¡Nuevo logo y nuevo diseño web!

Lo sé, lo sé. Este blog se actualiza los miércoles y también sé que desde que tengo la costumbre de contaros mis novedades también por aquí, además de en mis Redes Sociales (donde os invito a seguirme, en FacebookTwitter e Instagram) estoy abriendo mi casa más de la cuenta… ¡Pero os prometo que no es a propósito! (aunque sé que os gusta tanto como a mí vernos más a menudo).

El motivo de esta actualización es que, como podéis percibir, he modificado el diseño de mi página web para hacerla más visual y resumir un poco mi contenido añadiéndole una portadaPelearme con wordpress ha merecido la pena, ya que hace mucho tiempo que tenía ganas de darle un lavado de cara a mi casa, para que estuviera más vistosa para vosotros. Además, hay que empezar a prepararse para lo que se avecina, ¿no?

Pero no solo eso (por favor, no os vayáis todavía). Y es que de manera tan altruista y desinteresada como siempre, Gemma Martínez ha diseñado un logo. ¡Sí, tengo un logo por fin! (otro pasito más hacia mi marca personal).

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La imagen que ha diseñado para representar este espacio es, en realidad, un escaparate poético de las historias que han formado parte de mi literatura durante estos años: una hoja (Marafariña), un reloj (Todas las horas mueren) y una flor violeta… Espera, espera, ¿una flor violeta? ¿Y eso?

Tal vez se avecinan esos cambios de os que tanto os he hablado. Tal vez están cerca, muy cerca.

¿Qué os parece? ¿Os gusta este nuevo enfoque? ¿Hay ganas de saber qué se esconde tras esa flor violeta?

¡Ah! Y no quiero irme sin antes deciros que, además, mis queridos Gemma y David ha iniciado una locura fantástica. Se trata de un juego de cartas llamado Indie Wars que os explican estupendamente en este post en su sitio web. Y no puedo dejar de mostraros mi avatar (que es, por cierto, ideal para este Halloween):

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Miriam Potter y Letra convertida en lechuza

¡Gracias por leerme de nuevo! ¡Que tengáis un fantástico inicio de semana!

 

 

 

¿Pero lees?

Creo que es complicado medir hasta qué punto leer es importante. Fuera del concepto de rata de biblioteca que me gané a pulso durante mi época estudiantil (y del que me siento tremendamente orgullosa), no creo que leer ahora se vea como algo negativo en ningún caso. Leer siempre queda bien, tiene su atractivo. Un entretenimiento sano y enriquecedor, del que podemos disfrutar en cualquier parte.

Existen muchas encuestas publicadas sobre la población lectora activa que dan verdadera lástima (aunque a mí nunca nadie me ha preguntado si leo o no, así que pondré en duda que el desastre sea tan apocalíptico). También se leen noticias, nada aisladas, de la cantidad de librerías y pequeñas editoriales que echan el cierre sin remedio. La economía atraviesa tiempos difíciles, y la cultura es una de las primeras damnificadas. No podemos echarnos la culpa. Para leer necesitamos seguir comiendo, por mucho que nos gustaría que la literatura fuera nuestro bien de primera necesidad.

La idea de esta entrada me la ha dado la viñeta de Flavita Banana, a la que sigo asiduamente y admiro. Es, realmente, reveladora:

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Leer tal vez no te convierta en mejor persona (aunque seguro que sí), ni te solucione tus problemas, no te hace tener un cuerpo bonito, aunque probablemente si lees antes de dormir descases mejor. Pero, quizás, te fluyan mejor las ideas en una conversación o, quién sabe, es posible que llegues a comprender mejor a las personas que tienes a tu alrededor o a ti mismo. Lo creas o no, puede ayudarte a vencer una aflicción, una ruptura, puede mitigar la soledad o hacerte ver que lo que tu sientes no es tan extraño.

La viñeta expuesta no viene demandando que leer pueda sustituir a nuestros estudios, nuestra carrera profesional o al ejercicio diario que debemos hacer. Más bien es una declaración de intenciones. Leer puede hacernos poderosos, nos otorga sosiego y nos permite parar. Es una de las mejores maneras de dialogar con uno mismo, de viajar sin moverse de casa o de conocer a infinidad de personas que merece la pena conocer. Leer, además, nos convierte en seres inquietos y ávidos de más conocimiento. Y nos protege, ¡maldita sea!, nos protege de la estupidez que nos bombardea día a día.

