Ellas, nosotras, vosotras: Cuéntalo

Esta entrada no estaba programada. De hecho, ahora, mientras la escribo, no estoy segura de si terminaré publicándola. Me sudan un poco las manos y el corazón palpita fuerte. Estoy sintiendo cosas mientras pienso en lo que voy a decir. Contarlo es difícil, pero callarlo es atentar contra nosotras mismas.

Nosotras. Usaré en este espacio (y en los que tengo a mi disposición) el género femenino para enmarcar a ambos. Al fin y al cabo, llevo veintisiete años haciendo lo contrario. Y, aunque muchos se empeñen en ridiculizarlo, no es ninguna estupidez. Así que eso, nosotras.

Escríbelo

Reconozco que no soy demasiado valiente, a pesar de lo que pueda parecer. La única diferencia entre lo que yo puedo contar y lo que otras muchas se han visto obligadas a callar son las herramientas. Y a la literatura es una herramienta poderosa, que puede incluso hacer grande y darle coraje a alguien tan insignificante como yo. Y, como he dicho tantas otras veces, la literatura no es más que la expresión de la verdad (y las mentiras) de la vida. De ahí su importancia, de ahí su trascendencia, de ahí su eternidad.

Y yo escribí una pequeña parte (pequeña, sí) de lo que yo misma sufrí y lo que todavía arrastro y arrastraré toda la vida. Algo que en su momento no fue interpretado como algo importante, algo tomado como lo normal, algo que era lícito en las relaciones entre personas de distinto sexo. Intentaba comprenderlo. No quería sentirme sucia, extraña, manchada. Yo no quería. Como, en Marafariña, Ruth tampoco quiso. Si habéis leído esa parte, os estará viniendo a la cabeza. Fue gracias a ella por la que muchas de vosotras, a lo largo de estos tres años, me habéis escrito repetidas veces para contarme vuestras propias experiencias. Compartimos nuestro silencio, compartimos ese dolor, esa herida que no hemos podido mostrar. Lloramos juntas, las mismas lágrimas, la misma extrañeza. ¿Qué nos han hecho? ¿Y por qué creíamos que tenían el derecho a hacernos esto?

Me dio mucho miedo publicar esa parte y, al hacerlo, lo hice sin ninguna intención de demanda feminista o reivindicativa. Salió de mi, sin más, como un demonio agazapado en el pecho que necesité vomitar. Ahora analizo mis propias letras y me siento orgullosa del análisis, de la profundidad y de la comprensión. Me siento orgullosa, ¿sabéis por qué? Porque me perdoné y porque me dejé comprenderme.

Ruth sintió compasión por él, una compasión que la ayudó a serenarse. Llevaban años juntos, desde muy jóvenes, cuando ni siquiera sabían lo que era amar. Se había reprimido, habían evitado todo tipo de contacto, todo tipo de muestras de cariño que pudieran suponer un peligro o un riesgo para su moralidad. Aquello estaba prohibido, terminantemente prohibido. Era fornicación, estaba castigada por la Biblia, por Dios, por la Organización de los Testigos de Jehová, era sucumbir a los pecados carnales más impuros. Al simple deseo de ese mundo carnal. Jaime, que presumía de una conciencia impoluta, se había contenido de manera admirable, sin insinuaciones, sin apenas quejarse. Sin embargo, era evidente que había sufrido con eso, por la necesidad del sexo, de tocarse, de sentir el calor de Ruth, de amar a su novia sin tapujos.

Ella se resignó totalmente a complacerlo, por mucho que todo aquello le resultase difícil, por mucho que no estuviera disfrutando, por mucho que se sintiera casi humillada al verse obligada a comportarse así. Como él quería.

Compasión por él. Compasión por tener que reprimir unos instintos fuertes que no pueden soporta. Qué duro es para ellos, tener un objeto a su lado del que disponer a placer sin preguntaré si ellas así lo desean, si se sienten cómodas, si están bien. Pero más duro es ver que fuimos capaces de excusar esas conductas, que nos sentíamos mal sin saber por qué, porque la Palabra Escrita divina nos decía que no sigan privando de ello a sus maridos, representando los rancios principios tradicionales que todavía arraigamos en este país. ¿Todavía hay alguien que crea que el feminismo no es necesario?

Ruth sacudió repetidas veces la cabeza. ¿Cómo podía contarle eso a Olga? No la entendería, posiblemente le parecería ridículo. Diría que es lo normal, que los tíos hacen esas cosas y que no hay nada de extraño en eso, que era una tontería que se sintiera de ese modo. Probablemente le diría que ella lo habían hecho millones de veces sin reparo, que ya se acostumbraría, que al principio era difícil pero que después todo le resultaría más simple.

