La literatura y la visibilidad de las enfermedades mentales

El pasado día 25 de enero celebrábamos el aniversario del nacimiento de Virginia Woolf. Además de conmemorar a una de las mejores escritoras británicas (y universales) y de remarcar a un icono del feminismo de los años 70, existieron diversos hilos y artículos que hablaban sobre la importancia de la visibilidad de las enfermedades mentales también en el ámbito de las artes, en particular de la literatura. La autora vivió una vida marcada por una aguda bipolaridad que, finalmente, la llevó al suicidio en 1941.

Escribiendo este artículo no puedo evitar acordarme de Sylvia Plath. La autora de La campana de cristal se suicidó metiendo la cabeza en el horno con tan solo treinta años de edad, tras luchar durante toda su corta vida con graves altibajos emocionales.

Los demonios y las musas

No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente.

Virginia Woolf

Como otros muchos temas trascendentales, las dolencias de la mente fueron un tabú, motivo de una tortura oculta y enterrado en el secretismo más cruel. Hoy por hoy, su visibilización está mucho más naturalizada, pero todavía queda mucho por hacer.

Tanto Woolf como Plath dejaron la huella en sus obras del dolor que hirió sus mentes y mitigó su salud. Esa sombra era parte de ellas como lo era el color de su pelo o su don para la pluma. Casi podríamos pensar que se trata de una especie de maldición que acaece a un número cada vez más importante de personas en todo el mundo, tratándose de la primera causa de muerte no natural en España. Tal vez en su momento, ellas no fueran consciente del gran testimonio que dejaban tras de sí: un diario sincero y abierto de par en par para que, sus lectores presentes y futuros, pudieran saber cómo se sentía y cómo funcionaban sus mentes.

No resultan vacuas las referencias a la depresión y a otro tipo de enfermedades de la mente en las obras literarias. De hecho, se les ha otorgado cierto significado poético y romántico, tintándolas en el tupido velo del desamor o de la despedida. Pero, sabemos, estas dolencias no siempre están ligadas a un drama personal o a una tragedia íntima que nos ha desolado. En la gran parte de los casos, esa faceta oscura de nuestra cabeza nos pertenece casi al nacer. O aparece, sin más. Lo más grave es que existen personas que todavía no son conscientes de lo que les ocurre y que, además, tiene cura o, por lo menos, un tratamiento.

Aún era yo la criatura encogida y amargada a la que le han roto un sueño.

Carmen Laforet

Muchas otras grandes plumas sufrieron trastornos mentales que, sin embargo, no impidieron que su literatura brillara con luz propia. Tolsoi, Hemingay, Pizarnik o Allan Poe son otros nombres que vienen en a mi mente. Tal vez, si lo reflexionamos bien, no hay ninguno que, en mayor no menos medida, haya sido víctima de una dolencia psicológica más o menos intensa.

Ahora se me viene a la mente mi querida Carmen Laforet que se consideraba enferma psíquicamente. Ese espíritu y pensamiento torturado está impregnando en Nada y en La isla y los demonios. Una figura que, ahora, consideramos tan sobresaliente, vivió minada por la baja autoestima de sí misma hasta terminar consumiéndose. Es curioso como en su frágil fortaleza, los lectores que hemos llegado más tarde, podemos arañar las pinceladas de su camino, plagado de aprendizaje y de autoconocimiento. Y, además, podemos abarcar con un pesar inmenso la amargura y depresión que tintó su vida.

Mi experiencia personal

Siempre que he dejado marca en las páginas que he escrito hasta ahora sobre trastornos mentales no lo había hecho siendo consciente de la importancia que recae en su representación. Tal vez desde hace muy poco tampoco tenía identidad de ningún tipo de movimiento social como la libertad LGBT o el feminismo. Pero mis ideas van madurando y mi necesidad de lucha lo hace con ellas. Si he escrito pensando en otorgar justicia y comprensión al romance homosexual y el papel de la mujer, ¿por qué no iba a hacerlo saliendo en defensa de aquellos que sufrimos algún tipo de dolencia psicológica?

Tenía que estar tan emocionada como la mayoría de las demás chicas, pero no lograba reaccionar. Me sentía muy tranquila y muy vacía, como debe de sentirse el ojo de un tornado que se mueve con ruido sordo en medio del estrépito circundante.

