Pero… ¿Por qué la literatura?

Supongo que tengo esa imperiosa necesidad de sentir que lo que hago sirve para algo más que para mi disfrute individual, quiero buscarle una trascendencia.

Seguro que a vosotros también os lo han preguntado alguna vez, que por qué dedicáis tantas horas a leer, qué clase de entretenimiento tienen esos libros, por qué disfrutáis tanto leyendo, qué es lo que os hace felices (¡feliz! ¡Qué estado de ánimo tan fuerte y complicado!). ¿Y por qué demonios estáis tan radiantes cuando escribís?

No sé a vosotros pero siempre me ha parecido una pregunta bastante difícil de contestar esa de “pero… ¿Por qué la literatura? sobre todo cuando me la lanzo a mi misma en este intento desesperado de buscar el sentido a mis pasos. Supongo que tengo esa imperiosa necesidad de sentir que lo que hago sirve para algo más que para mi disfrute individual, quiero buscarle una trascendencia. Esta semana tuve una charla con mi otra mitad en referencia a esto y, si os digo la verdad, no sabía cómo explicarme. Ni tampoco supe determinar cuándo empezó todo.

Puede parecer una respuesta banal. Pues porque sí. Y ya está. Desde luego, debería ser suficiente. Pero no todo es siempre tan simple y mucho menos cuando hablamos de la literatura (del arte en general, si queréis). Aquí abro un inciso. Como algunos de vosotros sabéis, de vez en cuando estudio algunas asignaturas por la UNED de Literatura y Lengua Castellana, cuando mi trabajo y la vida real me lo permiten. Una de estas materias fue Introducción a la Teoría Literaria en la que aparecían muchas de estas teorías defendidas a través de la historia que buscaban encontrar este sentido del arte. Y, aunque es posible que la literatura tenga una faceta objetiva, también lo es el hecho de que sus cimientos son bastante opinables.

Pero recuerdo, como si fuera hoy, esa impresión de euforia y de cariño hacia esos personajes y ese suceso que me pertenecía a mí.

Las explicaciones acerca del nacimiento y los motivos de la literatura han sido muy varios. Por un lado está el afán de eternizarse, el de encontrar la belleza, el simple deleite, la distracción, la denuncia social y política, la manera de mostrar la fealdad del mundo, el aprendizaje, la ficción… Pero en realidad dudo que, cuando somos niños y empezamos a escribir cuentos porque sí no estamos motivados por nada de esto (o tal vez sí).

Creo que, cuando era pequeña y escribí mi primera historia breve, lo hice sin pensar, sin más. Pero recuerdo, como si fuera hoy, esa impresión de euforia y de cariño hacia esos personajes y ese suceso que me pertenecía a mí. Es cómo alargar un trocito de tu alma y de tus esperanzas. Como pisar sobre una nube y lanzarse a volar. ¿Sabéis a lo que me refiero? Ojalá ese sentimiento pudiera permanecer para siempre tan inocente y tan tierno.

A mí la idea de dejarlo me enloquecía. De hecho, los años que no pude escribir fueron los más fríos de mi vida. Era como no poder respirar.

Con los años ese alegría pueril fue madurando y volviéndose más ambiciosa. Dejó de ser un juego y se convirtió en un alivio para lo que me preocupaba o una manera de distraerme. Pero esa euforia seguía apareciendo. Crecí y eso creció conmigo. Y seguí escribiendo y seguí leyendo, sin plantearme por qué lo hacía, sin plantearme por qué no podía dejar de hacerlo. Por qué yo seguía encadenada a las letras y mi hermana, que también leía y que escribía poemas, podía dejarlo de lado como si tal cosa. A mí la idea de dejarlo me enloquecía. De hecho, los años que no pude escribir fueron los más fríos de mi vida. Era como no poder respirar.

