#LiteraturaSolidaria en diciembre

Se avecinan unas fechas muy señaladas. Días resguardados en el cálido hogar, rodeados de familiar y amigos. Con suerte, podemos disfrutar de un plato caliente y la calefacción encendida para combatir el frío del invierno, que puede resultar muy poético.

Pero, por desgracia, no todas las familias podrán vivir unas fiestas dignas. Casi un 30% de los españoles está en riesgo de pobreza. 1 de cada 4 niños no cuenta con una alimentación sana y equilibrada de acuerdo con su edad. 1 de cada 5 trabajadores son pobres.

Llegan semanas de compras, de regalos, de carros llenos de comida y de estirar un poco nuestros ahorros. No está de más que dediquemos una pizca de lo nuestro a los que lo están pasando verdaderamente mal. Por eso he decidido destinar el 50% de las regalías obtenidas por la venta de mis dos novelas en digital o en papel, Marafariña y Todas las horas mueren, al Banco de Alimentos de la Provincia de A Coruña.

De esta forma, a partir del día 1 de diciembre, comienzo mi campaña #LiteraturaSolidaria con todo mi entusiasmo y mis mejores intenciones. Animo a otros compañeros indies a sumarse a la causa.

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Enlace de compra: #Marafariña

Enlace de compra: #TodasLasHorasMueren

¿Pero eres escritor o tienes escritura?

—¿Tú escribes porque sí o porque no?
—La verdad, no me lo había planteado.
—¿Pero eres escritor o tienes escritura?

La cita pertenece a mi última lectura, La mujer loca de Juan José Millás. No siempre es sencillo encontrar un libro justo para lo que lo necesitas. Muchas veces los que leemos o escribimos somos tan torpes que sin una novela bajo el brazo no somos capaces de seguir.

Para mí esta mujer loca ha sido como una especie de antídoto agudo con efectos secundarios. Como otras muchas obras que existen, Millás ahonda en la gramática, en la lengua, en el trauma de ser escritor y en la mentira de querer serlo. Cuando me topo con historias así respiro tranquila. Para mí la literatura significa tanto, significa todo, que el poder encontrar referencias de otras almas que la viven como yo (o incluso más) me hacen creer que esta obsesión no es del todo perjudicial.

Hace tiempo, cuando asistí a cierta terapia, se me subrayó una faceta de mi carácter que, si bien no puede llamarse patología, se sufre como tal. Hipersensibilidad. No fue ninguna sorpresa, desde niña fui demasiado aprensiva y me pasaba los días sumida en una explosión de emociones constante. Recuerdo como siempre terminaba llorando en clase de música cuando la profesora encendía el radiocasete y era víctima de las risas de mis compañeros. La profesora se acercaba a mí y me preguntaba por qué lloraba. Y yo contestaba que lloraba porque lo sentía muy adentro.

Y lo sentía. Pero es curioso que esa sensibilidad tan humana solo se acentuaba con la música. Ni siquiera el cine o los libros lograban hacerme llorar de esa forma. Tal vez, por esa razón, comencé a refugiarme en ellos tan pronto y me obsesioné de esa manera. Y es que en sus personajes encontraba la manera de entenderme, de quererme y de saber que lo que yo sentía a veces era normal, que no era una niña loca.

Volviendo al tema de la hipersensibilidad. Aunque no se considere una enfermedad psicológica, como he dicho, yo quería encontrar la manera de mitigarla. Sentir tan fuerte las relaciones humanas, el amor, la amistad, los problemas en el trabajo me suponía un desgaste de energía brutal. Mi terapeuta me dijo: Pero tú escribes. Desgasta esa sensibilidad para escribir y conviértela en acero para la vida.

La profesora se acercaba a mí y me preguntaba por qué lloraba. Y yo contestaba que lloraba porque lo sentía muy adentro.

 

 

 

 

Escribir tiene que doler

Mientras Marafariña se unía a esa locura de los sueños convirtiéndose en lo real.

