Los errores

He cometido más errores en mi vida de los que podría detallar. Y, con ellos, puedo hacer dos cosas: aprender y escribir historias que me ayuden a superarlos.

Con esta frase comienza el prólogo de mi próxima novela en la que estoy trabajando con tesón (y en la que seguiré haciéndolo todo el verano, el próximo otoño, al caer el invierno y al florecer la primavera). Resulta un poco irónico que de esos errores a los que me he querido referir ahí pueda nacer una historia que, a su vez, abarca muchas historias.

Os voy a contar un secreto, ya que estamos en casa, ya que hemos formado esta pequeña comunidad íntima y cálida. Sé que puedo contar con vosotros, tengo esa confianza ciega en que trataréis con honesto cariño todo lo que os diga. Lo justo sería escribir un post cada día para daros las gracias por permitirme liberarme a través de esto (he estado tentada de hacerlo muchas veces), espero que no os olvidéis de todo lo que os debo por estar ahí, mes tras mes, con esa paciencia infinita.

¡Ah! Sí, sí. El secreto.

Hacía mucho tiempo que no podía llorar. Y cuando me refiero al no poder llorar me refiero al llanto de alegría y el de tristeza. Supongo que sabréis lo terrible que es no poder llorar, porque es algo que todos hemos experimentado. Además, sabemos que después de hacerlo nos sentiremos mucho mejor. Pero el estar congelados es un abismo extraño, cómodo e incómodo al mismo tiempo. ¿A qué narrador se le ocurrió la magnífica idea de que nuestra mente fuera tan compleja que ni nosotros mismos podemos dominarla?

Mi otra mitad y yo hablamos durante horas, en una conversación que a mí se me antojó muy dolorosa y, supongo, que para ella tampoco resultó sencilla.

Pues bien, sumado a mi interminable lista de errores, he tenido que añadir alguno más. Hace poco menos de un mes determiné que mi próxima novela (la secuela de Marafariña) ya estaba terminada y era digna de enviarla a mis lectores cero. Esto ocurrió después de que transcurrieran varios meses sin ser capaz de ni acercarme a ella. Entre mis propias páginas y yo se abrió un abismo terrible (pero terrible, terrible) y por eso empecé a publicar post tan apocalípticos como el de Abandona la novela o ¿Por qué no me presento al Concurso Indie 2017?. En fin, que me decidí a ser valiente… para volver a equivocarme.

Justo tras enviar unos cuantos e-mails y mensajes tibios entre aquellos que esperaban leer cómo iba a terminar la historia de Ruth y Olga se sucedieron unas horas extrañas. Mi otra mitad y yo hablamos durante horas, en una conversación que a mí se me antojó muy dolorosa y, supongo, que para ella tampoco resultó sencilla. Porque decirle a alguien a quien quieres que está desgastada y que ha perdido (casi) las esperanzas de volver a escribir con las mismas ganas que antes, que consideras que no lo ha dado todo de sí, es un acto de rebeldía a la tan poco útil condescendencia.

Así que esa misma noche, a horas inciertas y poco adecuadas, comencé a escribir y llamar para disculparme a esos amigos que, con tanta buena fe, se habían dispuesto a leerme de nuevo. Y les pedí perdón por haberles enviado el borrador definitivo que no era el definitivo. Y me sentía de nuevo tan pequeña, tan torpe y tan ridícula que temía al rechazo y a la soledad. Sí, en efecto, me había equivocado de nuevo. Otra vez. El error un millón.

Creo que fue prudente por mi parte haber frenado, recapacitado para hacer resucitar la historia.

Aunque, ahora que lo pienso, decir que eso fue un error es ser un poco dura conmigo misma. Me decía mi otra mitad que si no me hubiera equivocado no me habría dado cuenta de que podría estar mejor y ser más justa con la novela. Lo cierto es que, aunque corrí el riesgo de que mis lectores cero me tomaran por una desequilibrada (aunque a estas alturas es posible que ellos y que vosotros esto ya lo sepáis, le tendré que enseñar a mi terapeuta todas estas entradas, a ver qué me dice), creo que fue prudente por mi parte haber frenado, recapacitado para hacer resucitar la historia.

Así que, error o no, lo que no me gustaría es llamarle fracaso. De todas maneras, creo que ese suceso me sirvió para despertar porque me permitió volver a llorar en esa mezcla de sentimientos que siempre me despierta la literatura (porque al escribir, no pudo evitar hablar de mí misma): tan felices, tan intensos, tan amargos. Fue una manera de pediros perdón y de pedirme perdón por estar tentada de abandonar tantas veces.

Otra vez. El error un millón.

Errores, benditos sean. Porque nos ayudan a crecer, a ser nosotros mismos, a odiarnos para volvernos a querer. Nos ayudan a buscar a nuestros personajes y rodearnos de su abrazo.

¿Vosotros también os habéis equivocado alguna vez?