Y hoy día, ya cerca de los veintisiete años, me acuerdo de esa niña que escribía con vergüenza frente al ordenador en su habitación y me abrumaba la ternura y la verdad que había y hay en ella. A la que muchos le decían que eso, en realidad, no servía para nada. La que no paraba de pensar para qué servía, sin esperar a encontrar la respuesta para seguir haciéndolo. No sé por qué seguí, a pesar del cansancio, de la desesperanza, de que nadie me leía, de la ausencia de recompensas. Pero seguí, seguí hasta ahora. Ahora que todavía pienso seguir.

Como si el coraje de mis musas se materializase en mi misma. Y vuelvo a preguntarme por qué demonios escribo a pesar de todo. Y, aún sin saber la respuesta, no dejo de hacerlo.

Lo único que sé es que a mí la literatura me salva la vida día tras día. Porque a veces me siento triste, siento miedo, me siento mal. A veces la vida se me viene grande y no sé cómo afrontarla. Además, por si no lo sabéis, soy una persona débil y pequeña, insegura que anda siempre perdida. Soy todo eso excepto cuando escribo (y, sobre todo, cuando vosotros me leéis) que me vuelvo fuerte, grande y segura. Como si el coraje de mis musas se materializase en mi misma. Y vuelvo a preguntarme por qué demonios escribo a pesar de todo. Y, aún sin saber la respuesta, no dejo de hacerlo.

Este post es un llamamiento a todos vosotros. A los que estáis conmigo. A los que leéis, a los que escribís, a los que pintáis, a los que componéis música o tocáis un instrumento. A los que aprendéis a bailar, a los que diseñáis, a los que imagináis. A los que hacéis todo eso sin saber por qué, sin importar ningún tipo de beneficio material, pero sacrificándolo todo como si vuestra vida dependiera de ello. Porque en el fondo lo sabemos: nuestra vida depende de ello.

Respondedme, por favor, a la pregunta. Tal vez, entre todos, logremos saber cuáles son las respuestas. 

 

 

23 comentarios en “Pero… ¿Por qué la literatura?

  1. ¿Conoces esos anuncios de periódico que dicen “¡Sexo es vida!”? Pues eso es la literatura para mí. Leer y escribir nos transporta a la ficción que no es ficción sino en el mundo tangible porque lo que nos hace sentir es algo auténtico y poderoso. La liberación de crear y que, al menos, una persona lea, reconozca y disfrute con tu creación es algo indescriptible. Y con la lectura sentimos lo mismo, pero a la inversa. Cerramos así el círculo vital de las letras.

    ¡Literatura es vida!

  2. Yo tampoco podría explicarlo razonablemente. El amor por la literatura (o cualquier otro tipo de arte) es tan emocional que es difícil ponerle palabras. Es como el amor a secas, hay que experimentarlo para entenderlo.
    Cuando era pequeña, no me compraban libros (solo los que nos mandaban para el colegio), así que ni siquiera sé cómo llegué a interesarme por ellos. Solo sé que un día lo hice y que aún hoy tengo grabadas las imágenes que pasaban por mi mente al leer los cuentos de uno de los libros de mi hermano. Y también recuerdo ponerme a escribir pequeños fragmentos en la sección de actividades de esos libros y sentir que mi imaginación volaba. Esa sensación de libertad era muy grande. Ese latir del corazón debido a la ilusión de imaginarse un mundo nuevo era muy fuerte.
    Creo que nuestras pasiones llegan por pura casualidad: lo mismo podría haber cogido un libro, que un pincel o incluso un balón. Es la magia que surge después la que nos atrapa para siempre.
    Y en el caso de la literatura, el hecho de poder inventar historias es muy terapéutico; le decimos a nuestros lectores lo que ni siquiera podemos decirnos a nosotras mismas.
    Es difícil explicarlo y esta es la única respuesta que se me ocurre.
    Un abrazo, Miriam 🙂

    1. “Le decimos a nuestros lectores lo que ni siquiera podemos decirnos a nosotras mismas”

      Me has encogido el corazón con este comentario tan sincero e íntimo, Fani. Muchísimas gracias… ¡Y a seguir creando “magia”!

      Un abrazo.