La violencia

Pero la violencia se puede llevar a cabo de diferentes formas. La violencia no es solo levantar el puño y pegar, o atenazar las muñecas e inmovilizar. La violencia puede ser más sutil y más dictatorial, más difícilmente denunciable.

Aunque no he vuelto a sufrir episodios tan crudos como aquel (pero he escuchado los vuestros y, creedme, me duelen, me duelen muy adentro), sigo siendo golpeada por los estigmas del machismo del que jamás fui consciente de que estuviera tan arraigado y tan vivo, incluso entre los sectores más jóvenes de la sociedad. Empecé a apreciar esto cuando quise ser parte activa del movimiento, cuando me identificaba con el color violeta y con el #feminismo en sí en Redes Sociales y en mi vida cotidiana. Pero el estallido más importante ocurrió en el 8M.

Durante esa semana, soporté conversaciones muy desagradables y violentas con personas de mi entorno antes las que, a mi parecer, debía excusarme y explicarme por mis razones y mis motivos. Debía mostrar una actitud impoluta no solo ante esta lucha, sino ante todas las demás luchas del universo que, repentinamente, eran también nuestra responsabilidad. Escuchar como esos principios eran ridiculizados por un hombre, con tono socarrón, y sacándome de mis casillas para luego señalar la histeria femenina hizo que me temblaran las manos y el corazón. Me sentí estúpida y me sentí violenta.

Le di muchas vueltas a esa conversación. Recuerdo llorar de pura impotencia y preguntarme por qué razón tenían que atacarme por reivindicar los derechos de las mujeres, junto con otras muchas. Y, durante esos días, floreció en mi el pensamiento de esos episodios de mi pasado y pude sentirme igual de mal, igual de sucia e igual de insignificante. Con veintisiete años, siendo una mujer independiente y con cierta fuerza, habían conseguido volver a derrumbarme como cuando era una cría. ¿Y para ello? Para ello solo necesitaron palabras.

Somos Manada

Estas cosas van a seguir ocurriendo, queridas mías. Dirán que es una moda, dirán que exageramos, dirán que queremos beneficios. Nos llamarán feminazis. Pero no, lo único nazi es el machismo inherente, el que sufrimos a diario. El machismo que viola a nuestras mujeres en las calles, el machismo que las golpea con puños o con apalabras. El machismo que hace que aparezcan muertas.

Y para terminar estos párrafos, que me han resultado tan difíciles quiero agradecer a mis amigas y a las personas con las que durante tantas horas he hablando de estos temas y me he sentido escuchada. Quiero agradecer, por supuesto, a mis amigos por entenderlo y por estar de parte del feminismo. Por siempre respetarme como mujer y por mostrarse a nuestro lado. Esta lucha también es vuestra.

Somos manada, mujeres. Y haremos que esta guerra contra nosotras termine.

 

Foto de Johannes Plenio en Unsplash

12 comentarios en “Ellas, nosotras, vosotras: Cuéntalo

  1. Estíbaliz Durkheim dijo:

    Me ha encantado la entrada, Miriam, y ojalá tener la misma fuerza que tú para escribir en la iniciativa del cuéntalo. Creo además que es una iniciativa preciosa, donde nos apoyamos entre todas las mujeres y para reivindicar una vez más todo lo que valemos, todo lo que somos, todo lo que hemos pasado. Aún no conozco una mujer que no haya tenido ningún roce con micromachismos o similares… Y me da mucha pena.

    Mucha fuerza, monosa. Cualquier cosa me tienes aquí ❤

    • Miriam Beizana dijo:

      Esti, mi querida Esti. Tu eres una mujer valiente y poderosa. Lo sé desde que te conozco y, con el paso de los años, ese pensamiento solo ha crecido. El contarlo o no no nos hace ser más valientes; creo que podemos serlo igualmente. Pero contarlo a tu familia, a tus amigos o a alguien que pueda ayudarte es indispensable para que este tipo de sucesos terminen de una vez.

      Fuerza a ti también, mi monosa. Un abrazo enorme.

  2. Ale dijo:

    Qué fuerte leer esto Miriam. Siento mucho que hayas tenido que pasar por eso. Reconozco que esa parte de Marafariña es especialmente difícil de leer y me ha pasado todas las veces que he releído el libro. Por eso creo puedo llegar a hacerme una idea de lo mucho más terrible que debe haber sido vivirlo. Creo también que aún te duele mucho, porque implicitamente en este post no se hace expresa alusión a lo que te refieres, a menos que hayas leído Marafariña realmente lo comprendes, pero está bien dar un pequeño paso para intentar cerrar heridas y de paso, quizás sin notarlo, hiciste mucho, quiero decir que poner en la palestra un tema como es el abuso dentro de las relaciones hace unos años cuando ni siquiera se mencionaba es algo grande a lo menos. Hasta leer el libro nunca me había planteado ese tipo de violencia y fue muy duro, tan duro como necesario el haberlo hecho, así que gracias, gracias por a través de tus letras no sólo contar historias hermosas sino también exponer ciertas cosas que no debemos permitir jamás, bajo ningún contexto si eda no es nuestra voluntad, a pesar del deber socialmente esperado.
    Un abrazo apretado Miriam.