Nunca puedo sentirme libre del todo porque el vínculo con las letras siempre tiene un remanso en mi mente en cualquier momento, en cualquier circunstancia, en cualquier lugar. Digamos que la musa, o las musas, no se muestran demasiado respetuosas. No las culpo. Si yo tuviera dentro algo como Marafariña estaría berreando por dejarlo salir a cada momento.

Y yo, sin escogerlo, sin sentirlo, por lo caprichoso de la vida, todavía la llevo dentro.

Ya son dos años sumergida en la secuela de mi ópera prima de la que no he logrado desprenderme. Cuando finalicé, todavía sin ser consciente de ello, mi primera novela creí, ilusa de mí, que lo peor había pasado. Porque las lágrimas que derramé y, sobre todo, el miedo que sentí en mi viaje a Marafariña eran tan reales como el mismo suelo que piso, o como las secas teclas de este ordenador que golpeo a diario buscando la mejor forma de matar fantasmas inmortales.

No, desde luego. Lo peor no había pasado. Creo que lo peor no termina nunca, en realidad. Vuelve siempre, como las noches o como el invierno. Creer y abrazarse a lo contrario es una insensatez, es mentirse. Y yo no tengo ganas de mentirme.

Pero no quiero desviarme, ni quiero regodearme en lo que me apena. Quiero hablar de lo que es escribir para mí, para hacer comprender a quiénes no lo entienden por qué es lo que más amo en mi vida, por qué es lo que tantas veces me ha salvado del pozo. Por qué corro a refugiarme en mi literatura siempre que las cosas se tuercen demasiado, como una posesa, como una enferma de tinta.

Los últimos dos o tres meses estaba enfrascada en un capítulo crucial. El más crucial desde que esta aventura de Marafariña empezó a ser real y comencé a regalarle un trocito de mi alma a cada página. Desde ese año 2013 que este mundo de abrió, este dichoso capítulo ya rondaba en mi cabeza. Y ahora, llegado el momento, me temblaba el pulso y el alma, tenía miedo de enfrentarme a él. Tenía miedo de ahondar en el pasado, que es tan pasado que parece otra vida, para hacerlo resucitar en la novela, en la ficción. Pensaba que podría después de todo este tiempo, que mis heridas ya estaban más que cicatrizadas y que mi fuerza era infinita… pero es curioso cómo lo que ya no existe puede dañarnos tanto todavía. Porque hay sucesos vividos que siempre formará parte de una misma, aunque pretendamos esconderlos.

Anoche terminé ese capítulo, fue cómo sentir que un jarrón se rompía o una puerta se cerraba. Anoche terminé ese capítulo y yo temblaba como una hoja resquebrajada colgada de un árbol descrito en el papel. Anoche terminé, al fin, por fin. Y me sentí tan vacía, y me sentí tan llena. Y me sentí tan sola embriagada por una felicidad que no sabía con quien compartir, embriagada por una tristeza tan profunda que no encontraba la manera de llorar.

Creo que después de este momento no volveré a echar la vista atrás, porque lo que hay hacia adelante es más verde, más libre, más brillante. Dejaré que esa puerta cerrada se quede así y se pierda en las tinieblas del glorioso paso del tiempo que, de alguna forma, siempre es benevolente.


Para saber más…
Podéis adquirir Marafariña Libro Primero en formato digital y físico aquí

Tu personaje y tú

Según la Wikipedia, un personaje es:

Un personaje es cada una de las personas o seres (humanos, animales o de cualquier otra naturaleza) reales o imaginarios que aparece en una obra artística.

En el lateral, la imagen que aparece para encabezar el artículo es la de John Tenniel para la novela de Alicia en el país de las maravillas.

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La creación de cada uno de los personajes que forman parte de la obra literaria es, con total seguridad, una de las labores más complejas y divertidas a las que cualquiera que desee escribir una historia, sea del tipo que sea, debe enfrentarse. Y debe disfrutar.

