miriam Beizana Vigo. Además, esta obra compite en el 3er Concurso Indie de Amazon y El Mundo. Tras haber conquistado el corazón de cientos de lectores con “Marafariña”, esta joven de tan solo veinticinco años exhibe unas letras muy diferentes, cargadas de crudeza, pero sin abandonar su estilo de prosa poética.

¡Felices Letras!

M.B.Vigo: ¡Las más felices!

Aunque podría decirse que “Todas las horas mueren” no es una novela que rebosa felicidad, precisamente. Es una obra dura de leer, pero cargada de verdad y con poco atisbo de esperanza, ¿No es cierto?

M.B.Vigo: Es verdad que “Todas las horas mueren” es una novela rodeada de un halo de tristeza. Por un lado tenemos a una anciana cercana a su finitud, a una joven maltratada por la vida y un pasado lleno de fantasmas. No obstante, no he pretendido dar ese regusto de pesimismo vital en ningún caso. Más bien es un nuevo enfoque, una análisis, de uno de esos temas que, como a tantos, me atormenta. Esto es, el paso del tiempo, la caducidad de las horas.

Ese tic-tac obsesivo mueve los motivos de las palabras que se encuentran en esta novela. Necesitaba esta catarsis, esta reflexión, como también necesité el desahogo de Marafariña. Es una forma de arrancar los demonios que habitan dentro de mí. Pero es algo que se puede hacer con cierto placer y amor por lo que más me gusta: entregarme a la tibieza de las letras. De esa forma, me olvido de que las horas mueren. De esa forma, esas horas se vuelven eternas.

¿Qué historias se esconden detrás de estas horas que mueren? ¿Qué personajes protagonizan sus páginas?

M.B.Vigo: Hay varias almas que dan vida al argumento, o argumentos, de “Todas las horas mueren”. Sin embargo, tres de estas almas son las principales, sobre las que recae todo el peso de los hechos.

Olivia Ochoa es una anciana en el ocaso de su vida que quiere olvidar lo que ha sido. Ahora solo se siente mustia, una escritora que ya no escribe y una mujer que ya no ama nada desde hace demasiado tiempo. Es un personaje muy complejo, con un carácter elegante y tosco al mismo tiempo, que ansía la muerte pero no cesa en su empeño de buscar motivos para aguantar un poco más. Las últimas dos décadas de su vida las ha dedicado a mantener vivo el Café de Fontiña.

Dorotea es la joven que, huyendo de casa de sus padres, termina aparcando su viejo coche en Fontiña donde se encontrará con Olivia y su Café. Una muchacha plana y anodina que, poco a poco, irá sufriendo una metamorfosis maravillosa y dulce.

Laura es la lectora fiel, el dolor, la angustia y los recuerdos. Ella es la causante de todo, y su ausencia está plagada de secretos. En esta mujer recae la sombra de lo que es (o ha sido) Olivia.

Estos complejos personajes van alternando la voz narrativa a lo largo de la novela, compuesta por capítulos más o menos breves y con un fuerte contenido dialogado. Resulta curioso que una autora tan joven se atreva a escribir desde la perspectiva de una anciana casi octogenaria.

M.B.Vigo: Olivia es vieja, pero su espíritu es joven porque no ha podido desgastarse de la felicidad necesaria. Su alma todavía espera su oportunidad de redimirse, de buscar algo de bondad en la vida. Esa juventud marchita me ha permitido sentirme muy unida a ella. Además, me he criado con mi abuela que, en muchos aspectos, está inspirada en esta Olivia valiente y luchadora.

Ponerme en la piel de lo que tiene que sentir Olivia al sentir su final cerca ha sido un ejercicio doloroso, pero sencillo. La sensación de ahogo, el buscar respuesta, la necesidad de justificar la existencia de las horas y el porqué de ese inevitable final. La anciana no quiere detener las agujas, ella quiere regresar al pasado y cambiarlo… pero es no es posible.

LaDurante su juventud, Olivia fue una escritora que tuvo que enfrentarse a la dura represión vivida en los años franquistas en España. La única perspectiva que tiene si quiere que sus escritos sean libres es emigrar. ¿Has buscado introducir una crítica social?

No he creído necesario realizar una crítica social de aquella época histórica de nuestro país, sino más bien tenerla presente para no volver a sufrir los mismos errores. Es importante, desde mi punto de vista, que sigamos recordando esos terribles años y la oscuridad de esas vidas a las que a muchos les tocó vivir. La literatura de Olivia vive velada y amenazada por la censura y por el miedo. Una mujer tan fuerte y con tanto coraje como ella no ha nacido para vivir atosigada por las cadenas de la opresión.