    • Miriam Beizana dijo:

      Te agradezco enormemente este comentario, Ale, tan sincero, tan bonito, tan generoso. Me ha llegado al corazón, y hace que escribir este tipo de post sea más fácil y, además, siento que merece la pena.

      Me hace muy feliz conseguir transmitir estos mensajes que pueden ayudarme a mí y ayudar a muchas otras. Sencillamente, gracias por estar ahí, al otro lado, por mantener viva mi esencia.

      Un abrazo para ti también.

  3. Fernando Losada Rodríguez dijo:

    Una entrada muy necesaria, Miriam. Queda mucho por cambiar en la sociedad sobre el feminismo, pero me parece increíble lo mucho que está cambiando la sociedad últimamente: parece que han despertado las conciencias…

    Los hombres tenemos mucho que aprender de las mujeres, y en esta lucha debemos tener un papel secundario.

    En cuanto a ese duro pasaje, da que pensar sobre la diferente idea que muchas personas tienen sobre la violación o el consentimiento. Gente que dice estar en contra de una agresión sexual, pero piensa que una esposa tiene el “deber” de acostarse con su marido aunque no quiera. Gente que se considera a sí misma “buena persona”, pero que no se ha parado a reflexionar sobre algunas actitudes profundamente machistas…

    • Miriam Beizana dijo:

      Muchas gracias, amigo mío. Ya lo sabes. Creo que, desde el otro lado, siempre has sabido apoyar y confiar en estas denuncias y en este movimiento. Y eso, créeme, es muy muy importante.

      Un abrazo.

  4. Lecturafilia dijo:

    ¿Sabes Miriam? A mí muchas veces me dan inmensas ganas de llorar de impotencia, de darle una bofetada a esos machirulos que se chulean de que ellos son el prototipo del macho español y que las mujeres exageramos, no sufrimos violencia. ¡Qué asco siento a veces! De hecho el otro día, un hombre se quejaba por saber cuándo se iba a celebrar el día del “macho español”. Lo dijo así tal cual, y después diremos que no hay machismo. ¡Qué va!

    Pero bueno, en todo esto tiene que haber algo bueno, y la verdad es que creo que las cosas están cambiando, aunque no tan rápido como quisiéramos. Gracias por escribir este texto tan valiente y aprovecho para decirte que ya deseo leer esa segunda parte de Marafariña. Muchísimos abrazos!

  5. Elisa dijo:

    Fuerte la entrada.En una ocasión te dije que eras valiente.Parecía que lo decía de broma pero no,nada más alejado de la realidad.Este texto me vuelve a dar la razón.Si fue complicado leerlo en Marafariña sin pararse a tomar aire no quiero ni imaginarme lo que fue vivirlo.Lo de la valentía te viene por partida doble, una por haberlo superarlo y otra por ser capaz de contarlo.Las dos son muy difíciles pero ahí estás,enfrentándolo y tirando hacia delante.Un abrazo y enhorabuena .

    • Miriam Beizana dijo:

      Soy valiente gracias a personas que, como tú, me apoyáis tan constante y sinceramente a través de las redes y a través de este espacio. No sabes lo importantes que son para mí cada uno de los comentarios, cada una de vuestras palabras. Representan el motivo principal para seguir.

      Un abrazo enorme.

  6. Ana dijo:

    Te habrá derrumbado esa conversación dura, machista e hiriente pero, sin duda, te has levantado con más fuerza, con más valentía y con más arrojo que nunca.
    Tus palabras han calado hondo, Miriam. Reconozco que me han erizado la piel y me han hecho pensar… pensar en el valor que tenemos, en que la sociedad debe cambiar, en que todas debemos apoyarnos unas a otras y sobre todo debemos valorarnos y respetarnos nosotras mismas de manera individual y colectivamente.
    No somos las marionetas de nadie y no somos las concubinas de nadie. NO es NO. Juntas debemos luchar por combatir el machismo que tan arraigado esta en nuestra sociedad. No somos menos que nadie. Somos lo que somos: mujeres.
    Y por ello nos merecemos derechos, nos merecemos respeto, nos merecemos que se nos valore y que se termine la violencia que se cierne sobre nosotras.
    Porque ya basta de golpes, de insultos, de abusos. Ya basta de ser el sexo débil (dicho entre varones). Basta ya!!!
    Una vez más, gracias Miriam por narrar con tanto valor y ser la voz de otras muchas mujeres que, por circunstancias han guardado y guardan silencio. Gracias por tu fuerza.
    Un abrazo enorme!!

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