En mi caso particular, los personajes suelen presentarse en mi mente cogiendo la mano de mi musa mucho antes de que lo haga el resto de la historia. Es casi (solo casi) como empezar la casa por el tejado. No sé si esto es lo habitual o no, pero creo que no me equivoco al decir que la relación que se crea entre el autor y su personaje, o personajes, es intensa, real y muy duradera. Es casi (solo casi) como una historia de amor. Es también un peregrinaje, un aprendizaje, porque mientras él crece y va tomando forma, tú vas creciendo y vas conociendo facetas de ti misma que desconocías hasta el momento.

Porque si un lector audaz es capaz de leer a través de la piel de tinta de dicho personaje, encontrará partes de tu alma que jamás confesarías. Encontrará fragmentos de tu pasado, miedos ocultos y anhelos sepultados. Encontrará todo aquello que extrañas y todo aquello que todavía te queda por ver. También tú puedes llegar a encontrar sentimientos que nunca, hasta ese momento, habías experimentado. Puede ser, incluso, como una preparación: nuestro personaje, nuestro mártir, puede sufrir y experimentar situaciones que nosotros todavía no hemos vivido pero que, con total seguridad, llegarán algún día.

Dejando a un lado las fichas técnicas, los datos que podemos rellenar de cada uno, la definición de su forma de vestir, el olor de su aliento, el color de su pelo, su mal hábito de fumar, su música favorita, relaciones de parentescos, el primer amor o su mascota… En fin, dando por sentado que todo esto lo conocemos a la perfección, llega el momento del diálogo. Un diálogo que proseguirá incluso cuando la obra esté finalizada, incluso mucho después. Porque no es tan fácil decir adiós a ese trocito que has dejado ahí para hacer latir otro corazón.

Hay que matizar que este personaje (o personajes) es decir, nuestra Alicia particular, no tiene que coincidir necesariamente con el protagonista. Resulta curioso, por cierto, que en muchas ocasiones cuando a un autor se le pregunta por el personaje favorito de su obra o relato cite a uno secundario que, tal vez, incluso al propio lector le había pasado más desapercibido.

El limbo que une a la pluma y a su creación es difícil y diferente en cada situación. No todos los autores se sienten, de hecho, unidos a sus vasallos, convertidos en meros peones que no le despiertan sentimientos. Tal cosa, creo, resulta fría y poco enriquecedora. Esa falta de vínculo hará que la literatura no sea del todo real, que le falte la chispa de lo que el miedo, la furia y el amor pueden transmitir en gran medida.

¿No se trata de imitar la vida, pero de hacerlo con franqueza, hermosura y metáforas?

O de inventarla, claro está.

Roast Yourself [La auto-critica]

A quien, más o menos, le guste sumergirse en las Redes Sociales, no le resultará desconocido el concepto de Roast Yourself Challenge. Este fenómeno se ha hecho harto popular en la plataforma Youtube y el ejercicio es tan creativo como atrevido: el desafío consiste en interpretar un tema de rap que contenga todos aquellas críticas recibidas por tu trabajo. Algo que puede servir cómo catarsis o cómo auto examen. Por desgracia, la música no es lo mío, pero no quería dejar pasar la oportunidad de ofreceros mi propio Asarse a sí mismo, un ejercicio divertido y también terapéutico:

Una ambiciosa ópera prima de más de 600 páginas, atiborrada de descripciones tediosas e insoportables.

El amor, tu amor, desmesurado por una Galicia que es tan incomprendida y anodina. 

Nada es tan hermoso cómo lo escribes. No existe belleza en absolutamente todo, tienes una versión demasiado idealista de la realidad.

Te regodeas en el drama. Eres la exaltación de la pena. No das tregua a las tristezas, por eso tu literatura nos ahoga con tanta fealdad.

Tu análisis religioso responde a tu necesidad de demostrar algo. ¡Es soporífero, no interesa en absoluto! Has escrito una novela solo para ti.