Mientras ella no puede publicar lo que siente sin tapujos, es consciente de esas horas que pasan. Ese tiempo maldito. No tiene paciencia, no está resuelta a esperar más.

El Café de Fontiña nace de mi afición personal a perder horas en las cafeterías. Soy una cazadora de lugares emblemáticos. Me encantan estos locales tranquilos, con encanto, donde escribir y leer. Y, por supuesto, con olor vivo a café. Me gustaría regentar, algún día, un Café como el de Olivia.

¿Cómo fue el proceso de escritura de “Todas las horas mueren”? Es una novela breve (unas 150 páginas), con una narrativa más directa y abandonado el estilo más descriptivo.

M.B.Vigo: El proceso de escritura inicial fue ágil, aunque debido a la complejidad temporal de libro (saltos en el tiempo, tres líneas de historia) fueron necesarias varias revisiones. Sin embargo, fue una novela que nació sin más, una idea que surgió cómo una explosión dentro de mí, y fluyó sin mi ayuda. Brotaba de mis dedos como si ahí hubiera estado siempre. Recuerdo haber sentido mucha tristeza durante ese proceso, pero también un gran alivio. Me derrumbé varias veces, incluso lo hago ahora cuando la releo. Tan solo de pensar en ella, un fuerte nudo se anida en mi garganta.

¿Es, entonces, una novela muy importante para ti?

M.B.Vigo: A pesar de que mi anterior libro era autobiográfico y con un fuerte contenido personal, “Todas las horas mueren” también tiene mucho de mí. Está plagada de reflexiones, de miedos y de preocupaciones. Es casi como un ensayo, como una agrupación de cosas que considero terribles y hermosas. Los miedos, alegrías, amores y esperanzas de Olivia y Dorotea, son los míos propios.

Es importante para mí porque, además, creo que me ha permitido evolucionar como escritora y desprenderme del estigma más marafariñesco. Tenía un serio pánico a quedarme estancada en esa obra y no poder crear nada más. El Café de Fontiña me ha abierto un nuevo mundo del que me siento feliz.

Por cierto, el Café de Fontiña es otro de los personajes principales que has pasado por alto. No puedo evitar compararlo con el Café de Whistle Stop de la novela “Tomates verdes fritos”.

M.B.Vigo: Nunca he ocultado que la maravillosa novela de Fannie Flagg es una musa para mí. Hago referencia a ella en mi primera novela y aquí, aunque no directamente, toca parte de su espíritu. Es un homenaje particular, aunque no tiene nada que ver en la realidad.

El Café de Fontiña nace de mi afición personal a perder horas en las cafeterías. Soy una cazadora de lugares emblemáticos. Me encantan estos locales tranquilos, con encanto, donde escribir y leer. Y, por supuesto, con olor vivo a café. Me gustaría regentar, algún día, un Café como el de Olivia.

“Todas las horas mueren” compite en el #ConcursoIndie2016 de Amazon y El Mundo, como señalamos en la intro de esta charla. ¿Por qué te has decido a lanzarte a ello, a pesar de las claras dificultades?

M.B.Vigo: El Concurso de Amazon es una puerta inmensa. Ya no solo por la victoria, sino porque la simple participación te otorga una poderosa visibilidad. Aunque me encantaría poder vivir de la literatura, mi expectativa más realista es que mis letras sean leídas, conseguir llegar al corazón de los lectores y formar un pequeño y entrañable grupo. Espero que esta competición literaria me ayude a seguir moviéndome en estos círculos y, sobre todo, mover mis historias.

Todo lo demás lo dejo al destino, que es caprichoso, y mueve los hilos a su antojo.

Para finalizar, si entre la promoción de “Todas las horas…”, mantener vivo este Blog y la vida real te queda tiempo para seguir con las letras, ¿puedes decirnos algo de un futuro proyecto literario?

Dado que de momento la continuación de Marafariña no está esclarecida, estoy enfocando mis letras a otro de mis miedos: la escritura. Y hasta aquí puedo leer.

Gracias, amigo lector. Espero que hayas disfrutado de esta peculiar charla conmigo misma. Si te ha resultado interesante, te animo a que te adentres en el cálido Café de Fontiña.

¿Qué es “Todas las horas mueren”?

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Para todos aquellos lectores que habéis entrado en ‘Marafariña’ sabréis que el título de esta novela corresponde a la hipotética creación de uno de sus personajes fallecidos, Estefanía, cuya hija, Olga, tomaría las riendas de su narración en un futuro finalizando las letras que su madre dejó tristemente inacabadas.