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En mi día cotidiana no me dedico a predicar a mis amigos para obligarles a que lean, no soy una evangelista literaria. Pero de vez en cuando surge el tema de los libros y a veces me miran con cara de yaestáestaotravezconlosdichososlibros. Cuando me preguntan qué quiero de regalo siempre digo que con un libro acertarán. ¿Un libro? Yo nunca me he leído un libro, me dijeron una vez (o muchas veces). ¿Ni un solo libro? Se encoge de hombros y me mira como si no entendiera dónde está el problema. Y yo la única respuesta que le sé dar es: ¿Pero no tienes curiosidad por saber lo qué dicen?

Y dice que no.

Tiene carrera, dos máster de nombre impronunciable y se gana la vida a base de bien. Y ha conseguido todo eso sin leerse ni un solo libro (entendamos, novela). A todo esto me quedo patidifusa y ese no es cómo una bofetada seca en la cara. Porque es un reflejo real e innegable que tiene, además, difícil solución. La ausencia de lectura puede provocar enfermedades que no tienen cura: la terquedad, la mente obtusa, la ideología cerrada, la dificultad para comprender a los demás, etc. También seca nuestra imaginación y atrofia nuestro intelecto creativo. ¡Toda una serie de desdichas! Para colmo, podemos sufrir un terrible aburrimiento en el avión, en el tren o en la sala de espera del médico si nuestro amado Smartphone se queda sin batería.

Podemos ponerla de moda. Me refiero a esa pregunta de ¿Pero lees?. Lanzarla al aire en el trabajo, en una cena de amigos o cuando acabamos de conocer a alguien. Tal vez, con el tiempo, consigamos que ese número de no vuelva a reducirse, aunque sea un poquito.

Entrevista en Mundo Palabras: “Escribir es mi catarsis y, al mismo tiempo, mi escudo de hielo”

Pasan de las siete de la tarde, acabo de llegar a cada y me he preparado un cafetito caliente. Es un día un poco raro porque esta mañana he dejado a mi mujer en el aeropuerto (se ha tenido que ir por motivos de trabajo) y no nos veremos hasta diciembre. Por un lado, me quedan por delante muchas horas de soledad; por otro: bienvenida, literatura.

Pero para quitarnos de encima este sabor angustioso de nostalgia (aish) y de lunes, os traigo una preciosa entrevista que me han hecho en el portal literario Mundo Palabras, a la que podéis acceder al pinchar aquí:

ENLACE A LA ENTREVISTA EN MUNDO PALABRAS

Aquí algunas de las mejores partes:

Digamos que siempre he sido una persona bastante obsesionada con buscarme la vida. Una lástima que de los libros, de momento, no pueda mantenerme al 100 %.

Para escribir necesito vivir, y para vivir necesito olvidarme de escribir por largos períodos de tiempo. A veces queremos pasarnos los días creando sin ir más allá, y eso termina convirtiéndose en una enfermedad de soledad y locura.

Escribir es mi catarsis y, al mismo tiempo, mi escudo de hielo.

Espero que os paséis por ella, me comentéis qué os ha parecido y, si queréis, la compartáis con vuestros amigos… ¡Gracias!

 

Las cenizas

En Galicia el aire hoy no es puro y fresco. La lluvia ha tardado meses en aparecer y el frío llega tímido, como si esta fuera una tierra extraña para él. Pero el otoño ha sembrado las calles, las aceras, las carreteras y los senderos de hojas quebradas a modo de alfombra. Al pisarlas crujen, como queriendo recordarnos a cada paso que todo tiene un ciclo. Todo termina en algún momento, incluso lo que parece que siempre permanece.

Este fin de semana Galicia y Asturias han ardido. El fuego apareció cómo un monstruo poderoso, famélico, y comenzó a devorar lo que había a su paso. Era como una guerra entre la Naturaleza y las cenizas. Todo lo que más amamos, lo poco bonito que todavía nos queda, desaparecía de la peor manera posible ante nuestros ojos. Nuestros refugios, nuestros bosques, nuestras leyendas. Nuestra paz. Todo se iba consumiendo, mientras las llamas se reflejaban en nuestras pupilas líquidas.

Y aunque estos días esto ha sido noticia, lo cierto es que es algo que sufrimos de manera habitual aquí. Durante este verano demasiado largo para A Costa da Morte y las Rías Baixas he visto diferentes focos de camino al trabajo. Hace unas semanas un peligroso incendio tiñó de negro un monte que está al lado del Centro Comercial más importante de la ciudad y a pocos metros de una multinacional de combustible. Si lo piensas, la tragedia pudo haber sido apoteósica.