Tienes complejo lésbico. En tus dos únicas novelas es la concepción del amor que prevalece. ¿En serio no puedes entregarte a un amor heterosexual sin mayor atrevimiento?

Abusas tanto, pero tanto, tanto de las exageradas metáforas… ¡Eres atroz!

Autora autopublicada. ¿Sabes que en realidad eso te define como “nadie”?

Solo persigues sueños que tú misma conviertes en humo.

Peleas con fiereza por opiniones en tu ficha en Amazon…¡Seguro que las compras! ¡Seguro que no son sinceras!

Tu posición en los rankings de ventas dejan mucho que desear. Llegar al TOP100 es algo que ni siquiera puedes soñar.

¡Y aún por encima te atreves a realizar críticas literarias! Qué osadía ¡Con qué criterio puedes llevarlas a cabo! Si tan solo eres una autora pequeña, muy pequeña, casi invisible.

Dices que trabajas mucho, a diario, en esto, en tu sueño. Pero no eres capaz de ver que todo esto que haces no es una ocupación real.

Sí, lo haces con desmedida pasión. Pero ni la pasión, ni tu ínfimo talento podrán llevarte a lo más alto. 

¡Olvídate de leer! ¡Olvídate de escribir! ¡Eso no es la vida real! ¡Eso no te reportará jamás nada!

¡UAF!

Tenéis que probarlo, gritarlo en voz muy alta hasta romperos la garganta. Emplear esas frases que otros han usado para criticaros en su contra. Interiorizarlas para daros cuenta del poco sentido que tienen. Reíros de vosotros mismos, es una buena manera de crecer en todos los sentidos.

Gracias una vez más por leerme. ¡Espero que tanta dureza haya merecido la pena!

Acerca de escribir, cambiar, crecer…

Ante de comenzar, cito textualmente de unas palabras que la escritora María Oruña ha publicado en sus Redes esta semana:

¿Qué construye a un buen escritor?
¿El talento? ¿La técnica? ¿La ineludible suma de ambas?
Yo creo en el talento como herramienta fundamental. Y en la técnica como pulidor imprescindible para, a la larga, no quedarse en el camino.
Pero también creo que el buen escritor es, fundamentalmente, quien tiene algo que contar. Y no considero que tenga que haber ido a uno, ninguno, ni a docenas de talleres de escritura creativa. Puede serle útil, desde luego, pero el mejor maestro, en mi opinión, es leer. Y leer de todo, de la forma más heterogénea posible.

Y, como ella misma cita del novelista y poeta Jonh Gardner:

…Pero sólo sobrevivirá el escritor realmente grande, el que entienda plenamente cuál es su oficio, el que esté dispuesto a dedicarle el tiempo necesario y a asumir los riesgos también necesarios, dando por hecho, claro está, que el escritor sea profundamente honesto y, al menos, en su escritura, cuerdo.
En un escritor, la cordura no pasa de ser esto: por idiota que pueda ser en su vida privada, jamás hará trampas cuando escriba.

¿Pueden tratarse de reflexiones más acertadas y más sinceras que estas?

Me parecen brillantes, en su conjunto. Definen la literatura y el escribir con honestidad, con verdad, lejos de los tópicos, lejos de los tediosos discursos de marketing que no tienen alma ni intención artística. Hay esperanza, todavía, cuando figuras de la literatura contemporánea como esta autora gallega nos regalan reflexiones tan verdaderas y valientes como tal.

Llevo más de un año en el mercado literario nacional e internacional, publicando esencialmente en formato digital, aunque he tenido el gusto de realizar varias ediciones de mis novelas en papel. El caso es que, bajo un nombre desconocido y una etiqueta de género intimista que a muchos les resulta soporífera resulta complicado mantenerse fiel a una misma e intentar llegar a lo más alto de los rankings de ventas.

