Escribir sobre el amor [real]

Os voy a confesar algo (ya sabéis que me gusta contaros secretos aquí, en nuestra habitación propia, que nadie puede oírnos). Desde niña soy una enamorada del amor. Del amor en todas sus formas, motivos y colores. Del amor de todo tipo, del amor que se puede demostrar y del que no. Del amor imposible y del amor prohibido. Del amor que es fácil pero también del que es difícil. Del que te eleva a unos palmos sobre el terreno. Del que es capaz de hundirte (eso también es real). Del que te cura. Del que te duele. Del que te hace crecer y del que te hace seguir siendo una niña.

El amor. ¡Ay! El amor. Masculino y femenino al mismo tiempo. Abstracto y tan concreto. El amor. El motivo principal que siempre nos ha movido, ¿verdad? Una de las principales semillas que han motivado la existencia de la literatura.

El auto-amor

Creo que nunca he escrito nada en el que el amor no sea una parte fundamental de la trama y de sus personajes. Desde novelas de ciencia ficción y fantasía, pasando por la metaliteratura y la literatura intimista que es con la que más a gusto me encuentro. Y aun con sus delirios y sus desdoblamientos, el amor es fundamental para las vidas que habitan entre mis líneas. Y en las líneas de otras, porque cuando leo busco ávidamente esos ramalazos de cariño, de unión entre seres humanos sean cuales sean, sea cuál sea su situación, sea cuál sea su interior. Malvadas o benévolas. Pequeñas o grandes. Mujeres u hombres. No importa. Entre las páginas impresas de un libro siempre ha habido cabida para cualquier forma de cariño. Siempre ha sido más fácil querer.

Con todo, a veces el amor [real] puede ser diferente al que escribimos o al que leemos. Todo depende, porque no existe una ley universal escrita de cómo debe ser, cómo tiene que evolucionar y cuánto tiene que durar.

Vayamos a la RAE:

amor.

(Del lat. amor, -ōris).

1. m. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.

Nuestra insuficiencia nos lleva a buscar el encuentro y unión con otro ser.

O tal vez no es eso. Yo creo que el amor [real] es otra cosa. ¿Vosotras?

Seré osada. Pero solo cuando he sido capaz de encontrar mi propia “suficiencia” he podido encontrar lo que conozco como el amor real (ahora ya sin corchetes). Cuando he sido capaz de palpar mi propio corazón y abrazarlo, quererlo tal y cómo es, con sus carencias y sus virtudes, con sus vergüenzas y sus cosas bonitas. Con su inseguridad y su altivez. Ahí estaba en mi pecho, tan dentro. Y me ha costado una eternidad saber entender lo que quería decirme.

Las grandes historias de amor

Escribir siempre ha sido la solución a casi todos mis sentimientos, a esas incógnitas, a esas cosas que me daban miedo. De un modo u otro, cuando escribía lo que pensaba conseguía entenderme mejor. Hay muchas páginas que tan solo han existido para mí misma y luego se han destruido. No importa que su vida haya sido así de breve y se haya evaporada, porque a mí me han servido para llegar hasta aquí.

Recuerdo que una de mis primeras historias de amor era sobre una rana y un sapo. Se casaron al conocerse y se amaron para siempre. Una pareja heterosexual y feliz. Otra, titulada El Caldero Mágico, tenía como protagonista al más tímido de la clase que se enamoraba locamente de la chica guapa del instituto (tan altiva y prepotente, tan afilada, como siempre nos han dicho que eran las mujeres). Luego las cosas se fueron complicando. Teníamos a una compañera de piso enamorada locamente de su mejor amiga, mientras ésta ignoraba rotundamente sus sentimientos y terminaba con el héroe de la historia. Después una anciana enamorada de una joven fallecida años atrás. Una testigo de Jehová comprometida con un muchacho, pero enamorada de otra mujer.

2. m. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.

3. m. Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo.

4. m. Tendencia a la unión sexual.

Pero las grandes historias de amor no solo hablan de personas. Nuestros personajes también se enamoran de sus lugares, de sus recuerdos, de los libros que escriben, del aroma del café, del anhelo de la eternidad, de aquella playa, de aquel reencuentro, de aquellas flores. Podemos sentir un amor irracional por nosotras mismas o por nuestras hijas, convertirse en algo peligroso y fascinante. También podemos pensar en el amor que despierta en nosotras, tal vez, nuestro trabajo o nuestra vocación. 

7. m. Esmero con que se trabaja una obra deleitándose en ella.

A amar también se aprende

En mis años como escritora no siempre he tenido la misma concepción del amor. Esta ha ido evolucionando poco a poco hasta llegar a lo que es ahora. Sin lugar a dudas, amar sin ponerle límites a mis sentimientos, con confianza ciega y con sumo cariño, es lo mejor que me ha regalado la vida. Puedo considerarme feliz y afortunada, porque no falta la dosis de amor necesaria en mi día a día. Propia y ajena. Y eso es mucho más de lo que siempre he necesitado.

Pero para llegar a este punto y a este equilibro hay que aprender, equivocarse y sufrir un poquito por ello (¿cuántas páginas acaban en la papelera antes de llegar a la definitiva?). No pasa nada, esos pasos también son amor al fin y al cabo, amor del real, que es hermoso y feo a la par. Amor del día a día, el que nos ayuda a ser más libres y más nosotras mismas. Amor que es fundamental pero que no lo es todo de igual forma, en ese complicado y delicioso equilibro. Podemos jugar con él, podemos abrazarlo bien fuerte y podemos hacerlo crecer, pues es infinito y no termina nunca (¡Cómo Marafariña!).

Photo by Haley Lawrence on Unsplash


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5 comentarios en “Escribir sobre el amor [real]

  1. Ana dijo:

    Mi querida Miriam
    Que valiente al hablar de esa manera tan profunda y sincera del amor!! Si, si, toda una valiente.
    El amor dicen que es el “motor” que mueve el mundo y es una gran verdad. Ese sentimiento tan real, tan amplio, tan vivo hace que la vida cobre sentido.
    Cada día sentimos nuestro corazón latir con ese sentimiento corriendo por nuestras venas por cosas sencillas, por canciones cantadas con delicadeza, por palabras sacada del alma, por gestos dulces y eternos…
    El amor es la raíz de la literatura. Que sería de la literatura sin amor?? Yo me apresuro a decir que serian letras vacias.
    Por lo tanto, que nunca nos falte el amor autentico y del corazon.
    Miriam, amiga, gracias por plasmar ese sentimiento en cada palabra tuya y cada gesto tuyo.
    Un gran abrazo.

  2. Alberto Mrteh dijo:

    Cómo me gusta cuando hablas de algo que te entusiasma.
    Eso sí, procura vocalizar un poco más. Hablas muy rápido… El formato recomendando libros me gusta.
    Sigue así.
    Alberto Mrteh (El zoco del escriba)

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