Tal vez os habréis dado cuenta de que la única bandera de un gallego son sus bosques. Que su manera de reivindicar el país del que se siente es cuidarlo. Que es el himno de este pueblo pacífico y sosegado. Su forma de ser libres. Cuando nos lo quitan, cuando nuestra senda habitual es atacada por las llamas, cuando aquel bosque mágico donde nos gusta perdernos los domingos es asesinado, cuando nuestras hermosas ciudades son rodeadas por una muralla de fuego, nos sentimos desolados. Estos días, en mi tierra, se sufrieron en un silencio aterrador.

Pero con estos os digo. Que aunque nos los quemen, nosotros lucharemos por defenderlo. Que nuestras nubes comenzaron a llover porque Galicia ama Galicia y jamás dejaría que sucumbiera. Porque cuando las aguas se volvieron negras, todo un ejército de voluntad asió los guantes de la fortaleza para devolver la vida a este lugar. Lo volveremos a hacer. Lo volveremos a hacer cuantas veces sea necesario. Este país no se rinde, no se cansa, no flaquea. No pierde el tiempo en batallas absurdas, solo entrega el corazón por proteger lo suyo. Lo suyo que es de todos. Porque nuestra tierra es la tierra de todos los que quieran conocerla.

Florecerá. Os lo prometo. Volverán esos bosques a estar vivos. La lluvia aliviará el dolor. La magia que habita en estos lugares nos ayudará a recuperar nuestro verde libre. Y en nuestra memoria siempre estarán aquellos que perecieron en estos días negros y oscuros, como almas heroicas que han velado por lo más hermoso que nuestros ojos han visto jamás.

Nunca máis.

Reseña a ‘Todas las horas mueren’ y homenaje a ‘Marafariña’ en el #DíaDeLasEscritoras

Hoy es un día muy raro, porque Galicia huele a ceniza y a dolor. Hay ese ambiente en las miradas de los gallegos que estamos heridos, y que no necesitamos banderas ni políticos para decirnos cómo tenemos que amar y querer lo que es nuestro.

Mis pensamientos están con todas esas hojas marchitas, esos animales fallecidos, con esa Naturaleza que está siendo asesinada. Y también, con mis vecinos, amigos y familiares que han pasado esta noche sin dormir.

Pero empieza a llover. Y no sabéis el alivio que eso me produce.

En mis novelas he reflejado sin pudor mi amor por mi tierra, mi país, por su espíritu libre y distinto. Y lo seguiré haciendo, porque me parece el lugar ideal para dejar volar la poesía.

Y parece mentira que todavía sigan naciendo reseñas de estas obras, que hacen ya más de un año que ha visto la luz. Como es el caso de Todas las horas mueren, mi segunda publicación. Una novela corta a la que me siento muy unida y de la que releo un fragmento casi cada día.

Por eso quiero agradecer especialmente a Libros y Mazmorras el haber escrito una reseña tan honesta, tan trabajada y tan pormenorizada. Empieza así:

Todas las horas mueren es una obra curiosa, que combina virtudes con algunos problemas de maduración de escritura. Encontramos dos historias paralelas, la de la anciana escritora Olivia y la joven maltratada Dorotea. Sus vidas se unen al final de una y el inicio de la otra en el Café de un remoto pueblo de Galicia. Entonces se ayudan a sanarse la una a la otra (hasta cierto punto).

Conocía el espacio, por eso tenía tanto interés y afán en conocer qué opinaban de mi literatura. Lo cierto es que incluso creo que han acertado al señalar sus flaquezas, algo que no siempre es fácil para el crítico literario:

Diría que la autora se esfuerza mucho en ser poética, en tener una prosa refinada y bien cuidada. A menudo le funciona. Luego llegan las ocasiones en que insiste una y otra vez en una idea, como si tuviera miedo de que no hubiera quedado lo suficiente clara

Y lo que más me ha llegado, es que ha sabido ver la clara influencia que ha tenido en mi la novela de Fannie Flagg Tomates Verdes Fritos.

Lo más curioso es que emplea el recurso de Pulp Fiction o de Tomates verdes fritos —entre otros— para formar una estructura que deje con más ganas de leer. Es decir, presenta escenas cortas alternándolas en diferentes momentos cronológicos, y así dar la impresión de que se cuenta algo más «grande»

Os invito a leer la reseña completa aquí. Y, también, no perder de vista ese espacio porque hacen un trabajo digno de admirar.