Entonces llegó un punto que asumí mi verdad. Y a partir de entonces estoy más tranquila, y saboreo el llamado éxito a diario, sin necesidad de ser la que más vende, sin necesidad de que mis regalías me permitan dejar mi otro trabajo, sin necesidad de ser aplaudida por una gran masa de lectores. Y esta verdad es la que nace de cada latido, el motivo primero por el cuál la Miriam niña comenzó a escribir en una libreta porque le gustaba imaginar, sin pretensiones, sin ser ambiciosa, sin querer ni tan siquiera ser recordada. Esa Miriam inocente que escribía, solo escribía, para ella.

Y yo he decidido proteger mis novelas y protegerme a mí.

¿Hay sacrificio? Sí.

Porque nada te garantiza que seas buena en tus letras. Hay personas que te dirán que sí, otras que te fusilarán. Y la mayor parte que ni siquiera te dedicarán un minuto de su tiempo.

Con esto quiero decir que he crecido mucho en los últimos meses, sobre todo a raíz del Concurso Indie 2016 donde he estado rodeada durante un tiempo por otros autores con las mismas inquietudes que yo y con otros guiados por diferentes intereses diferentes. Y, la verdad, resulta complicado encajar en ocasiones.

Porque, sí, el escribir es algo a lo que te tienes que enfrentar solo en realidad.

Y yo he decidido proteger mis novelas y protegerme a mí.

Esto es arriesgado, porque hay personas en este cambio de actitud que han creído que yo me olvidaba de los míos, de todos esos autores que he leído y reseñado (y no son pocos), a los que guardo en mí y a los que he dedicado parte de mi tiempo. Sin embargo, ese tiempo es en esencia mío, cada uno decide a quién y a qué dedicárselo. Es cierto que he sufrido una metamorfosis importante, que he dejado mi Blog personal para centrarme en la crítica literaria en A Librería, que ya no puedo leer a tantos compañeros como antes, que mis metas son otras y que mi actitud también.

Pero escribir es un ejercicio duro. Después de terminar Marafariña Todas las horas mueren estoy exhausta y necesito calma. Ahora estoy escribiendo en el regocijo del silencio y eso exige mucho de mí.

Estoy en el momento de escuchar a los que quieran hablarme, de asumir las críticas y de abrazar los elogios.

Estoy creciendo y aprendiendo, estoy buscando mi lugar, mi propio lugar. Estoy defendiendo mi tierra imaginaria conquistada, mi Marafariña y mi Fontiña. 

Portadas de novelas independientes

Seamos un poco superficiales hoy, juzguemos el libro por la portada y no por el argumento ni el autor. Frivolicemos la literatura…¡Pero solo con ánimo de divertirnos! Es cierto que el dejarnos guiar por el sentido más visual de nuestra intuición, en ocasiones, nos hace disfrutar de agradables sorpresas.

Voy a dejaros una pequeña lista personal de portadas de novelas indies que creo merecen la pena por diferentes razones.

PORTADAS LLAMATIVAS

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El juego de colores, lo abstracto y lo onírico son una mezcla sensacional y muy llamativa para la última novela de Jesús Carnerero. La cual le tenemos que agradecer a Coral Pámpano.

 

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Fue la portada tan poderosa de la primera novela de Ana Medrano lo que me llevó a conocerla. Fabulosa, desde luego.

El mérito pertenece a Alexia Jorques.

PORTADAS ORIGINALES

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Muy original, eso es innegable. Disfrutad de la portada de esta distopía firmada por Javier Miró y publicada con la editorial sevillana Triskel. Es única.

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Otra de ciencia ficción distópica. Este conjunto de ojos que pertenecen a miradas reales del círculo social de la autora es obra misma de la escritora. Curiosa, ¿eh?

PORTADAS ENGAÑOSAS

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Un monaguillo frente a la sombra de un cura. Y de título un veneno mortal.

Es tramposa (en el buen sentido) la portada de una de las mejores novelas independientes que he tenido el gusto de leer.

