Mi habitación propia

Démosle una habitación propia y quinientas libras al año, dejémosle decir lo que quiera y omitir la mitad de lo que ahora pone en su libro y el día menos pensado escribirá un libro mejor

He estado releyendo a Virginia Woolf últimamente y solventando el problema de que, todavía, no había leído su famosísimo ensayo Una habitación propia (del que publicaré una crítica en A Librería a finales de este mes) al que pertenece la célebre frase que abre esta entrada.

No es ningún secreto que mis lecturas son toda una inspiración para mí. Y ya no solo en la faceta como escritora. Quiero referirme a algo que va más allá, digamos mi alma, digamos mi personalidad. O lo más profundo de mi corazón. Que sí, es cierto, es un corazón de escritora (y está lleno de letras, y de tinta, y de personajes). Pero también es un corazón de mujer joven, de mujer algo dolorida, de mujer llena de sueños y de mujer que nunca se cansará de buscar el amor y la felicidad.

Quería reflexionar, si me lo permitís, sobre esa habitación propia. La lectura de Woolf me ha hecho pensar mucho sobre esa búsqueda de independencia económica y una habitación propia e íntima en la que sentarse a escribir. En el caso señalado en la obra, la escritora recibe esas quinientas libras de una herencia, por lo que no tiene que desempeñar ningún trabajo fuera de su casa para ganarse el pan. Para la escritora británica, este requisito era indispensable para escribir una novela mejor.

Que sí, es cierto, es un corazón de escritora (y está lleno de letras, y de tinta, y de personajes).

Lo cierto es que no suena mal. Mi alma artística siempre está abogando por esa libertad, he de reconocer que a veces me siento enjaulada con todas mis obligaciones tan técnicas, tan adultas, tan grises. Si hago un cálculo, tan solo puedo dedicar un 10% de mi vida a la literatura. Un porcentaje que divido entre lectura, escritura y los diferentes espacios que procuro sacar adelante. No es una gran cifra y, muchas veces, está atrofiada del cansancio y la desgana que son los propios enemigos de esta creatividad. Digamos que para ganarme esas quinientas libras debo abandonar mi habitación propia muy a menudo.

A pesar de esto, no puedo evitar sentirme un pelín orgullosa de mí misma. No es altivez ni prepotencia. Pero es necesario quererme un poco y ser capaz de apreciar mis propios logros, aunque no sean victorias (o sí). Careciendo de esa habitación propia y de la libertad que puede regalar una solvencia económica innata, lo cierto es que he conseguido publicar dos novelas de ficción, he trabajado en un proyecto literario remunerado y he sacado adelante, junto con David, el espacio de A Librería y esta página web que estás leyendo ahora mismo. He conseguido escribir un puñado de relatos, la mayor parte de los cuales no han obtenido mérito ni reconocimiento, y eso duele, y frustra y cansa. Pero he seguido. Y también me he leído más de sesenta libros en el último año. Tal vez esa novela podría haber sido mejorY aspiro, desde luego, a escribir esa novela mejor.

Si hago un cálculo, tan solo puedo dedicar un 10% de mi vida a la literatura. Un porcentaje que divido entre lectura, escritura y los diferentes espacios que procuro sacar adelante.

No obstante, diré, que si hubiera contado con una circunstancias diferentes, existirían muchas cosas que indudablemente me habría perdido. Moverte en el mundo laboral es toda una experiencia humana. He conocido gente estupenda y gente detestable, he podido indagar en que existen personas que le otorgan valor a otras personas y he sabido cómo te pueden llegar a doler las rodillas después de estar doce horas de pie sin descanso. He podido vivir cómo al gigante que te paga la nómina no le importan tus problemas personas, los cuales son molestos e insignificantes. He visto que existe muy poca humanidad en el ser humano. Y eso me ha permitido ser más fuerte, crecer y obtener mi propia libertad en este difícil engranaje social.

A veces me he sorprendido a mí misma cuando llegaba a esa habitación propia exhausta y muy tarde. Y, con el estómago vacío, era capaz de escribir insomne durante horas. La pasión literaria era más fuerte que nada. Y lo sigue siendo. A veces creo que puede destruirse el mundo, puede quemarse mi habitación propia que, de un modo o de otro, no dejaré de escribir.

Aunque a veces cuando gritas fuerte ni siquiera se devuelve el eco de tu voz, puede que, tal vez, algún día, escriba un libro mejor.

Es cierto. Ansío tener esa habitación y, sobre todo, gozar de la libertad de poder permanecer en ella todo el tiempo posible. Pero, por desgracia, es una perspectiva lejana hoy por hoy y, además, utópica.