20 comentarios en “Los errores

  1. Jaus dijo:

    Llevo un rato pensando en qué decirte… Y no se me ocurre nada.
    Me has roto los esquemas con este artículo… Supongo que, con algo tan personal, es difícil decir algo y que no suene a cliché.
    En fin, yo creo que también he atravesado ese estado de abismo emocional que comentas. De hecho, ahora mismo estoy en esa especie de trance. Ni siento ni padezco, la verdad es que simplemente, estoy muy cansado y necesito parar y meditar un poco sobre cómo ha ido este año y todas las cosas que he hecho y todas las cosas que necesito dejar atrás —que no son pocas—. Supongo que me he cargado con demasiado peso este año, he dejado de lado la escritura por otras cosas y me está pasando factura.
    Tengo ahora mismo varios primeros borradores esperando a que los coja, a que los limpie y los envíe, pero sé que, tal y como estoy ahora mismo no les prestaré la atención que se merecen y, por tanto, no acabarán siendo la mejor versión de sí mismo. Uno de esos primeros borradores, se lo envié a mis lectores hace más de tres meses y todavía ni he mirado sus comentarios… Simplemente, no estoy de humor.
    Toca esperar, atravesar el desierto y, cuando llegue el momento, retomar las cosas.
    En fin, siempre das en el punto de dolor exacto y eso me encanta 😉
    Un abrazo, Miriam!

    • Miriam Beizana dijo:

      Me ha hecho un pelín de daño leer esto, Jaume. La verdad es que esto de la literatura, aunque nos hace felices, también nos hace sufrir mucho. Y, en ocasiones, nos torturamos demasiado.

      Creo que descansar, reponer fuerzas, tomar distancia, te vendrá bien. Yo lo he hecho y lo seguiré haciendo, porque sobrecargándonos no vamos a conseguir nada… Así que ánimo, ten paz y ya tomarás las letras por los cuernos cuando estés listo. Que lo estarás.

      Un fuerte abrazo. No olvides que eres un crack.

      P.D. ¡¡Y GRACIAS POR PASARTE POR AQUÍ!!

  2. Esther Morera dijo:

    Pues yo intuyo que, esta vez, has acertado. Marafariña es una historia que se entrelaza profundamente con tu yo, con tu vida, y si necesitaste darla por concluida en medio de una tormenta de sensaciones, y sin embargo al «desprenderte» de ella para entregarla a los lectores cero esa perspectiva de contemplarla por primera vez desde fuera, en otras manos y frente a otros ojos, te hizo pensar que aún no estaba terminada, quizás quiera decir que cada uno de los pasos que diste era necesario para llegar al punto en el que estás.

    Solo si esta historia te ayuda a ti misma con la intensidad que es su primer fin, podrá ayudar a su vez a los lectores que la compartan contigo tal y como lo logras con los textos más sinceros, más profundos, más desgarradores de esta, tu casa.

    Marafariña engloba naturaleza y sentimientos, y ambas mitades de su espíritu tienen, por definición, su ritmo, y no se pueden (ni se deben) acelerar para que todo, finalmente, se desplace hasta encajar en su sitio. Y nosotros, como espectadores de este proceso, sabemos que una deliciosa tarta solo será perfecta si esperamos a que se cocine a fuego lento el tiempo adecuado.

    Un abrazo, y estamos aquí para lo que necesites.

    • Miriam Beizana dijo:

      Gracias por esas palabras tan tibias y tan cariñosas, Esther. Últimamente siento que las entradas no sean las más felices del mundo (aunque siempre tienen algo de luz, creo).

      Sea como fuere, siempre suelo salir muy repuesta de estos “errores”. Y hoy escribo con muchas, muchas, muchas ganas.

      Un fuerte abrazo… (Y lo sé).

  3. La escritora entre el centeno dijo:

    Qué te voy a decir que no sepas, Miriam. Que lo importante de los errores (o fracasos) es verlos y, como dice tu mitad, no podrías haberte dado cuenta de que había algo que mejorar de no haberte equivocado. Equivocarte (o fracasar) un millón de veces, puede parecer desalentador; de hecho, lo es. Pero también significa que vas aprendiendo a ver tus deslices con mayor facilidad. Muy mal nos iría si pensásemos que lo estamos haciendo todo bien.
    Un abrazo, Miriam 🙂

  4. MIRIAM J COLLAZO dijo:

    Los errores uff, un evento negativo, cosas que pasan fuera de nuestro control. Usualmente nos causa anciedad hasta depresion. Aceptarlo es de valientes. Es lo que decidimos en nuestro interior los que nos hace fuerte para poder enmendar lo ocurrido, es la contribucion que nos hara mas grande.

    No importa ya sea en literatura, en cualquier cuestion de la vida los errores nos hacen crecer, quizas ser mas sabio si sabemos aceptarlo y corregirlos, as menos tratar y tener el valor como tu de enfrentarlo.

    Eres valiente Miriam y me energullece ser parte un poquitin de tu vida.

    Estoy segura que Marafarina II sera todo un exito tu exito y el de todos nosotros que te queremos.

