Escritura íntima y la identidad personal

Muchas veces me hacen esta pregunta, que si no me da miedo. Miedo a qué, pregunto. Miedo a exponerte así en lo que escribes, a contar tanto de ti. Sonrío y tengo dos respuestas. La primera es que yo al escribir soy valiente, la segunda es que yo no me expongo. Es la novela la que lo hace.

Estos sentimientos suelen ocurrir sobre todo cuando trabajamos durante años en nuestra opera prima que, de un modo u otro, es la novela a la que más ligados nos sentimos. De hecho, como he dicho en más de una ocasión, Marafariña la publiqué en un primer momento bajo el seudónimo de M.B.Vigo. Más tarde, por diferentes motivos, preferí usar mi nombre completo.

La identidad de la escritora

Creo que cuando escribimos, sea una historia personal o no, tenemos que aprender a desligarnos íntimamente de nuestras letras. Está claro que, de un modo u otro, muchas cosas nuestras estarán reflejadas ahí de manera inevitable. Pero no se trata de un diario personal, ni tampoco de nuestras memorias. Si escribimos ficción, debemos de considerar que de ficción se trata, y así lo entenderán nuestros lectores. Por eso los protagonistas no llevan nuestro nombre (o no siempre) y nos gusta describirlos de maneras diferentes. Esas mentiras son las que, tarde o temprano, nos terminan protegiendo.

Esta identidad del escritor debe ser reservada y tener el mismo derecho a la intimidad personal tanto si firma con un pseudónimo como con su nombre completo. Quiero decir, aunque en mis novelas figure en la portada Miriam Beizana Vigo, esa Miriam que se conoce a través de sus libros no deja de ser la Miriam escritora, sin más. Porque sí, es verdad que ser escritora es, tal vez, lo más importante de mí, pero hay mucho más que me pertenece y es una identidad desligada de mi otra identidad, la que no tiene miedo a escribir libros.

Digamos que estamos divididos en millones de cuadraditos. Muchos de ellos los compartimos en función de qué roles empleemos en cada situación: en el trabajo, con la familia, con la pareja, con los amigos o al escribir. Y después está la parte en la sombra, como la cara oculta de la luna. Esa parte, si hablamos sobre ella o escribimos sobre ella, lo hacemos desde el subconsciente. A veces nosotros ni siquiera sabríamos reconocernos en nuestros escritos, mucho menos los lectores. La verdadera ficción está, pues, saturada de una verdad escondida.

Sobre escribir de lo íntimo

¿A qué llamo escribir de lo íntimo? En un primer momento hablo de sentimientos, de heridas, de vergüenzas y ese tipo de cosas que tanto le cuesta expresar al ser humano. Una gran parte de este tipo de ideas surgen de la niñez y la adolescencia (donde lo horrible se vuelve aún más horrible; y lo bonito es lo más hermoso que se haya visto nunca). Desde una perspectiva más adulta, o eso quiero pensar, podemos analizarlo de tal forma que puede resultar muy útil en el ámbito de la escritura. Tanto si hablamos de un primer día de instituto, de los problemas para hacer amigos o de las horas de soledad en nuestro cuarto.

Yo nunca sentí demasiado pudor a la hora de escribir, porque cuando escribo no pienso en que esas palabras se vayan a publicar y serán leídas por otros. Esto es porque tardará mucho tiempo en que algo así suceda. Digamos que lo hago sin pretensión. Digamos que durante el proceso creativo Miriam está a solas con Miriam. Y Miriam no puede sentir vergüenza de sí misma. Y, si lo hace, se esfuerza por ser valiente no hacerlo. De ahí emana todo. De todas maneras, y siendo totalmente honesta con vosotros, he de decir que hicieron falta algunos años y mucha práctica para escribir de lo íntimo sin autocensurarme.