Mientras tanto, seguiré llevándome mi rincón de escritora a cualquier parte en la mochila, en el bolsillo, en la mente y en el alma. Seguiré rescatando cada segundo libre para seguir golpeando con ferocidad las teclas de mis musas y dejando salir las historias que, cada día, quieren brotar de mí. Y, aunque todo podría ser mejor. Aunque a veces cuando gritas fuerte ni siquiera se devuelve el eco de tu voz, puede que, tal vez, algún día, escriba un libro mejor.

Photo by rawpixel.com on Unsplash

15 comentarios en “Mi habitación propia

  1. Esther Morera dijo:

    Te entiendo. Por un lado, tu día a día, lo que vives, lo que luchas, te cargan de experiencias, te aporta un bagaje, una profundidad que tu corazón de escritora transforma en pura literatura. Por otro… no estaría de más tener una comodidad económica que te permita explorar qué saldría de otro tipo de vivencias, y sobre todo, de una mayor disponibilidad de tiempo para dedicar a lo que decidas. Aprovechando estas fechas… pues no estaría nada mal que te acompañara la fortuna en la lotería de Navidad, no? 😊

  2. marta catala dijo:

    muy interesante este tema… Hoy en día tenemos más independencia y unas posibilidades más igualitarias de acceso a educación y trabajo…
    Ahora bien, el trabajo literario (de hombres y mujeres) necesita ese tiempo y espacio propios que en el mejor de los casos se puede ganar con estos propios esfuerzos o…. se tiene que ganar de otro modo (con un trabajo “serio”?)
    Por otro lado, la misma presión comercial (la necesidad de comer) condiciona el trabajo creativo… así que puede que ganar la lotería sea un buen apaño para los artistas…

    Confío en que la sociedad futura valore y fomente la creatividad de sus ciudadanos, incentivando é
    sta, generando talento para el disfrute y beneficio de tod@s
    ahh, recuerdo ahora que Simone de Beauvoir estuvo pagándole de su bolsillo una beca a Violette Leduc, de modo que esta pudiera centrarse en escribir. Gracias a ese gesto, podemos disfrutar del incuestionable genio de esta autora!

    • Miriam Beizana dijo:

      Hola Marta… Es un placer tenerte por aquí.

      Hay que intentar equilibrar la balanza. Yo, de todas formas, aún espero mi pequeño golpe de suerte para gozar de algo más de tiempo libre. Mientras tanto, hago malabares 🙂

      Un abrazo.

  3. Ana dijo:

    Mi buena amiga:
    Con esfuerzo todo se consigue. Ya sabemos que hoy por hoy conseguir esa ansiada habitación propia es complicado. Como hacias referencia en tu escrito, la vida adulta nos agota, nos deja sin fuerza y muchas veces nos hace tropezar con personas… vamos a denominarlas complejas y grises pero una nunca se puede rendir.
    Es más, en tu caso, tú has logrado escalar cimas que parecían casi imposibles de alcanzar y lo lograste, por lo tanto, todo ese esfuerzo valió la pena y tuvo recompensa (véase todo lo bueno que te ha traido tus dos novelas).
    Cuando un sueño se convierte en unas de las principales fuentes de energía en tu vida hay que seguir, hay que luchar, hay que seguir intentando subir esas cimas complicadas porque todo llega. Algún día conseguirás esa habitación propia y sabrás que todo lo vivido hasta lograrlo valió la pena.
    Gran escrito Miriam.
    Un abrazo!!

  4. Roberto Saborit dijo:

    Monterroso tiene un pequeño texto sobre esa lucha del escritor. El personaje es interrumpido constantemente de su tarea literaria con tareas y obligaciones menores. Creo que el lo concluye diciendo que es interrumpido ¨por, en fin, la vida¨.
    Bukowski es otro con un excelente texto sobre la creación. Donde asevera que si tienes la necesidad de crear lo harás luego de 12 horas de trabajo, con hambre, sueño…un texto algo terrible, extremo.

  5. Alberto Mrteh dijo:

    Tres cosas:
    Me ha parecido una entrada fabulosa.
    Estoy en shock al saber que un ser humano se ha leído sesenta libros en un año.
    Si pudieras estar siempre en tu habitación propia, no significa necesariamente que fueras a escribir más y mejor. Quizás lo que escribes lo haces porque estás todo el día planeándolo y al llegar a tu habitación simplemente lo vuelcas. Quizás la habitación propia esté ya en tu cabeza y tú no lo sabes.
    Alberto Mrteh (El zoco del escriba) Alquilando una habitación de forma temporal.

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