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Es tan acertada y buena la portada de esta novela de Rafa Moya como tramposa. Colores, luz y hormigas para representar una historia urbana, de sombras y ahogante psicología.

PORTADAS EVOCADORAS

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Evocadora porque recuerda a la portada de un clásico. Es pura poesía y belleza la imagen que María Laso ha elegido para la portada de su novela.

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Permitidme, en un alarde de vanidad, señalar la portada de mi Marafariña.

Esta imagen de Elena del Palacio condensa en su ser la esencia de la novela a la perfección.

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Evoca, sí, como sus letras. Las portadas de Carol Munt despiertan en el lector los mismos sentimientos que, después, removerán sus páginas.

PORTADAS INMEJORABLES

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Fue amor a primera vista lo mío con María Fornet. Pero esta portada tan maravillosa, tan azul, tan viva, fue el primer paso.

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¿Es o no es maravillosa esta imagen de la propia escritora para dar cara a su novela? Increíble.

Espero que os haya resultado divertido y curioso este pequeño y personal análisis de estas portadas independientes que, como podéis comprobar, no desmerecen nada a otras del mundo editorial.

Por supuesto, muchas otras se han quedado fuera, pero he intentado centrarme en novelas más recientes.

¿Qué os parecen?

¡Felices letras!

Cifras y resultados de “Todas las horas mueren” en el Concurso Indie 2016

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Después de dos años trabajando en Todas las horas mueren y tras tres largos meses de promoción incansable y de vida activa en las Redes Sociales… El Concurso Indie 2016 toca a su fin, al menos para la gran parte de los autores participantes.

Creo que no soy la única que llega agotada a este final de septiembre, donde la lucha que se libró ha sido titánica y muy enriquecedora. No me puedo quejar. He disfrutado en realidad de estas semanas de trabajo intenso y, sobre todo, de conocer a gente nueva, a otros autores y a nuevos lectores. A pesar de no lograr ser finalista, no deja de ser una gran oportunidad para ganar visibilidad que, al fin y al cabo, es lo importante.

Como muchos sabéis, se trata de mi segunda obra autopublicada y, de primeras, sabía que sería más sencillo venderla de lo que fue Marafariña. En primer lugar, porque gran parte del camino ya lo tenía andado. Además, se trata de una novela con mayor facilidad comercial: más breve, más ligera de leer, aunque no por ello menos profunda.

Vamos a hablar de números, (¡Qué feos son, como si la literatura se pudiera medir!)

Ventas de Marafariña en sus tres primeros meses (formato digital)

Mayo Junio Julio
18 21 27

Ventas de Todas las horas mueren en sus tres primeros meses (formato digital)

Julio Agosto Septiembre
41 30 19

En Kindle Unlimted:

2726 4235 2854

Y ahí os muestro mis vergüenzas de autora independiente que sigue creyendo que estas cifras tan pequeñas son una infinidad. Porque nacer de la nada y conseguir que ese número de personas descargue tu libro por 2,99€ ya es mucho más de lo que podía soñar. De estas cifras, conseguí sumar 28 opiniones positivas en Amazon, en su mayoría de 5* y con figuras del panorama indie tan sobresalientes como María Fornet, Merche Sáenz, Jesús Carnerero, Joana Arteaga, Gemma Jordán María Laso.

No fue mal, considero. Aunque el esfuerzo fue mucho mayor para los resultados obtenidos. Pero esto funciona así, trabajar muchísimo para obtener un mínimo. Hay otros compañeros que se dejaron el alma y la piel, como es el caso de Lorena Franco que se encuentra entre las flamantes novelas finalistas.

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Aquí las tenemos. Su Viajera del tiempo con 24 opiniones y en los primeros puestos del TOP100 de Sci-Fi durante casi todo el período. A su lado Patas Arriba de Rosario Vila que gozó de cierta popularidad en el concurso y cuyo género es la comedia romántica. En el ecuador, Ningún Escocés Verdadero que desde el primer día batió todos los récords, con 45 opiniones y en el TOP100 de más vendidos de Amazon.