  3. Ana

    Responder a tu pregunta es complicado, ya que, la literatura, como el arte en general, es algo que nace de un@ mism@.
    Leer, escribir… imaginar, crear… ¡¡¡es algo tan auténtico!!!

  4. Tu pregunta y artículo me han dejado pensando…¿para qué la literatura? Porque a día de hoy yo me hubiera vuelto loca si no pudiera verter al papel en blanco tanto miedo, tantas dudas y vacíos como viven en mi interior…Porque desde pequeña me he sentido insignificante para el mundo, por mi timidez, mi exagerada sensibilidad, mi costumbre por callarlo todo….Porque no sabría quién soy ni qué quiero si no me lo hubiera gritado una madrugada el lápiz y el papel…La literatura me ha salvado la vida, y no exagero, la literatura abraza cuando el mundo te quiere tragar, sus caricias son puras, honestas, y siempre huele a amanecer nuevo, a flor recién cortada, a sueño imaginado y cumplido….A pesar de mis 36 años de edad sigo siendo l misma niña asustada de ayer…con los mismos complejos, miedos y melancolías…¡Y menos mal que existe, que calma y susurra la literatura, que me cubre y protege, que me sana, más que nadie, y hoy más que ayer!!

  5. Esther Morera

    Es curioso, siento cierta afinidad por lo que expresas (desde luego, leer me apasiona desde muy pequeña). Sin embargo, a mí me basta con fabular en mi cabeza, no necesito plasmarlo, ni me atrevería a compartirlo. Admiro esa capacidad de exponerse, de comunicar; mis historias, mis pensamientos, quedan para mí sola 🙂

    Pd. Hoy te escribo desde Francia. ¡Vivan las vacaciones!

  6. Miriam Collazo

    Para mí leer a sido siempre un escape. Lo que para mí era irreal se volvía real. En Enero del 2017 encontré a Marafariña por casualidad y me enamore. Difícil el explicar que hubiera una persona que haya podido escribir todo esto que me apretaba por dentro. Gracias Miriam!

    Y me pregunto, porque leer y no puedo parar de leer y le dedico horas a cambio de una ilusión de un tiempo. Y cuando llegue a esa última página tengo que buscar otro libro y seguir soñando a través de la imaginación del escritor. A mi también el leer me salva la vida día tras día.
    Y te busque y te encontré. Leí “Todas las Horas Mueren”. Hubiera gustado leer todos esos libros que as escrito y no as publicado.

    También disfrute de la fotografía. Años atrás a donde fuera era yo y mi Minolta. Me gusta el verde, me gusta el campo y me gustaba captarlo con el lente.📸

    Siempre es un placer leerte.
    Miriam un abrazo.

    1. A mi leer también he salvado la vida, me la salva cada día. Me hace muy feliz que mis dos novelas formen parte de tu cariño hacia las letras, porque nos han permitido encontrarnos en este viaje infinito.
      Gracias, ánimo con la fotografía.
      Muchos abrazos.

  7. Conforme leía, iba copiando líneas y fragmentos, cada palabra, pensamiento y emoción en los que me veía reflejada («…los años que no pude escribir fueron los más fríos de mi vida. Era como no poder respirar». ¡Esto! ¡Ay, esto!).
    Pero al final me he dicho: «Para. Es todo. Es así, es eso, y eso, y eso. TODO».
    Y solo sé dos cosas:
    Una, no concibo vivir sin escribir. Tal vez sin ello no me moriría por fuera, pero sí por dentro.
    Dos, no fuimos nosotrxs, sino ella. La pregunta no es: «¿Por qué la literatura?». La pregunta es: «¿Por qué a mí?».
    Porque no escogimos, fuimos ‘escogidos’. Fue ella la que vino a buscarnos…

    Precioso post, Míriam. Como haberte metido dentro de mí. ;O)

    1. Me gustaría saber por qué a mi, pero dudo que podamos saberlo algún día. Aunque, a o mejor, nuestros personajes nos dan la respuesta en alguna ocasión.
      Sea como fuere, gracias por leerme y visitarme en mi casa. Todo un honor, Clara.
      Un abrazo enorme.

