#CaféLibrería y nuevos proyectos para septiembre

Ya os adelantaba en este mini vídeo de Instagram y en los perfiles de Twitter y Facebook de A Librería la inauguración de un nuevo proyecto literario a “tres voces”. Junto con Carla Plumed de Café de Tinta y David Pierre (mi tan estimado compañero literario desde hace tantos años). Sí, amigas mías: un podcast. Un formato que funciona bastante bien, es dinámico y no sirve para hacer lo que más me gusta hacer: seguir hablando de literatura y, sobre todo, de #MujeresEnLaLiteratura.

A este nuevo espacio radiofónico, fruto de muchas conversaciones, complicidad y amistad durante las pocas horas que pudimos compartir en el Celsius 2018, lo hemos bautizado como Café Literario (podéis encontrarnos en Twitter con el #CaféLiterario), al que he dedicado una sección en esta web dónde iré actualizando con los nuevos programas que estén disponibles.

El primer programa íntegro lo podéis escuchar en Ivoox pinchando en este enlace.  En él analizamos muy pormenorizadamente La Compañía Amable de Rocío Vega. ¡Espero que disfrutéis de la charla! ¡Y que, sobre todo, os entren muchas ganas de leer el libro!

También podéis suscribiros a nuestro perfil (y dejar vuestros comentarios sería todo un detalle).

¿Ah? ¿Habéis visto ya la ilustración de Gemma Martínez para el proyecto? ¿no?

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Septiembre e Inflorescencia

Es un mes bonito septiembre. Después de agosto y sus horas de sol, de cierta libertad. Me gustaría decir que me he dedicado a descansar y a recuperar fuerzas durante el verano, pero ya hace tiempo que no suelo tener vacaciones en esta época del año. Aun así, no me puedo quejar. He tenido una temporadita de cierta desconexión de Redes Sociales y de actividad habitual en mis portales. Pero, ya veis, en realidad no he dejado de trabajar.

Cómo sabéis, Inflorescencia ya lleva dos meses en vuestras manos. Por el momento, la habéis tratado con cariño y con amor. La habéis leído y habéis dejado vuestros comentarios en Amazon y en Goodreads (¡corred si no lo habéis hecho ya!). Pero el camino de esta historia, y la de Marafariña, no ha hecho más que comenzar. Os aseguro que mi intención, con vuestra ayuda, es acercárosla mucho más. Que sea todavía más vuestra y menos mía. ¿Seremos capaces? Estoy segura de que unidas sí que podremos hacerlo.

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Por el momento, quedan algunas semanas para conocer el veredicto del Concurso de Amazon, donde esta historia participa. Y tengo mucho interés en saber cuál es el resultado este año.  Y aunque es verdad que me he mantenido un poco al margen de este premio en el ámbito público, he tenido el gusto de leer algunos de los títulos que he ido reseñando en mi otra casa, A Librería, ya sabéis dónde es.

¡Y relatos!

Sí, queridas mías. Agosto ha sido un mes de relatos y de nuevos retos. De explorarme a mí misma y de forzarme a mejorar. He presentado tres trabajos a diferentes convocatorias (una de ellas en gallego, algo que me hace mucha ilusión). Si las cosas salen bien, podremos saber algo muy pronto. Si no, pues tan solo tendremos que esperar un poquito más. Por paciencia que no quede, ¿eh?

En fin, que os puedo decir. Es un gusto volver, ahora sí, por aquí. Y espero que sigamos haciendo de este espacio un bonito lugar de letras y literatura.

¡Nos leemos, #MujeresEnLaLiteratura!

 

Photo by Hello I’m Nik on Unsplash

Agosto

No sabes nada, no busques nada. Eres una loca.

Tenéis que perdonarme, pero este post no es para vosotras. Es para mí.

Agosto siempre ha sido mi mes favorito del año, desde que soy una niña. Las vacaciones de verano, la playa, la ausencia de relojes, el perderme. El tener horas y horas a solas con lo que más amo en el mundo: mi literatura, solo mía, de nadie más. Agosto y el mes en el que aprendí a quererme, a mimarme, a ser yo. Agosto, el mes en el que esa niña con los ojos llorosos se miraba al espejo y me preguntaba a mí, a la Miriam adulta que todo lo debería saber, cuándo acabaría esto y cuándo llegaría la felicidad. Cuándo llegaría la libertad.

Agosto. Ya no encuentro a esa niña por ninguna parte. O sí, a veces sí. Cuando se me despeinan las cejas, cuando se me tuerce el labio y cuando tengo ganas de llorar pero no debo porque estoy en una oficina gris o estoy en un ambiente distendido en el que tales lágrimas no encajan. De niña lloraban con más facilidad y sin pudor. Nunca me dio vergüenza llorar, era mi manera de expresarme, porque hablar me costaba (aunque escribir me resultaba tan, tan sencillo. Ojalá todo fuera tan sencillo para mi como escribir), porque ser, simplemente ser, me costaba. Yo creía (en ese agosto) que eso se me pasaría al crecer. Pero crecí, crecí, crecí. Y esas sombras crecieron conmigo. Se anudaron a mis muñecas huesudas, a mis tobillos, a mi corazón sombrío. Lo ocupaban todo. Y, en cierto modo, lo ocupan.

Agosto. De niña miraba al mar. Sonreía. Había momentos pequeños en los que era capaz de ser feliz sin mirar nada más. Mi abuela y su olor a perfume (incluso en la playa) me hacían feliz. Mi abuela siempre fue algo importante en mi felicidad pero, las abuelas, se pagan poco a poco, sin remedio.

Agosto y esta niña ya no existe, pero la playa a veces tiene magia. A veces me duele seguir siendo esa niña, a pesar de que estoy más cerca de los treinta que de los veinte, que tengo un trabajo gris y una rutina estricta y precisa. El despertador suena cada mañana y solo yo puedo apagarlo, solo yo puedo tener energías para levantarme de la cama. Y sí, me arropa mi amor. Pero hay tantos vacíos alrededor, como precipicios, que a veces me da miedo, tanto miedo, salir del colchón. Agosto. Agosto. Agosto. ¿En qué te has convertido? Eres un mentiroso. Me prometiste que siempre serías así.

Agosto. Agosto y tu maldito agostamiento.

Esos círculos. ¿Los ves? Cada vez dejas que sean más pequeños. Pero me permites mis letras (mis letras, mis queridas letritas, mis personajes, mi yo, pequeña, mi yo) y es mi vía de escape. Me permites vivir y sobrevivir así. En cualquier punto. Literatura, yo te escribo y tú me contestas. Y me abrazas. Y me quieres. Me quieres como nada en este mundo ha sabido quererme y comprenderme. Tú me hieres, pero para abrirme y sacarme de dentro esa sombras tan oscuras. ¿Quién las provoca? ¿Agosto, tal vez? ¿Yo misma? ¿Esa niña que, de un modo u otro, se eternizó siempre dentro de mí?

Cuándo se iba a acabar todo, pequeña Miriam.

Dijiste que de mayor sería más sencillo.

Lo dije. Sí. Te lo dije, niñita de ojos redondos y lágrimas frías. Y siento que no sea más sencillo pero, al menos, te he enseñado un camino hacia el que escapar.

Rincones, playas, bosques, marafariñas, libros.

Nombres.

Tienes tu identidad, abrázala, quiérela como te enseñé a quererla.

¿Los ves? Son agostos, niñita. Agostos para ti, agostos eternos que te esperan.

 

 

Photo by Maksym Kaharlytskyi on Unsplash