Las otras dos novelas, Hechizo de Luna Lenguaje de mi piel son las que más sorpresa han podido generar. No han tenido mucha visibilidad durante el torneo y sus opiniones son, más bien, escasas: 2 y 5 respectivamente.

Sigue siendo un misterio cuál ha sido la política que el gran gigante de la autopublicación ha tomado para determinar estos finalistas. Sea como fuere, la suerte esta echada. Dentro de un mes sabremos cuál de los cinco títulos se alza con la corona ganadora…¡Mucha suerte!

Y al resto nos toca seguir soñando, pero de otra manera. Y no desistir en este camino tan complicado. Porque las letras deben ser entusiastas y felices…¡A ello vamos!

Será mejor…

La imagen que pintamos de esa figura en nuestra mente se asemeja a la de un ser divino, extraordinario que llegamos a vanagloriar. Y lo que está por encima de la consideración de lo humano, tan vulgar, tan trivial, tan banal, forma parte de otro mundo.

La idolatración puede ser un gran sufrimiento y una poderosa decepción.

Precisamente de esto habla el tema que da título a esta entrada, el cuál venía escuchando esta mañana en el coche de camino al trabajo. Será mejor es una canción del último trabajo discográfico de la artista María Rozalen, probablemente una de sus canciones más profundas y logradas a pesar de su aparente sencillez. No resulta fácil, de todas formas, encontrarle el significado real aunque no pasa desapercibido el desgarrador sentimiento que transmite esa dulce voz rota, un tanto irascible. El videoclip de la misma tampoco ha servido para aplacar dudas. Sin embargo, y por suerte, la cantautora es dada a tratar con su público en los conciertos y actuaciones. En varias ocasiones llegó a explicar su verdadero significado.

Canta, narra, crítica, analiza la idealización que nos formamos hacia aquellos artistas a los que admiramos. Esto puede oscilar desde un músico o cantante, un escritor, periodista o filósofo. La imagen que pintamos de esa figura en nuestra mente se asemeja a la de un ser divino, extraordinario que llegamos a vanagloriar. Y lo que está por encima de la consideración de lo humano, tan vulgar, tan trivial, tan banal, forma parte de otro mundo.

Incluso más allá de la adolescencia, podemos llegar a sentir este tipo de admiración que es real y nos inspira. Nos alivia y nos hace crecer. En mi caso, muchos nombres de escritores han formado parte de mi altar intocable de figuras de las que imitar sus pasos, algunos de estos son contemporáneos, por los que existe la posibilidad de encontrarte con ellos en un momento dado y, si hay suerte, mantener una breve conversación.

¡Y qué mayor privilegio que tener el gusto de trabajar amistad con alguien en quien te inspirabas! ¡Puede ser muy enriquecedor!

En el citado tema musical se señala, con acierto y hermosura, el peligro de dicho acercamiento. No olvidemos que nuestro Dios particular es tan humano (¡o más!) que nosotros mismos, que tendrá sus propios defectos que no están contemplados por nosotros en ningún caso. A veces podemos llevarnos una terrible decepción, casi dolorosa, como cuando se quiebra un sueño y nos quedamos sin esa ilusión que nos recuerda que todavía somos niños. A Rozalén parece que le llegó a ocurrir, y a mí también.

Pero no siempre tenemos que referirnos a grandes figuras del panorama musical o literario. El mundo independiente ha creado auténticas celebridades en las Redes Sociales, donde este fenómeno fan puede acrecentarse, aunque de otro modo. La cercanía que los autores pueden tener con los lectores (o en otros ámbitos) puede ser bonita y, al mismo tiempo, peligrosa.