Silvia Plath

Si habéis leído Marafariña podéis encontrar múltiples referencias en Esther, Olga, Valentín y la propia Ruth, quiénes reflejan diferentes trastornos tales como la depresión, la psicopatía o el TLP. Lo más importante en la trama radica en la manera en la que esta enfermedad afecta tanto al personaje que la padece como a su alrededor y a las acciones que lleva a cabo. Creo que es un retrato bastante fiel de cómo la ausencia de tratamiento (o un tratamiento poco efectivo) puede llevarnos a sufrir nosotros mismos y a resquebrajarnos de nuestros entorno.

A lo largo de mi vida he conocido de primera mano y en mi círculo más íntimo cómo actúan y cómo nos pueden afectar estos problemas. Con ocho años sufrí lo que se etiquetó en su día como depresión infantilpor la cual estuve a tratamiento psicológico durante varios meses. Creo que fue muy importante la decisión de mis padres de proporcionarme ayuda externa y, así, ayudarme a no estigmatizar mi problema. Para esa niña de ocho años que una profesional me indicara que cómo yo me sentía tenía una explicación real, fue un auténtico alivio.

Por supuesto, esta enfermedad volvió varias veces a mí (y lo seguirá haciendo durante toda mi vida). Pero con tiempo nos hemos hecho amigas, nos hemos unido y he sabido identificarla y manejarla. Al fin y al cabo, forma parte de mí. Llegar a este equilibrio no es fácil, exige autodominio y ayuda de un terapeuta especializado. En mi caso, fueron casi dos años de tratamiento intensivo y, diré, muy afectivo. A día de hoy, me considero una mujer nueva y muy capaz. Sobre todo capaz.

La visibilidad

Escribir ha sido mi mejor medicación, como para otros muchos antes que yo. Escribir me permitió exteriorizar esos sentimientos negros y comprenderlos mejor. Además, vi que los lectores los identificaban y eran capaces de sentirlos. Una vez más, ahí estaba, la herramienta más valiosa que poseo ayudándome a estar bien; y ayudando a otros a encontrarse. Tal vez esto sea un poco pretencioso, pero soy escritora. En un punto pequeño de mi ser soy pretenciosa.

Pero no solo escribir me ha ayudado. Sin duda, lo que más alivio me ha reportado ha sido la lectura y conocer esas grandes figuras que han vivido episodios similares a los míos. Y que, aún así, han sido capaces de escribir grandes obras maestras que perdurarán en el tiempo. El mérito es doble, o triple, en este aspecto. Es una hazaña que Woolf luchara con su trastorno bipolar y fuera capaz de trabajar en obras como La señora Dalloway Las olas, que Carmen Laforet tuviera la fortaleza de escribir Nada y ganar el Premio Nadal a pesar de su durísima depresión, que Silvia Plath nos dejara su La campana de cristal y sus preciosos poemas. Que dieran visibilidad a aquello que las estaba destrozando poco a poco.

¿Que qué es para mí la felicidad? Creo que carezco de conocimiento, sentimientos y argumentos para dar una respuesta a tal pregunta. Pero diría, con cierta valentía, que la felicidad es el imposible más posible que existe para el ser humano

Todas las horas mueren

 

Photo by Kinga Cichewicz on Unsplash

30 comentarios en “La literatura y la visibilidad de las enfermedades mentales

  1. Viviana dijo:

    Excelente articulo. Gracias por escribir sobre ello. Sacar el estigma de padecer una enfermedad mental es algo que cuesta imponerlo en la sociedad. Pocas personas acceden a profesionales idoneos…y la batalla es asi…mas dificil

  2. Lluvia Beltrán dijo:

    Muy buen artículo. Creo que hablar sobre enfermedades mentales aún es tabú en nuestra sociedad. Puedes insinuar, crear personajes que parezca que…, hacer referencias… Pero coger el toro por los cuernos, llamar las cosas por su nombre y mostrar lo que puede causar una enfermedad de este tipo, aún cuesta. Sin duda, la literatura es un excelente canal para visibilizar y “naturalizar” esta lacra.
    Un saludo.

  3. Elisa dijo:

    Muy interesante ,difícil,sincero y duro.Eres valiente y totalmente capaz.Enhorabuena por el artículo y por tener unos padres que actuaron inteligentemente.