Sí. Es lo que estáis pensando. Lo íntimo incluye el ámbito sexual de nuestra novela, inexcusable en muchas historias. Para mí, una de las partes más difíciles de tratar. Sobre todo si pensamos en que nuestros amigos o nuestros padres leerán esas páginas algún día. Cuesta escribir sobre sexo, los dedos se congelas y el rubor sube por la faringe hasta las mejillas. Pero es un momento delicioso también, donde podemos ser inteligentes, dejar fluir la poesía. También podemos otorgarle fealdad, quitarme importancia, convertirlo en algo físico. A veces soez. En fin, las posibilidades son infinitas. Y por algo nos gusta llamarnos escritores.

La vulnerabilidad de nuestra intimidad

Pero, como he dicho, seguimos estando desligados de nuestra historia y jamás debemos de permitir que nada ni nadie traspase esa línea que nos protege y nos permite ser artistas libres. Por suerte y por desgracia, las Redes Sociales nos hace ser personas accesibles para nuestros lectores. Para mí es algo mucho más positivo que negativo, pero también me ha llevado a sufrir ciertas experiencias desagradables. Dado que, como sabéis, he escrito dos novelas hasta la fecha plagadas de verdad y de mí misma, los comentarios negativos han aparecido, en algunas ocasiones, colados entre los mensajes bonitos.

Ha habido lectores que han arremetido contra mi creencia religiosa, también me han juzgado por mi condición sexual o por el simple hecho de ser mujer. Cuando suceden estas cosas, irremediablemente tiendes a sentir esa vulnerabilidad. Por unos breves instantes te preguntas si ha merecido la pena encajar esa verdad personal entre todas las mentiras de los libros. Pero sí, claro que sí. Claro que lo merece. Esa Miriam escritora tiene que saber responder con elegancia esos ataques, saber ignorarlos, saber dejarlos en su lugar. Cualquier artista que expone su trabajo tiene que ser consciente de que este tipo de comentarios y acciones llegarán en un momento dado; pero también se irán. Tenemos que estar por encima del pavor a las mismas para escribir libres, para escribir mejor.

 

Photo by mvp on Unsplash

 

11 comentarios en “Escritura íntima y la identidad personal

  1. Esther Morera dijo:

    Una novela es ficción, aunque se impregne de tus emociones, de tu experiencia, de tu manera de ver y vivir las cosas. Hay algo de ti en cada personaje, en cada historia. Pero sobre todo aportas tu mirada. Y en esas letras se entretejen «verdades» y «mentiras», fluyen deseos y miedos, que quizás se vuelven manejables al observarlos desde fuera. Todo se entremezcla y tus personajes cobran vida, te piden prestado un trocito de alma y parecen tangibles. Yo me he descubierto dándole vueltas a la carta que escribiría a Olivia, o lo que le diría a Ruth si pudiera tomar un té con ella.
    Creo que lo que tratas de expresar es difícil de transmitir, pero como tantas veces, aunque no sepa muy bien cómo reflejarlo, siento que te entiendo.
    ¡Un abrazo fuerte!

  2. Ana dijo:

    Es verdad que cuando escribirmos siempre se deja unas pinceladas de una misma pero también es cierto que lo que narramos son historias que pueden ser de gente de a pie (amigos, conocidos, noticias…) o puede ser ficción en estado puro.
    Lo que está claro es que cuando narramos no contamos nuestra vida en verso, sino que, simplemente nos ayudamos de nuestro día a día para dejar fluir nuestra imaginación. ¿Sentir miedo? ¿Porque?
    Tu texto Miriam abre las puertas a la reflexión, a pensar en esos matices que tú (muy bien) has contado.
    Una vez más enhorabuena por tu arrojo, por tus ganas incansables de contar historias y por dejarnos escritos como estés tan auténticos.
    Un saludo.

  3. Alberto Mrteh dijo:

    Creo que es la primera vez que estoy totalmente en desacuerdo contigo. Yo creo que al escribir nos exponemos muchísimo. Solo por el hecho de fijar la mirada en un asunto y no en otro, ya nos estamos mostrando. Incluso cuando hablamos de temas que biográficamente están alejados de nosotros. Pero eso no debe limitarnos. Hay que asumirlo y ser honestos.
    Es un placer leerte siempre.
    Alberto Mrteh (El zoco del escriba)

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