  8. Alberto Mrteh

    Miriam,
    siento que es una decisión tomada por mi estómago, por las entrañas, así que el cerebro no está invitado a opinar. No pienso gastar energía en meditar por qué cuando tengo pendiente el libro de Leila Slimani por leer y mil ideas por plasmar por escrito, pero gracias por invitarnos a la reflexión.
    Alberto Mrteh (El zoco del escriba)

  9. ¡Hola Miriam!

    Tu pregunta sobre la función del arte me parece una de las más sugerentes que existen. En mi caso, diría que el arte está concebido para crear belleza y, desde esa perspectiva, creo que no sirve absolutamente para nada. Me explico: en el momento en el que uno quiere alcanzar la belleza a través del arte, este se convierte en un fin en sí mismo, de tal forma que no está concebido como medio para conseguir nada. Lo amamos por sí mismo y no por lo que nos pueda reportar. O, dicho de otro modo, lo que nos reportar es su propio valor. Ocurre lo mismo con la búsqueda de la verdad o del bien. Aunque, también es cierto que el arte puede tener una función un poco más utilitaria. A mí, por ejemplo, crear o interpretar música algunas veces me sirve para evadirme o para expresar emociones. Pero, también es cierto que siempre está en el horizonte la búsqueda incesante de la belleza como forma de realización desde la autenticidad más plena del mundo.

    Por cierto, Miriam, y hablando de belleza, tu libro me está encantando. Ya me queda poco para terminarlo y saboreo cada página antes de llegar al final. Me consuela mucho que haya segunda parte, porque me va a dar mucha pena terminarlo.

    1. Estoy bastante de acuerdo con eso de “crear belleza”. Yo, cuando escribo, busco transmitir esa belleza que existe incluso en las cosas que duelen o son desagradables. Cualquier arte busca algo de esa hermosura que a veces falta en la realidad. Oye, muchas gracias por tomarte tantas molestias en dejar ese pedazo comentario.

      ¡Y muchas gracias por leerme! Me hace tremendamente feliz que estés disfrutando de mis letras, eso sí que me hace sentir viva.

      Un fuerte abrazo.

  10. jacer

    Hola no cabe duda que nació con ese don q seguro Dios lo puso en voz,
    Escribir es apasionante. La felicito
    le cuento que yo escribo a veces pero solo cuando hay algo que me inspira,o estoy triste.😊 pero no también como Ud 🙋

  11. Hola Miriam, estaba buscando algo para leer y en la lupita se me dió por escribir “literatura” y acá estoy. Desde muy chiquita que leo y escribo, no se si existe un motivo pero sé que hay algunos libros que te eligen a vos y te motivan a seguir sumergiendote en este mundo paralelo que nos proponen los autores. Leer es escapar a otro mundo y vivir sin temor de lo que va a pasar porque, muy por el contrario, queres que sucedan muchas cosas para que nuestros personajes resuelvan. Leer, creo también, significa aprender del otro aunque sea ficción. Nos ponemos en la piel de diferentes personas y de alguna forma sufrimos, nos alegramos y sentimos lo que ellos viven, nos ayuda a empatizar con el otro. Por último, los que nos animamos a escribir, lo hacemos porque no nos basta con solo agarrar un libro, nosotros también queremos proponer un mundo paralelo nuevo, decir lo que sentimos y hasta incluso expresar lo que más ocultamos, es una forma de escapar y al mismo tiempo conectarse con uno mismo. ¡Es mágico!.
    Saludos desde Argentina 🙂

    1. Hola, querida. Qué bien que la casualidad te haya traído a este blog. Considérelo tu casa (procuro actualizar cada miércoles, por cierto). Me siento muy identificada con tu manera de comprender la lectura, supongo que a todos los que leemos nos mueve lo mismo.

      Un abrazo, y gracias por venir, leerme y comentar.

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