‘Todas las horas mueren’ ha supuesto un reto personal en muchos aspectos.

Se trata de mi segunda obra auto publicada pero, en realidad, su proceso de creación ha sido simultáneo al de mi primera novela, ‘Marafariña’, cuyo espíritu verde e infinito ha inspirado cada una de las páginas y personajes que otorgan vida a una breve novela trágica.

Contar la historia de Olivia, Dorotea y Laura ha sido para mí un desahogo con matices. Cuando me encontraba furiosa, desesperanzada, perdida, o cuando me azotaba sin remedio la falta de inspiración, las escuetas pero profundas páginas de ‘Todas las horas mueren’ me ofrecían cobijo. Han sido como un pañuelo sobre el que derramar lágrimas sinceras, cargadas de muchos sentimientos desoladores y maravillosos al mismo tiempo. Porque la sinceridad del dolor nos recuerda, una y otra vez, que estamos vivos.

Pero también me gusta pensar que, cada uno de los lectores que se sumerja en las grises páginas de ‘Todas las horas mueren’ encontrarán su propio aprendizaje, su propio pensamiento, sus propias horas.

Son, pues, pequeños pedacitos de mis miedos, mis tormentos, mis anhelos y mi felicidad. Enfrasca, en sus páginas, cierta filosofía de pensamiento personal que deseaba (necesitaba) escribir. Me gusta decir que es un ensayo sobre el paso del tiempo, sobre el sufrimiento, sobre la superación, sobre la censura, la dictadura y sobre la fragilidad de la vida. Pero también me gusta pensar que, cada uno de los lectores que se sumerja en las grises páginas de ‘Todas las horas mueren’ encontrarán su propio aprendizaje, su propio pensamiento, sus propias horas.

Espero que disfrutes de la lectura, del viaje, propuesto en las páginas de esta obra. No olvides que siempre serás bien recibido en la emblemática Cafetería de Fontiña, cuya chimenea nunca se apaga, donde el café está siempre recién hecho, regentando por una seria pero increíble anciana llamada Olivia Ochoa.

Podéis adquirir “Todas las horas mueren” pinchando aquí

#ConcursoIndie2016

La unión del escritor y la nívola

Lejos quedan de la realidad los retratos del escritor con el gesto sosegado por la paz y la satisfacción, sentado con tranquilidad frente a una máquina de escribir, un café o un gato

Ya había hablado Unamuno sobre tal tema, llamando con osadía a la novela nívola y desafiando la unión de la realidad y la ficción. Y es que se subestima la cordura de aquel que gasta sus horas escribiendo, aquel que se convierte en un esclavo de una creatividad explosiva, que gobierna sus horas como una maldición.

Lejos quedan de la realidad los retratos del escritor con el gesto sosegado por la paz y la satisfacción, sentado con tranquilidad frente a una máquina de escribir, un café o un gato. Un cansancio que se sofoca con un sencillo restriegue de ojos, como si de esa simple forma se pudiera recuperar la cordura. Mientras se trabaja en una obra (y hablamos de un período de tiempo que oscila entre uno a cinco años como media) el creador se encuentra en un extraño estado de duermevela, es asolado por un vacío importante y, además, es común sufrir episodios de depresión leve. 

Pero esto es algo de lo que poco se habla y la recompensa todavía es menor. La diferentes fases que se sufren en este proceso creativo son muchas y más que la alegría y la satisfacción por el trabajo hecho, es una necesidad casi tóxica que nace del interior y no permite escapatoria. Casi como un trastorno, casi como una enfermedad, que deriva en algo hermoso, tal vez. O en ocasiones, todo el desgaste que hemos sufrido, no llega a merecer del todo la pena. No es falta de talento, en este camino influyen muchos factores.

La unión esposada, pues, del escritor y sus personajes, su historia, es absoluta. Cuando esto ocurre, es cuando el lector puede llegar, de verdad, a vivir una novela en su plenitud. Una ínfima parte de ese vínculo irrompible entre autor y obra traspasa a aquel que se sumerge en las páginas que otorgan vida, o la desploman. Ahí podemos hablar de que se ha alcanzado ese efímero éxito, esa mínima sonrisa.

El otro contrapeso es que el trabajo del artista creador no tiene final, no tiene culmen. Y aunque un escritor debería obligarse a descansar, cuando la inspiración es muy fuerte, resulta imposible. Las ideas bullen, y la necesidad de hacerlas nacer impide las merecidas vacaciones. Cuando termina uno de estos tediosos y largos procesos, comienza de inmediato otro. Hay ilusión, pero también terror: se es consciente de lo que sucederá a continuación.