    Carinos

  5. Estíbaliz Durkheim dijo:

    Equivocarse es tan necesario como acertar de tanto en tanto. Porque nadie somos perfectos, porque los fallos son inherentes a los seres humanos… Y escribir a veces es tan errático, y otras veces es tan cambiante, que no podemos nunca saber cuándo lo estamos haciendo bien…

    Por eso, equivocarse está bien 🙂 Un abrazo enorme, monosina. Y llora, llora mucho, de alegría, de tristeza, de todo. Porque también es necesario.

  6. claraasungarcia dijo:

    Míriam, una cosa te voy a decir: desconfía de quien nunca cometa (o diga cometer) errores, pq eso muy humano ya te digo que no es.
    Si no se cometen, o es que no has arriesgado, o que careces de pasión o que eres extraterrestre (directamente).
    En resumen: errare humanum est. 😉

    Tu post sobre abandonar una historia no fue en absoluto apocalíptico, todo lo contrario. Es lo más sano que se puede hacer. Sobre todo cuando te sientes atascada, o agotada o perdida. Yo lo aconsejo fervientemente. Se la mete en un cajoncito a la doña, se va una a hacer otras cosas y se la deja ahí el tiempo que haga falta, que ella misma ya se encargará de “llamarte” (estoy segura de que has experimentado esa llamada).

    Te digo también que la inseguridad es intrínseca a este oficio/pasión/necesidad. Dime un/a escritor/a que no haya dudado de sí mismx, de lo que escribe, que no haya pensado que se había acabado, que jamás volvería a escribir o a hacerlo igual o con la misma intensidad. Dime unx solx y te diré que viene del mismo planeta que el anterior marcianito. 😉

    Errar nunca significará fracasar, y menos aún si una es consciente de ese error y, como muy bien dice tu mitad, esa consciencia te da la posibilidad de darte cuenta de “ser más justa con la novela”.

    Y termino: ni eres torpe, ni ridícula ni mucho menos has de sentirte pequeña. Y nadie te rechazará ni nunca estarás sola (carajo). Y escribirás, escribirás y escribirás. Y dudarás en la misma medida. Y escribir y dudar, y dudar y escribir. Básicamente.
    ¿Errores? Venid a mí, maestros. 😉

    Venga, un abrazo.

    • Miriam Beizana dijo:

      No sé por qué razón este comentario estaba en la bandeja de spam, Clara. Acabo de salvarlo. Se me ocurren muchas cosas que decirte, pero la más importante es… ¡Gracias por tan sabios consejos!
      Un abrazo, es todo un placer para mí que dediques un ratito a leer este espacio. De verdad.

  7. Desbordamientos Puntuales dijo:

    Ay, Miriam… Si te tuviera delante no podría reprimir el darte un gran abrazo y decirte que tu error es mera apariencia, aunque creo que, por lo que has escrito, tú ya lo sabes. No te has equivocado en nada; se trata más bien de uno de esos aciertos que se presentan de manera un tanto aparatosa y dramática. Además, tus lectores agradecemos infinitamente que tengas la valentía de darle otra vuelta a la segunda parte de Marafariña para que acabe siendo lo que realmente quieres que sea. Si fuera tú, me sentiría muy orgullosa de mi decisión. Te mando todo el ánimo y el apoyo del mundo, Miriam.

  8. Ana dijo:

    Lo primero de todo, decir que me resulto una escritura muy sincera, muy salida del corazón y eso, ya de entrada da pie a que sea una lectura tierna y que te remueve por dentro.
    Pero… quien es tan perfecto para no equivocarse???
    Los errores forman parte de la vida y nos permiten crecer, nos permiten reflexionar, nos permite ser mejores y dar lo mejor de cada un@.
    A veces, sobre todo cuando estamos tan anclados en un momento en particular, querer avanzar como sea y nos precipitamos sin darnos y dando salida a actos de los cuales luego caemos en la cuenta de que no son los correctos pero es bueno darse cuenta y recapacitar para luego dar pie a nuevas experiencias o vivencias con las que nos sentiremos mejor y mas complet@s.
    Y todo ello no hay que verlo como errores si con ello somos capaces de hacer las cosas aun mejor.
    Y por supuesto, nunca te rindas!!
    Un abrazo.

    • Miriam Beizana dijo:

      Gracias, Ana. No solo por pasarte por aquí y comentar (sé lo difícil que te resulta asomarte por las Redes Sociales), sino por ser una de esas lectoras comprensivas que tiene que soportar mis idas y venidas 🙂

      Un fuerte abrazo.

  9. Alberto Mrteh dijo:

    Hola Miriam,
    cuando te leo, me sorprende que hables de dudas y falta de pasión porque tus entradas están granaditas de pasión.
    Nunca he tenido problemas para llorar. Me cuesta entender qué se siente en esa situación.
    Me parece que no te hace falta, pero en cualquier caso, mucho ánimo!!!
    Alberto Mrteh (El zoco del escriba)

    • Miriam Beizana dijo:

      Hola, Alberto.
      La verdad es que creo que la mayor parte de mi pasión y sensibilidad emana de mis letras. En mi vida personal, prefiero evitar la intensidad, me refugio un pelín en la frialdad.
      En fin, tal vez por eso me despierta tanto la literatura.
      Gracias por leerme, un abrazo.

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