Yo he tenido buenas y malas experiencias en ese sentido. Ha habido diferentes Blogueros o escritores independientes que admiraba con sinceridad pero, a la hora de un acercamiento, esa magia parecía perderse. De igual forma, ha ocurrido precisamente lo inverso… ¡Y qué mayor privilegio que tener el gusto de trabajar amistad con alguien en quien te inspirabas! ¡Puede ser muy enriquecedor!

Parece, pues, que la línea se hace cada vez más difusa. Ya no existen tantos dioses (si eso, semi-dioses), ya no se evoca la perfección. Decía Rozalén que sería mejor dejarlos en la vitrina y no rozar ni siquiera su piel. En ocasiones probablemente.

Pero, en otras, nos perderíamos grandes cosas.

Por cierto, disfrutad del videoclip aquí. Es maravilloso.

Proceso creativo: ¿Cómo nació “Todas las horas mueren”?

Fontiña se entremezclaba con Marafariña, y Olga y Ruth con Olivia y Dorotea en un macabro juego de mis musas por volverme loca.

Aunque ahora ser celoso de la privacidad resulta todo un reto, dado que las Redes Sociales son un suculento medio de catarsis y de desahogo inmediato, lo cierto es que todos los escritores guardamos nuestras debilidades y flaquezas bajo llave. Esto no tiene nada que ven con la vanidad (tal vez sí, pero un poco), sino más bien con el temor.

Es harto conocido, y reconocido, que escribir un libro es toda una hazaña que, además, implica momentos duros con uno mismo. Al fin de cuentas, ese diálogo entre nosotros y nuestra historia se prolonga durante meses, durante años y con ella se crean vínculos muy reales de difícil definición. El autor debe amar y querer su proyecto, mimarlo con cuidado y dedicarle el tiempo necesario. Durante ese período creativo, dentro de ese círculo secreto, nada puede importunarnos ni detenernos.

Pero, ¿cómo nace la idea precisa de una obra? ¿De dónde me surgió el Café de Fontiña y sus personajes? ¿Por qué?

Al contrario de lo que pueda parecer, no fue algo premeditado. De hecho, estaba totalmente inmersa en la escritura de Marafariña Libro Primero cuando ese precioso aroma a café se acercó a mis fosas nasales sin piedad. Lo primero que me acarició fue el título, que vislumbré con una claridad abrumadora. Y, acto seguido, la figura de Olivia Ochoa me cautivó. Me encontraba en un aeropuerto y todo lo que tenía cerca para tomar notas era mi teléfono móvil. En ello anduve entretenida un buen rato.

A las pocas horas, el aletazo de inspiración ya había hecho crecer toda una planta en la maceta de mi imaginación. Me consideré afortunada y maldita al mismo tiempo: mi mente se sobrecargó las semanas posteriores. Por mucho que quisiera relegar la escritura de esa novela para más adelante, no podía ignorarla. Empecé a escribirla despacio, a sabiendas del formato que quería darle y la extensión que tendría. Era tan diferente a mi ópera prima que sentí hasta pavor. ¿Por qué? Tal vez es que la literatura es tan caprichosa que ni nosotros mismos podemos definirnos. Fontiña se entremezclaba con Marafariña, y Olga y Ruth con Olivia y Dorotea en un macabro juego de mis musas por volverme loca. Ambas novelas compartieron el alma, pero Todas las horas mueren desechó los aspectos puramente autobiográficos para criarse en la más absoluta ficción.

Dorotea y sus motivos aparecieron después. Y también Laura. Tampoco formó parte de una ardua tarea de meditación, solo llamaron a la puerta cuando lo consideraron oportuno. Ellas se hicieron encajar y yo nada podía hacer por detener esas vidas que ya habían comenzado.

Un escritor está a merced de lo que los hilos de la historia determinen, es un mero títere, una marioneta sin voluntad. Los personajes y sus lugares crecen y se imponen, sabiéndose libres y poderosos. ¿Cómo importunar o obstaculizar su voluntad? ¡Sería tan insensato coaccionar su libre albedrío!