  4. Esther Morera dijo:

    Hasta reivindicándote como pretenciosa suenas humilde 🙂
    Me alegra que seas consciente del poder curativo de tus letras, no solo para ti, sino para los que te leen. Es muy generoso por tu parte el nivel de compromiso que asumes; y, otra semana más, te atreves con un tema tan sensible como necesario.
    Como quizás ya sabes, trabajo en una farmacia. Creo que voy a empezar a «recetar» tu blog 🙂

    • Miriam Beizana dijo:

      Sí, ya sabía que trabajabas en una farmacia… y eso de “recetar” mi blog es una de las cosas más bonitas que me han dicho nunca jaja.

      Muchísimas gracias por estar siempre ahí, me alegra seguir escribiendo entradas que te gusten. Un abrazo muy fuerte.

  5. Miriam Collazo dijo:

    Un tema tan delicado,, excelente Miriam.
    Un gran porcentaje de la sociedad padece de este mal y no lo saben.

    Que enseñas con tus letras la realidad del ser humano,, cuanto una menté enferma puede lograr .

    La escritura el arte eficaz instrumento para entender estas personas especiales.

    Tremendo artículo .

    Un abrazo

  6. La escritora entre el centeno dijo:

    Yo siempre he dicho que escribir, incluso aunque sea para una misma, es un poco como ir a terapia, porque a veces, cuando pensamos que no podemos hablar con alguien, lo hacemos con el papel o la pantalla en blanco y, como tú bien dices, exteriorizamos esos sentimientos negros, da igual que los camuflemos de fantasía, ciencia ficción, poesía o cualquier otro género. Y creo también que, conocer la historia de quien está detrás de la obra nos sirve para darnos cuenta de que no estamos solos y, además, no puede dar fuerza para pedir ayuda y seguir adelante.
    Un abrazo, Miriam 🙂

  7. Daniel Chirich dijo:

    “No soy enfermo. Me han recluido. Me consideran un incapaz. Quiénes son mis jueces…
    Quiénes responderán por mí.
    Hice conducta de poesía. Pagué por todo.
    Sentí de pronto que tenía que cambiar de vida. Alejarme del mundo. Y me aislé. Me fui de todos, aun de mí…
    Hoy es la demencia un estado natural.
    Todas las palabras son esenciales. Lo difícil es dar con ellas.
    El delirio son instantes. Puede durar toda la vida.
    Mi poesía es toda medida.
    El arte tiene que volver a ser un acto de sinceridad.”

    (Jacobo Fijman, “Todo lo que uno recibe es pasión”)
    A partir de tu texto Miriam, me acordé de Fijman, grandísimo poeta argentino que murió en el hospicio después de años de reclusión. Compañero de ruta de Borges y Marechal en la Revista Martín Fierro.
    Saludos!!

    XXIV

    Nace en mi llanto de oscuridad de todo
    llanto,
    oscuridad de soledad de todo llanto.
    Vuelven las almas sobre mi alma de alma en alma,
    de muerte en muerte.
    Lloro con llanto de mi llanto
    sobre mi alma de alma en alma, de muerte en muerte.
    En soledad de soledad con soledad
    en soledad, en todo, en soledad crecida en soledad.
    Reposan los huesos en mediodías
    en la soledad de mi alma desnuda en soledad.
    Criatura de la quietud donde nacen soles.
    Debajo del nacimiento
    mi garganta solloza almas de alma en alma, de muerte
    en muerte.
    De “Estrella de la mañana”

  8. Estíbaliz Durkheim dijo:

    Me ha llegado muy adentro tu artículo, Mara ^^. Por desgracia, yo también sé de lo que hablas. Y sé lo que son las enfermedades mentales en mi propia piel. A día de hoy, sigo luchando contra ellas. Pero no me rindo.

    Siempre diré: si vamos al médico cuando tenemos gripe, ¿Por qué no vamos cuando nos sentimos deprimidos o consideramos que tenemos depresión? Y también remarco, que es lo que muchas veces me he encontrado: Las pastillas no lo solucionan, ayudan, pero no lo solucionan… A pesar de ello, la escritura siempre me ha salvado en ese sentido, sacando todo lo que hay dentro de mi, lo que hay en el fondo…

    Muchas gracias y animitos, monosina :3

  9. Alberto Mrteh dijo:

    Excelente artículo Miriam. Me ha encantado tu admiración por esas grandes escritoras. Es algo que me gusta mucho de cómo escribes. Desprendes pasión por la lectura.
    Recientemente lei un artículo en el que el escritor Dris Chraibi decía que había aprendido mucho más con la lectura que con la escritura. Me parece una lección fundamental.
    ¡Y no es pretencioso que te consideres escritora!
    Alberto Mrteh (El zoco del escriba)

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