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¡Pero aquí no termina la cosa! Porque comienza así de fuerte este lunes. Mi amigo y compañero de A Librería, David Pierre, ha tenido el detallazo de incluir una Reseña-homenaje de Marafariña en su espacio con motivo del #LeoAutorasOct

No podía evitar incluir a Miriam Beizana, mi mentora, en este octubre lleno de autoras. Por ello, hoy rescato una entrada del pasado y la retomo y remodelo porque su primera obra debe estar en este blog.

Actualiza asiduamente su blog Proyecto Ficción que os recomiendo seguir y leer. A pocas personas he tenido el gusto de conocer a las que el espíritu literario las mueva con tanta autenticidad.

 

Más de medio millar de libros

Porque sé que la gran parte de los que leéis semanalmente estas entradas no conocéis todo de mí, y creo que antes de hablaros de mi futuro, no está de más dejar caer cómo he llegado hasta aquí: cómo he llegado a vender más de medio millar de libros sin ser nadie

Vamos pisando poquito a poquito el mundo real.

En estas últimas semanas desconexión y de retiro interior me ha dado tiempo a pensar en muchas cosas. Lo creáis o no, un escritor se pasa más tiempo pensando y divagando que haciendo cualquier otra cosa. Si hiciera una regla de tres, podría confesar que para escribir una página tengo que pensar dos días enteros.

Pero en realidad no solo me dedico a pensar en lo que voy a escribir o cómo lo voy a escribir. Se trata de algo diferente: de cómo moverse, de cómo crecer, porque nadie quiere fracasar para alcanzar sus sueños. Y al final, aunque lo más importante es escribir y hacerlo bien, hay que centrarse en otras muchas cosas. Sin paños calientes: este blog me ha permitido alcanzar más lectores (y alguna que otra editorial) que el spam repetitivo con el que comencé a nacer en las Redes Sociales.

Me acuerdo de aquella época, y me gustaría retomar la actividad de este blog acercándome más a vosotros. Porque sé que la gran parte de los que leéis semanalmente estas entradas no conocéis todo de mí, y creo que antes de hablaros de mi futuro, no está de más dejar caer cómo he llegado hasta aquí: cómo he llegado a vender más de medio millar de libros sin ser nadieQue sí, lo sé, no es una cifra desorbitada, ni es un bestseller. Pero es un algo. Y ese pequeño atisbo de ego que cualquier artista alberga en su interior nos insta a creérnoslo. Al menos un poco.

Pues bien.

Yo soy una coruñesa nacida en el año 90. Tímida, callada y solitaria, no me resultó nunca muy fácil tener amigos aunque los anhelaba con todo mi ser. Creo que de niña quise ser feliz, aunque es verdad que tendía a estar triste y agobiada durante casi todo el tiempo. Cuando fui adolescente he de confesar que lo que yo vivía en mi presente me llevó a convertirme en alguien tóxico y difícil de tratar, por lo que durante muchos años estuve bastante sola. Sobra decir que no solo me refiero a las relaciones personales, sino también a la literatura.

Como podéis ver, el tiempo no me ha sobrado en ningún momento. Si echo la vista atrás me pregunto, ¿cómo diablos he sacado tiempo y energías para escribir?

No obstante, quiero presumir de esa pequeña Miriam que fue bastante luchadora. Porque considero que las cosas no fueron fáciles y que no he podido hacer muchas cosas de las que me gustaría. Por ejemplo, cuando terminé Bachillerato con bastantes buenas notas quería estudiar Literatura, pero las circunstancias no eran propicias y, además, mi  profesora de lengua castellana (en aquel momento, una especie de gurú para mí) me aconsejó que no hiciera Filología porque me costaría mucho encontrar trabajo. Por eso terminé haciendo un FP de Administración y Finanzas.

Mi afán de huir y de crecer me llevó a comenzar a trabajar con dieciséis años en los multicines de mi pueblo. Creo que odié ese trabajo desde el primer momento y no hacía más que pensar en irme. Pero tener una nómina, aunque sea pequeña, puede salvarnos la vida y al final me aferré a ese lugar como a un clavo ardiendo. En primer lugar, me permitió tener una importante independencia: con dieciocho años conté con el dinero suficiente para pagarme el carné de conducir, pude empezar a pagarme un coche y operarme mis nueve dioptrías. También pude afrontar el pago de unos trámites legales necesarios para romper con un suceso de mi pasado que me ensombrecía el presente.

Ahora, en un parpadeo, ya está en manos de mis queridos lectores cero y yo puedo respirar gozando de esta libertad.

