Escribir tiene que doler

Mientras Marafariña se unía a esa locura de los sueños convirtiéndose en lo real.

Nunca puedo sentirme libre del todo porque el vínculo con las letras siempre tiene un remanso en mi mente en cualquier momento, en cualquier circunstancia, en cualquier lugar. Digamos que la musa, o las musas, no se muestran demasiado respetuosas. No las culpo. Si yo tuviera dentro algo como Marafariña estaría berreando por dejarlo salir a cada momento.

Y yo, sin escogerlo, sin sentirlo, por lo caprichoso de la vida, todavía la llevo dentro.

Ya son dos años sumergida en la secuela de mi ópera prima de la que no he logrado desprenderme. Cuando finalicé, todavía sin ser consciente de ello, mi primera novela creí, ilusa de mí, que lo peor había pasado. Porque las lágrimas que derramé y, sobre todo, el miedo que sentí en mi viaje a Marafariña eran tan reales como el mismo suelo que piso, o como las secas teclas de este ordenador que golpeo a diario buscando la mejor forma de matar fantasmas inmortales.

No, desde luego. Lo peor no había pasado. Creo que lo peor no termina nunca, en realidad. Vuelve siempre, como las noches o como el invierno. Creer y abrazarse a lo contrario es una insensatez, es mentirse. Y yo no tengo ganas de mentirme.

Pero no quiero desviarme, ni quiero regodearme en lo que me apena. Quiero hablar de lo que es escribir para mí, para hacer comprender a quiénes no lo entienden por qué es lo que más amo en mi vida, por qué es lo que tantas veces me ha salvado del pozo. Por qué corro a refugiarme en mi literatura siempre que las cosas se tuercen demasiado, como una posesa, como una enferma de tinta.

Los últimos dos o tres meses estaba enfrascada en un capítulo crucial. El más crucial desde que esta aventura de Marafariña empezó a ser real y comencé a regalarle un trocito de mi alma a cada página. Desde ese año 2013 que este mundo de abrió, este dichoso capítulo ya rondaba en mi cabeza. Y ahora, llegado el momento, me temblaba el pulso y el alma, tenía miedo de enfrentarme a él. Tenía miedo de ahondar en el pasado, que es tan pasado que parece otra vida, para hacerlo resucitar en la novela, en la ficción. Pensaba que podría después de todo este tiempo, que mis heridas ya estaban más que cicatrizadas y que mi fuerza era infinita… pero es curioso cómo lo que ya no existe puede dañarnos tanto todavía. Porque hay sucesos vividos que siempre formará parte de una misma, aunque pretendamos esconderlos.

Anoche terminé ese capítulo, fue cómo sentir que un jarrón se rompía o una puerta se cerraba. Anoche terminé ese capítulo y yo temblaba como una hoja resquebrajada colgada de un árbol descrito en el papel. Anoche terminé, al fin, por fin. Y me sentí tan vacía, y me sentí tan llena. Y me sentí tan sola embriagada por una felicidad que no sabía con quien compartir, embriagada por una tristeza tan profunda que no encontraba la manera de llorar.

Creo que después de este momento no volveré a echar la vista atrás, porque lo que hay hacia adelante es más verde, más libre, más brillante. Dejaré que esa puerta cerrada se quede así y se pierda en las tinieblas del glorioso paso del tiempo que, de alguna forma, siempre es benevolente.


Para saber más…
Podéis adquirir Marafariña Libro Primero en formato digital y físico aquí

11 comentarios en “Escribir tiene que doler

  1. Pingback: Escribir tiene que doler – Miriam Beizana Vigo – Blog Literario de Peter R. Vergara Ramírez

  2. Ismael Santiago

    Emocionantes palabras. Es difícil comprenderte, pero creo puedo intuir los sentimientos que recorren tu interior. ¡Ánimo Miriam! Que las letras te insuflen aire, que sigan siendo tu vía de escape, que se conviertan en el muro que te haga recordar que superaste esa etapa de tu vida, y que gracias a ello, puedes vivir sin ataduras ideológicas.

  3. Merche Sáenz

    Siempre adelante, ese es el camino. Con los poros bien abiertos para disfrutar del presente, inventar futuros y revivir pasados sin cicatrizar con la certeza de que cada herida es parte del aprendizaje. Se nota que tú sabes mucho de eso. Haz que se siga notando!!

  4. Takuskita

    Me alegra tanto saber que por fin después de un montón de tiempo luchando y batallando con ese capítulo que te tenía loca, al fin le has podido dar la estocada final ^^. Se me pone una sonrisa en la cara, porque sé perfectamente que cuando algo se te atasca en la escritura, también se te atasca en el corazón, y si hablamos de un texto más personal… ¡Es todo un logro, oye!

    Mucho ánimo, Miriam, pero sobre todo, un abrazo muy muy fuerte 🙂

  5. Shara

    Hola, Marafariña es una historia que penetró en lo más profundo de mi alma. Lloré mucho, tanto que me liberó. El final me dejó intrigada. ¿Si escribirás un segundo libro de Marafariña?

Gracias por comentar

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s