Trabajé allí desde segundo de Bachillerato hasta hace poco más de un año. Tuve que compaginar esa ocupación con otra durante un tiempo eterno para poder subsistir con dignidad. Debido a que era una de las mejores de mi promoción de FP, opté a una entrevista con una pyme de reciente creación que necesitaba una contable. Salió bien y hasta hoy, donde ya llevo cómodamente ocho años.

Como podéis ver, el tiempo no me ha sobrado en ningún momento. Si echo la vista atrás me pregunto, ¿cómo diablos he sacado tiempo y energías para escribir?

Tal vez es que tengo algo de pasión. De único.

O tal vez es que amo tanto esto que no he podido dejar de hacerlo. Aunque haya significado sacrificar horas de sueño y de ocio, aunque haya significado perderme tanto del mundo de afuera. Aunque haya supuesto convertirme en una mujer atípica, silenciosa, feliz.

Feliz. Murakami dice que un escritor tiene que ser feliz mientras escribe. Me he dado cuenta que durante el proceso de escritura de mi próxima novela no he conseguido serlo, sino todo lo contrario. He sufrido, me he torturado, me he creído incapaz y la he abandonado muchas veces. Ahora, en un parpadeo, ya está en manos de mis queridos lectores cero y yo puedo respirar gozando de esta libertad. Entonces pienso (horas y horas pensando, sí) que, tal vez, no es del todo cierto que no he sido feliz escribiendo en final de Olga y Ruth.

Que yo venía aquí a deciros que lo he reflexionado y esta niña algo torpe y tímida ha conseguido acariciar su sueño de publicar libros. Es verdad que no he podido hacerlo con ninguna editorial (todavía) ni que tampoco soy una autora indie superventas. Pero más de medio millar de lectores han disfrutado con mis letras y eso, en realidad, tendría que ser suficiente.

 

Nueva reseña para ‘Marafariña’

Poco a poco voy retomando el ritmo después de las vacaciones y la boda, y sigo buscando cuál es la mejor manera de llegar a todos vosotros, mi familia. Y también a nuevos y potenciales lectores.

Desde que empecé con esta nueva web, exclusivamente enfocada a mi figura como autora y a mis obras, me he limitado a compartir una entrada personal cada miércoles. En las otras secciones podíais encontrar información sobre nuevas colaboraciones en otras webs, así como las reseñas que iban surgiendo de mis novelas publicadas actualmente, Marafariña y Todas las horas muerenpero no eran noticias que actualizara en el blog principal.

Lo cierto es que la cantidad de personas que leéis semanalmente esta página habéis crecido más de lo que cabía esperar, también los que estáis suscritos al portal y podéis recibir cada una de las nuevas entradas en vuestro e-mail.

Es hora de seguir abriendo la puerta.

Y aunque ya hace más de dos años que Marafariña se publicó, siguen llegando reseñas de la misma. Y la última que he recibido ha sido tan especial que no he podido contener el ansia de compartirla dedicándole un post único en este lugar (aunque también podéis acceder a ella en la sección correspondiente), práctica que llevaré a cabo a partir de ahora (a no ser que me digáis lo contrario…) y que, además, os ayudará a descubrir nuevos espacios literarios a tener en cuenta.

Se trata de la crítica realizada por Susana, del portal Libros Susther, que os invito a visitar pinchando en este enlace. Casi se me saltan las lágrimas al leer su generosa honestidad y la tibieza como, en un momento tan indicado, resucita la historia de Olga y Ruth.

Os dejo las partes que más me han gustado:

¿Tan bueno es Marafariña? Solo os digo que si tuviera una editorial (uno de mis sueños más inalcanzables) lo publicaría sin dudarlo.

Es de agradecer que aquí se haga hincapié en el amor, natural, libre y sin tapujos, entre dos chicas que se quieren. Olga ha tenido relaciones con mujeres y no le supone ningún problema; Ruth se enamora de ella y, por su parte, acepta lo que es sin darle más importancia que las consecuencias que ese amor tendrá en su complicado círculo. A mi modo de ver es una óptima manera de normalizar lo que es normal.

Incluso para recalcar lo que menos le ha convencido:

Algunos párrafos eran tan largos y describían con tanto detalle un bosque, una playa o los sentimientos de la una por la otra que no he podido evitar leer unos pocos fragmentos en diagonal.

En fin, otro gran impulso de energía de cara a la publicación de la secuela. Mientras tanto, si no la has leído, recuerda que podéis adquirirla en Amazon y en Lektu. Y, si ya lo has hecho, estaré encantada de que me dejes tu opinión en estos portales o en Goodreads.

¡Gracias por leerme!